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Podemos, caduco, se pierde en debates tácticos

Redacción




Pablo Iglesias. /Foto: astromundial.wordpress.com.
Pablo Iglesias. /Foto: astromundial.wordpress.com.

Enrique de Diego

Podemos se ha instalado en un debate circular sobre táctica y en una dialéctica narcisista sobre las personalidades de Pablo Iglesias e Iñigo Errejón, que, con frecuencia, sugiere farsa para seguir ocupando minutos de televisión.

Según Pablo Iglesias, su discurso es “más radical” y el de Iñigo Errejón, “más tibio”. Incluso nos ha explicado que cuando eran más jóvenes no era así, sino que el radical era Iñigo Errejón, pero luego lo resolvían tomándose unas cañas. A veces, el discurso de Podemos no se eleva por encima del nivel de una teleserie y tiene fuertes pulsiones preadolescentes.

Esta especie de falso conflicto parece una mala copia del tándem Felipe González-Alfonso Guerra con la chaqueta de pana. La cuestión es si Podemos va a recurrir a la movilización popular en la calle o se va a centrar en el trabajo parlamentario, toda vez que el PSOE parece dispuesto a echarse a un lado en cuanto oposición. Errejón quiere moderar el mensaje para articular “una mayoría social”, porque «no existe la menor contradicción entre transversalidad y radicalidad”.

El debate en Podemos con frecuencia oscila entre la asamblea universitaria y el patio de colegio, con ínfulas. Todos sabemos lo que significa cavar trincheras. Se trata de coger pico y pala. Pero lo de “cavar trincheras en la sociedad civil”, de Pablo Iglesias, es confuso y evanescente.

Lo del “partido sexy” también es desconcertante, salvo que se mire por el lado del culebrón venezolano de ex novias y ex novios que se vive en Podemos, y que con su habitual maestría ha descrito en RL, Yrene Calais. Hace falta una mentalidad muy calenturienta para considerar sexy a un partido. Si Podemos gobernara sería “menos sexy”, dijo Iñigo Errejón.

Pablo Iglesias, que no esconde su admiración por alguno de los asesinos más sádicos que ha dado la especie humana, como Ernesto Guevara, con frecuencia recurre a un lenguaje bélico, no demasiado apropiado para una formación política que se las da de pacifista. El 5 de julio, Pablo Iglesias se confió a sus colaboradores: “Me acojona pasar de partisanos a ejército regular. No nos tiene por qué ir bien” y habló de que estaban pasando “de la guerra relámpago a la guerra de posiciones”. A la postre, es muy difícil imaginar a Pablo Iglesias cavando, ni trincheras, ni nada; ni tampoco como clon de Guderian o de Patton.

Los poderosos temen a Podemos pero también se ha convertido en su seguro

A Podemos se le ha investido, por supuesta incomparecencia, de cierto liderazgo de la oposición y la previsible deriva del sistema hace improbable que no sea precisa la movilización. Pero también en torno a Podemos se ha generado un cordón sanitario de hecho con PP, Ciudadanos y el PSOE, a la espera de que Pedro Sánchez pudiera resucitar en unas primarias. Es cierto que los poderosos temen a Podemos, pero también que Podemos se ha convertido en su seguro, toda vez que Pablo Iglesias perdió, por patente narcisismo, la posibilidad de desalojar a Rajoy invistiendo a Pedro Sánchez.

Un lector, “Carlos”, ha hecho el siguiente comentario: “No entiendo bien la postura de este digital respecto a Podemos. El otro día publicaron un artículo diciendo que el 15-M y Podemos eran disidencias prefabricadas por Soros. Por no hablar de que son marxistas y anti-españoles. En cambio, a veces da la sensación de que desde este diario se les apoya, de forma ambigua, pero se hace”.

Con Podemos coincidimos en muchos de los diagnósticos, o más bien Podemos coincide con nosotros, pues lo hice mucho antes, lo publiqué y acuñé términos como casta, que han hecho fortuna. Coincidimos en que este es un sistema injusto, corrupto y acabado, que precisa un cambio a fondo, si bien no podemos por menos que lamentar que el resto de dignidad nacional se haya orientado hacia una formación que propugna dosis mayor del mal y cada una de cuyas soluciones empeoraría cada uno de los problemas.

Marxistas excéntricos

En cuanto a marxistas, son de un tipo excéntrico y acomodado. Lo del “partido sexy” no puede ser considerado ideológicamente más que una supina estulticia, sin llegar a poder ser tenido como freudomarxismo.

El grave problema de Podemos es que carece de una idea nacional y, por tanto, de una empresa común. Y eso le convierte en un proyecto caduco. En Rambla Libre tendemos, como función de contrapoder del periodismo, a criticar más al Gobierno que a la oposición, sin tener problemas en elogiar a uno y a otra cuando lo hacen bien, que es casi nunca.

En una reciente entrevista televisiva, Pablo Iglesias ha dicho que es bueno estar vigilantes para no convertirse en casta. Puede bajar la guardia. Pablo Iglesias es, desde hace años, al igual que Iñigo Errejón, casta, purita casta, y de una de las peores, la universitaria.

Seremos más críticos, de ahora en adelante, con ese gran despiste nacional que es Podemos.

Podemos: un culebrón venezolano de exnovias, exnovios y examigos