Ernesto Che Guevara, un pistolero sádico convertido en icono revolucionario



Ernesto Che Guevara. /Foto: mundo.sputniks.com

Enrique de Diego.

La aviación de Fulgencio Batista había atacado con inusual eficacia en pico Caracas a los guerrilleros de Sierra Maestra, quienes después fueron emboscados en los Altos de Espinosa. Una jornada desastrosa. Se señaló a Eutimio Guerra como el chivato que había pasado información al Ejército y Fidel Castro ordenó su muerte. Fuera por la falta de evidencias o por los sudores comunes, nadie se movió ni rompió el espeso silencio. Ernesto Che Guevara se adelantó y le descerrajó un tiro en la cabeza. Ernesto Guevara fue un pistolero sádico, un criminal ideológico que encontraba una fría satisfacción en reprimir y, sobre todo, en fusilar.

Una familia adinerada

Ernesto Che Guevara había nacido en Rosario, Argentina, el 14 de junio de 1928, dentro de una familia adinerada, de la clase alta argentina. Un tatarabuelo había sido considerado el hombre más rico de Sudámerica. Hijo de Ernesto Guevara Lynch y Celia de la Serna. Su padre no gestionó bien sus negocios, pero era un terrateniente de plantaciones de yerba mate, cuyos trabajadores lo hacían en condiciones de esclavitud. También era el dueño de Astillero Río de Plata. Y se adentró en el negocio inmobiliario. Siempre vivieron en urbanizaciones de clase alta y privilegiada. De su madre se dice que era progresista, pero nada induce a sostener ese calificativo, salvo que se casó embarazada de tres meses o que siguió conviviendo bajo el mismo techo con su esposo cuando decidieron separarse, cuestiones que no parecen ser muy progresistas.

Asma, lecturas de Sartre, simpatía por el peronismo y odio a Estados Unidos

Lo más destacado de la infancia de Ernesto fue su enfermedad de asma, con ataques que le postraban en cama durante días y que favorecieron un fuerte sentido de la disciplina. Durante mucho tiempo, no tuvo inquietudes políticas, salvo un trasfondo peronista ya en la juventud que le llevaría a utilizar su jerga de descamisados en la guerrilla y un fuerte sentido antinorteamericano. Inicia estudios de Medicina, que luego terminará, pero entre medias se convierte en una especie de nómada que recorre Sudámerica en auto stop, en moto. Durante esa etapa se considera un existencialista. Es un discípulo de Jean Paul Sartre del que se impregna del gusto por la violencia, por la acción directa y la fuerza de la voluntad de poder, de Nietzsche.

El Che con Fidel Castro.

Aunque termina Medicina, nunca pensará en ejercerla. Quiere ser un revolucionario profesional, un pistolero ideológico. En 1956, en México, ya se considera comunista y de un tipo sectario, estalinista. Hablará “del viejo y llorado camarada Stalin“. Es en México donde entra en contacto con Fidel Castro y el Movimiento 26 de julio, que planea la vuelta a Cuba para lanzarse a la lucha armada. Fidel es también un hijo de papá. Su padre, un emigrante gallego de raíz carlista, prosperó y terminó con un hacienda de 10.000 acres y una fuerza de trabajo de quinientas personas. Castro es un pistolero profesional, sin otro proyecto profesional que la política y la conquista violenta del poder. A la Universidad de La Habana asiste a clase con una pistola. Cuando Ernesto lo conoce ya es un agitador y un terrorista famoso que ha intentado asaltar el Cuartel de Moncada, ha intentado matar al ministro de Deportes y ha participado activamente en los sangrientos disturbios de la Conferencia Panamericana, celebrada en Bogotá, donde murieron 3.000 personas.

Sierra Maestra como ejercicio de propaganda

Fidel Castro no es aún un comunista o no se presenta como tal. El comunismo será para él la coartada para acceder al poder total. Guevara es, sin embargo, un convencido. Tras recibir preparación militar, parten 82 en el yate Granma. El desembarco será un desastre; emboscados, con numerosas bajas y pérdida de material. Los supervivientes marchan a Sierra Maestra. Sus seguidores no pasarán de 300. Y nunca serán decisivos. En la llamada “batalla de Santa Clara“, Fidel perderá cuatro hombres y sólo cuarenta en la derrota en la ofensiva estival de 1958 del ejército de Batista, exsargento taquígrafo y dictador. La “guerra de guerrillas” fue fundamentalmente propaganda. Como explicó el propio Che Guevara: “La presencia de un periodista extranjero, de preferencia norteamericano, para nosotros era más importante que una victoria militar”.

La foto de Alberto Korda.

Es una extraña paradoja que el paradigma del antiamericanismo llegara al poder aupado por los Estados Unidos. Fidel Castro no conquistó el poder, le fue entregado por el New York Times y el Departamento de Estado. La aventura de Sierra Maestra nunca fue decisiva. Lo fueron mucho más las luchas callejeras y el terrorismo en las ciudades. Pero en febrero de 1957, el periodista Hebert Mathews publicó en el New York Times un reportaje-entrevista en el que presentaba a Castro con un halo romántico como un Lawrence de Arabia caribeño. El Departamento de Estado decidió desembarazarse de Batista y apoyar a Castro. Una decisión importante fue prohibir enviar armas al ejército del dictador. Fue un mensaje demoledor de abandono. Batista emigró.

