Ágatha Ruiz de la Prada se refiere a Cruz Sánchez de Lara como “esa tía”



Ágatha Ruiz de la Prada, en “El Hormiguero”. /Foto: diarioinformacion.com.

Enrique de Diego.

Personas que se dicen próximas a Cruz Sánchez de Lara, la actual esposa de Pedro J Ramírez, andan amenazando con querellas. No dejaría de ser un sarcasmo que el presunto paladín de la libertad de expresión Pedro J se viera en esos fangos. Lo cierto es que, por diferentes motivos, interesa mucho más el divorcio de Ágatha Ruiz de la Prada que el nuevo matrimonio Ramírez –tan casi secreto que casi fue vergonzante- que debe asumir que son personajes públicos. Han sido ellos los que en las redes sociales han aireado su vida privada como pública, con posados fotográficos de adolescentes.

De hecho, la prensa lacaya ha sido demasiado condescendiente con un abandono lleno de matices que rozan la vejación. En su fulgurante aparición en El Hormiguero de Pablo Motos, en una magnífica entrevista de la que en texto se ha dado una visión acomodaticia y edulcorada, la diseñadora ha mostrado su superioridad moral sobre la polémica abogada y ha situado a Pedro J Ramírez en el deslucido papel del calzonazos.

En un pasaje, Ágatha afirma que, tras llevarle el desayuno a la cama e informarle de sopetón que quiere separarse, Pedro Jhabía ido a ver a esa tía“, con referencia a Cruz Sánchez de Lara (diversas fuentes afirman que el de Lara se lo ha añadido). ¡Esa tía! No se ha visto en otra la abogada de la Federación de Mujeres Progresistas, tan de la línea de Zapatero y Bibiana Aído. Pedro J es descrito como una personaje sin atributos. “Porque yo estoy convencida de que ella le dijo: le tienes que decir a Ágatha que te tienes que separar“. Todavía después del desayuno, comen por última vez juntos, quienes han convivido treinta años y tienen dos hijos, “en la cocina“, y Ramírez confirma que ha hablado con “esa tía“, aunque no suelta prenda.

Algunos detalles de este divorcio que Ágatha Ruiz de la Prada, aristócrata por cuna, califica de “cinematrogáficos“, resultan chabacanos y casi sádicos. Hay dos muy llamativos. Uno es que el anuncio de la separación se produce tres meses y un día después de que Ramírez y Ágatha Ruiz de la Prada contrajeran matrimonio. Como dice Ágatha, “si no te casas, no te puedes separar. Si no te casas es totalmente imposible divorciarte”. Llena de buenas intenciones, la exitosa diseñora -Premio de Diseño 2017 y de viaje triunfante por Argentina, donde se ha declarado fan de Macri– considera que eso lo hizo Ramírezinconscientemente“. Sería tremendo que hubiera sido consciente. Pero lo cierto es que hay muchas sospechas de que quien mientras Ramírez contraía nupcias con Ágatha mantenía una relación ya avanzada con “esa tía“. Algunas fuentes sitúan el flagrante adulterio desde siete meses antes. Entonces, ¿a qué viene que Ramírez se casara, cuando estaba llevando una doble vida, con quien dio la cara por él en el desmerecido y cutre episodio de Exuperancia Ripú con la “lluvia de oro“?

Todavía más espeluznante es que el día anterior al desayuno con diamantes y agua fría, los Ramírez se prestaran a hacer un reportaje para la revista Vogue “como familia feliz”, tal y como describe Ágatha. Reportaje con “los dos niños, con los perros, que fueron a la peluquería“. En ese reportaje, vísperas del abandono, aparecieron “abrazados“. Para mayor sarcasmo, la redactora de Vogue llamó a Ágatha para sugerir un posado fotográfico “en la cama“, a lo que Ágatha se negó.

La foto con la que oficializaron su relación. /Foto: twitter.com.

¿Cómo pudo permitir Ramírez perpetrar ese esperpento de escena, ese ridículo completo? ¿No tuvo arrestos, ni hombría, ni virilidad para decir ‘Agatha, no podemos hacer ese reportaje porque sería una mentira, me voy a separar’? Da la impresión de que ese reportaje fue el detonante para que “esa tía”, como la llama Ágatha, le exigiera a Ramírez que diera de una vez la cara. La escena es cinematográfica, pero del nivel del ‘landismo‘.

Ramírez ya no interesa por su profesión, donde cada vez ocupa un papel más secundario, ni por sus exclusivas, que no existen, ni por sus guiños estadísticos al separatismo ¡en un digital que se llama El Español y no hace honor!, ni por su tercer matrimonio con “esa tía“, sino por su desagradable divorcio en el que queda, la verdad, a la altura del betún.

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