Enrique de Diego.
Según los científicos independientes -la independencia como condición sine qua non para buscar la verdad, para salir de la red urdida de mentiras que atenazan al mundo-, entre el 20 y el 30% de los timo vacunados morirán este otoño, víctimas de las variantes con su sistema inmunológico debilitado cuando no destrozado. Esas variantes que según el maldito Luc Montagnier, porque dice verdades como puños, está generadas por las vacunas, por el infame negocio de las vacunas, todo es codicia.
En este terrible reality show que han montado los globalistas, los de la marca de la bestia, los de la agenda 2030, los que se creen los amos del mundo, de confinamientos, mascarillas, distanciamiento social, genocidio protocolario de los ancianos, el colofón final al que, al parecer, había que llegar era a la vacunación masiva, ahí estaba la reducción de población que buscan con ansiedad Bill Gates. Y la gente -con una pandemia de coña que se ha llevado por delante al 0,3%, y menos que habría sido si no se hubiera contabilizado a todos los muertos en el saco del coronavirus, si los médicos hubieran sido tales, y no asesinos con bata blanca y mascarilla, aplicando respiradores y sedaciones, en el culmen de la macabra de la muerte- ha acudido a que le pincharan en un experimento global de ingeniería social, en buena medida con la ignorancia más atroz -ignorancia invencible, se dice en moral- para empezar a vivir y trabajar, para salir adelante; otros con miedo a un Leviatán difuso, al director de recursos humanos, al Estado del cual dependen; a no poder viajar, no poder comprar o vender, como dice el Apocalipsis de los tiempos de la bestia, ahora desatada; otros con el espíritu anémico de tanta televisión y tanto famoseo; otros por el sentido de pertenencia al grupo, por no sobresalir, porque va Vicente donde va la gente, en rebaño, porque ahora toca timo vacunarse.
Dice Salustio que el hombre no ama la libertad, sólo quiere un amo benévolo. Pero ahora han tomado el mando los psicópatas con dinero, los clubes del mal, los políticos amamantados a sus ubres que les rinden pleitesía, los que nos dicen a la cara «no tendrás nada y serás feliz», como dice la agenda 2030, no tendrás nada y serás esclavo, porque la propiedad es la aureola de la libertad, no tendrás nada y serás eliminado sin piedad, porque haces daño al planeta, porque se han inventado un calentamiento global.
Decía San Josemaría Escrivá de Balaguer, el 14 de febrero de 1974, con palabras que han resonado en mis oídos en todo momento, que me han marcado: «Se escucha como un colosal non serviam! (Ierem. 11, 20) en la vida personal, en la vida familiar, en los ambientes de trabajo y en la vida pública. Las tres concupiscencias (cfr. 1 Ioann. 11, 16) son como tres fuerzas gigantescas que han desencadenado un vértigo imponente de lujuria, de engreimiento orgulloso de la criatura en sus propias fuerzas y de afán de riquezas. Toda una civilización se tambalea, impotente y sin recursos morales». Y añadía: «no cargo las tintas, hijos míos, ni tengo gusto en dibujar malaventuras: basta abrir los ojos y, eso sí, no acostumbrarse al error y al pecado».
En este momento en que parece la cordura perdida, en que una sociedad enloquecida y frivolizada marcha hacia el abismo, ¿qué hemos de hacer los despiertos, los resistentes, los tenaces, los fuertes? Primero adoptar una posición militante, tratar de salvar al mayor número de gente del pinchazo letal, que extenderá las pandemias y alimentara el negocio de las codiciosas farmacéuticas in aetermnum; hablar claro, con ocasión o sin ella; ampliar la base; para que cuando sobrevenga el desastre, que sobrevendrá, la gente sepa lo que ha sucedido y es cuál el enemigo real. Habrá que fortalecerse, secarse las lágrimas en le corazón, por las personas queridas, por los familiares, por los amigos, que han sido cogidos en esta red estúpida y criminal.
El sistema va a pretender timo vacunar a los niños, los adolescentes y los jóvenes que no son para nada grupo de riesgo, que pueden ser esterilizados y van a ver mermada su esperanza de vida. Hay que hablar con los padres, que no lo permitan, que no dejen cometer esa canallada en lo que más quieren. Dar esa batalla judicialmente, darla en todos los frentes.
Todo totalitarismo, y éste es el peor, es 1984, donde la verdad es ocultada por verificadores que la tildan de bulo, no reconoce errores y precisa encontrar un enemigo, los que no nos plegamos a sus dictados estúpidos y psicópatas. Van a plantear que los responsables somos los no vacunados, que la vacunación ha de ser universal y obligatoria, ya lo ha pretendido Alberto Núñez Feijoó con su ley Auschwitz, ya lo dicen, curándose en salud, los que ven que los vacunados no están inmunizados, no lo están por las variantes.
Nuestro enemigo es poderoso, tiene el poder económico y el político, es la ONU, la OMS, Bill Gates, George Soros, los Rockefeller, los Rotschild, el Foro de Davos, el Club de Bildeberg, todos los que llevan el pin de la agenda 2030. todos los partidos políticos, el PSOE, el PP, Podemos, Más Madrid. Vox, que no ha roto el consenso suicida de las timo vacunas, todos los medios de comunicación, con honrosas y escasas excepciones, el monarca…Nosotros tenemos nuestra resolución y nuestra fortaleza, nuestras ganas infinitas de sobrevivir, pocos medios, somos perseguidos en las redes sociales, pero el hermano ayudado por el hermano es como una ciudad amurallada, y en este lucha entre el bien y el mal, sin ambages, estamos de la parte del bien, de Dios, Todopoderoso, y de su Santa Madre y de San Miguel, príncipe de la Milicia Celestial.
Bien mirado, sacando bien del mal, en esta hora tremenda hay una gran oportunidad si la sabemos aprovechar: toda la mentira acumulada del sistema puede ser arrastrada por la torrentera como la escoria que es, como la ponzoña. Todo, la voracidad fiscal expoliadora, los indultos destructivos de España, ha de ser utilizado a nuestro favor, porque éste es un sistema en quiebra, para cuando sobrevenga el desastre ellos sean el enemigo a batir y el pueblo despierte en su justa indignación y les pida cuenta por tanta mentira hasta haber jugado con su salud y su vida, de sus hijos y sus nietos y sus abuelos.
Al fin y al cabo, como decía Abraham Lincoln, «se puede engañar a todo el pueblo durante un cierto tiempo, y a parte del pueblo todo el tiempo, pero no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo».