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Carta del Editor: Homenaje en Burgos

Redacción




Enrique de Diego.

Uno de mis tuiteros preferidos @POLITICOliseum me ha dado la gran alegría y la enorme satisfacción de hacerse eco fotográfico de como han quedado pintadas las ventanas y la puerta de la sede del PSOE en Burgos. Lo considera, con justicia, un homenaje personal a mí. Sería, ya que estamos en Burgos, una victoria, como El Cid, después de muerto civilmente, pues mi tiempo ha pasado.
Se lee «Basura» y luego «Casta política parasitaria», luego «Cerdos»  e «Hijos de puta». En lo de «Casta política parasitaria» me siento plenamente aludido, lo de «cerdos» e «hijos de puta» va de suyo, por cuanto esa casta política parasitaria proletariza a las clases medias y, en su expolio, las lleva a la miseria.

En efecto, «Casta parasitaria» es el título certero de un libro del que soy autor, publicado en 2008, y cuyo subtítulo es «La transición como desastres nacional». Esta es la sinopsis que se encuentra en la solapa del libro: «La clase política ha evolucionado a casta parasitaria, a aristocracia burocratizada hereditaria. Patente en los casos de Leire Pajín y Bibiana Aido, los puestos se transmiten a una nueva generación cuya única experiencia es la de la vida interna de los partidos. Esta degeneración democrática tiene su origen en la idealizada transición».

La tesis del libro, como se lee en la sinopsis, es que los puestos políticos ya se heredan de padres a hijos y de abuelos a nietos, con lo que la otrora clase política ha devenido en casta, y además es parasitaria, pues es evidente que no produce sino que esquilma a las clases medias.

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La paternidad del concepto es mía y describe además como se ha ido formando desde la transición idealizada interesadamente por la monarquía inútil y por la aristocracia a que ha dado lugar: los políticos.

Pablo Iglesias la adoptó, con desvergüenza pícara, como propia -por la pésima costumbre patria de no citar para no reconocer la autoría- con el claro propósito de hacerse un sitio en la casta; esto es, ser casta de la peor especie y que todo se quede en casa, y colocó su mujer, Irene Montero, de ministra de Igualdad.

El término ha renacido por un anónimo grafitero en la sede socialista de Burgos, porque responde a una verdad terrible sociológica, pero no sólo el PSOE es casta parasitaria, sino todos los partidos, como Unidas Mamemos, como dice muy chistosa y acertadamente Colin Rivas, hasta los separatistas, siendo Carlos Puigdemont un colocado y subvencionado editor, hasta el PP inmundo y Vox, que en principio asumió los dos principios básicos para echar abajo el sistema que yo inspiré en el partido Regeneración, surgido de la Plataforma de las Clases Medias, a saber: fin del Estado autonómico por lo que no nos presentaríamos a ninguna elección autonómica, fin de la subvenciones públicas a los partidos, sindicatos y fundaciones, por lo que no admitiríamos ninguna subvención.

Pero a Vox le duraron los principios lo que un merengue a la puerta de un colegio: lo que tardaron en ocupar las poltronas regionales, con sus correspondientes sueldos, y lo que tardaron en llegar los millones de euros, momento en el cual Vox empezó a desarrollar una trama de sindicato y fundación y degeneró en un chiringuito, en parte de la casta corrupta.

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Pero la realidad es que, como dije en 2008, los políticos han degenerado en una casta parasitaria que hay que quitarse de encima, si queremos sobrevivir.