Intenté volver varias veces al pueblo, pero cada vez que lo planteaba Finita me lo desaconsejaba diciéndome que tendría problemas con los tipos a los que les debía dinero por mi vida en las drogas, decía que me partirían la cara y que solo me esperaba la soledad, que nadie quería saber nada de mi. No sólo eso, para hacerme daño me echaba en cara la muerte de mi tío, me decía que mi tío estaba muerto por mi culpa e incluso me llegó a decir que en realidad mi tío se había suicidado por culpa mía, cargando de temor y dolor mi mente ya enferma y mi corazón destrozado por la situación.
Al final, consiguió lo que quería. El concejal del PP, Pascual David, abogado de la familia de la alcaldesa me presionó y me convenció de que lo mejor que podía hacer era renunciar por 4.000 euros al usufructo de por vida de la casa de mi tía que me había dejado en su testamento. Y yo firmé por 4.000 euros esa renuncia, que, por cierto, ahora lo sé, la Alcaldesa y su hermano semanas antes de yo firmara la renuncia, ya se habían adjudicado mi casa y el chalé. Ahora sé también que el valor de ese usufructo era muy superior a los 4.000 euros que me ofreció el abogado de la familia de la Alcaldesa. La tasación del usufructo se acercaba a los 120.000 euros. Yo no estaba en plenitud de mis facultades mentales, se aprovecharon de ello y me estafaron miserablemente. No sé si el hecho de que el único abogado entre los concejales del PP trabajase para la familia de la alcaldesa tendrá algo que ver con la pasividad del PP ante muchos abusos contra los empleados municipales que se suponían afines a Antonia Cervera y ante actuaciones ilegales que durante esa legislatura he sabido que cometió la alcaldesa.
Cobré parte de ese dinero y me marché a Logroño, al centro Reto, donde estuve unos meses, y donde no se me daba correctamente la medicación recetada por el psiquiatra. Al final un día, harto, me marché e ingresé en el albergue de Logroño, donde me dieron unas semanas de alojamiento y comida. A todo esto, me quedaba por cobrar un poco de dinero de esos 4.000 euros y llamé a Finita recordándoselo y montó en cólera. Hasta recibí una llamada de su hija, la alcaldesa, insultándome gravemente a lo que yo le dije “me estás llamando lo que no soy, pues no tienes pruebas de ello” y colgó. Cinco minutos más tarde, volvió a llamarme desviando la atención hacia otros asuntos, fingiendo preocuparse por mi. En fin, que se dio cuenta del patinazo que tuvo y quiso enmendarlo para que no la denunciara, algo que ellos sí hacen usando la mentira contra quienes somos una piedra en su camino, haciendo acusaciones falsas, destrozando vidas y reputaciones, aunque eso les da igual. Maldita codicia, y que malísima fe, pues lo hicieron conmigo denunciándome por amenazas de muerte y de hacerles la vida imposible, solicitando incluso una orden de alejamiento y juro por lo más sagrado que yo jamás les hice tales amenazas, jamás. Sin embargo, como no me localizaron fui juzgado y condenado por esas inexistentes amenazas al pago de una multa.
Finita, su hija la Alcaldesa y su familia han esparcido la idea de que, gracias a ellos, a sus cuidados y desvelos, mi tía estuvo bien atendida. Quieren presentarse como buenas personas, generosas y entregadas. Pero, nada de eso, no son “buenos samaritanos”. No han hecho nada gratis. Lo han cobrado y bien caro. A cambio de cuidar a mi tía, toda la familia ha vivido a su costa durante meses y meses, la alcaldesa y su hermano se han embolsado dos viviendas y decenas de miles de euros y lo han hecho aprovechándose de su relación con el Ayuntamiento, de la debilidad de una anciana indefensa y del silencio de tantos y tantos vecinos que solo en secreto se atreven a criticar este indecente expolio. (SIGUE)