Al cargo de la represión y una ventana para ver mejor los fusilamientos

Tras la ejecución sumaria de Eutimio Guerra, Ernesto Che Guevara fue encargado de las labores de represión; del asesinato de guajiros que no estuvieron comprometidos, de sospechosos de colaboración con el Ejército. Guevara no es que considerara el asesinato una de las bellas artes sino que se consideraba legitimado para practicarlo en nombre de su ideología. Fue un asesino comunista; el comunismo sacó de su interior el asesino en serie. El Che ejemplifica los dos éxitos del comunismo y su fracaso global. El primer éxito es su capacidad irrestricta para el crimen y el segundo, la excelencia de su propaganda. Ernesto Che Guevara es la fotografía de Alberto Korda. Pero nunca hubo en él ni una pizca de romanticismo ni menos de misericordia; era un criminal frío y sádico. Mientras Fidel Castro amaba el poder, pasando para conseguirlo por el crimen; Ernesto amaba el crimen ideológico en sí; el asesinato sectario.

Su primer destino, una vez tomado el poder en enero de 1959, fue el de jefe de la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña, donde se desarrolló todo el muy amplio proceso de depuración y de ejecuciones sumarias. Ernesto Che Guevara se encargó de ese trabajo que para él era fundamental. Miles fueron fusilados mediante una justicia revolucionaria rápida. Lo que sitúa al Che no sólo como un criminal sino como sádico, es que mandara abrir una venta en su habitación para ser espectador privilegiado de los fusilamientos. En un discurso ante las Naciones Unidas, el 11 de diciembre de 1964, dijo: “Nosotros tenemos que decir aquí lo que es una verdad conocida, que la hemos expresado siempre ante el mundo: fusilamientos, sí, hemos fusilado; fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario. Nuestra lucha es una lucha a muerte. Nosotros sabemos cuál sería el resultado de una batalla perdida y también tienen que saber los gusanos cuál es el resultado de la batalla perdida hoy en Cuba”. Sus adversarios o enemigos ni tan siquiera eran hombres, sino gusanos.

Fue también quien puso en marcha el terrorífico GULAG caribeño que con tanta crudeza ha descrito una de sus víctimas, Armando Valladares. El Che abre en Guanahacabibles el primer campo de trabajo.

Fidel Castro es ideológicamente un oportunista; Ernesto Guevara un estalinista. Ninguno de los dos un ortodoxo; el materialismo dialéctico se pretendía como doctrina científica capaz de descubrir leyes inexorables de la historia que llevarían al triunfo del proletariado. Pero ni Castro ni Guevara se dirigieron nunca a un supuesto e inexistente proletariado cubano, ni tampoco propiciaron una rebelión campesina; eran una vanguardia guerrillera.

Guevara siempre fue, al tiempo, un estalinista. Desde el puesto de Ministro de Industria y al frente de la Reforma Agraria, Guevara estatalizó toda la actividad económica, la industria y el campo. Incluso copiando las líneas económicas de Stalin intentó desarrollar una potente industria siderúrgica.  Si alguna vez tuvo alguna preocupación por los descamisados, por los pobres, lo único que hizo fue multiplicarlos y sumir a Cuba en la esclavitud y la miseria.

Un éxito de la propaganda, pero un completo fracaso en el terreno de lo real, también como guerrillero. Ernesto Che Guevara echaba de menos la violencia, la guerra y los fusilamientos, cuando se embarcó en una operación personal en el Congo, tras la muerte de Patricio Lumbumba, y con el apoyo de la Tanzania de Nyerere. No fue enviado por Fidel Castro para desembarazarse de él, sino que adoptó una comprometida opción personal. Tanzania no apoyó y el Che quedó en la simple posición de mercenario blanco en medio de una lucha por el poder trufada de intereses y lazos tribales y hubo de salir huyendo de manera vergonzante.

El cadáver exhibido en Bolivia.

También fue un completo fracaso su operación en Bolivia. “Crear dos, tres, muchos Vietnam es la consigna“, dijo. Regis Debray, un francés que le siguió en la aventura, trató de teorizar el esquema denominándolo el “foquismo“, crear focos. Poco tenía que ver esto con el marxismo, sino con el estricto terrorismo. Guevara nunca dejó de ser un alumno de Sartre. Bolivia sí fue decidida como destino con Fidel. Desde el principio, todo fue mal y duró poco. Los campesinos adoptaron una posición hostil ante una especie de invasores llegados a complicarles la vida. El ejército boliviano contó con mucha información y las emboscadas se sucedieron. En una de esas emboscadas, Ernesto Che Guevara fue herido en la pierna y hecho prisionero. El 9 de octubre de 1967 -se cumplen 50 años- fue ajusticiado. A quien lo iba a disparar le dijo “vas a matar a un hombre”. Una de las interpretaciones lógicas fue que quiso minimizar la importancia moral del hecho, que el Che había practicado muchas veces. El oficial boliviano mató al hombre, pero no al mito.

Un éxito de la propaganda comunista que llega hasta nuestros días y que ofrece situaciones tan rocambolescas como homosexuales luciendo la camiseta con la foto serigrafiada de Korda, cuando Guevara los hubiera ejecutado sin piedad o internado en el GULAG caribeño.

Es difícil encontrar en la historia un personaje menos atractivo, más despiadado y más deleznable que Ernesto Che Guevara. Un pistolero sádico que adoraba a Stalin y los fusilamientos.


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