Enrique de Diego.
No hay que perder la perspectiva: las elecciones en Madrid está detonadas por la moción de censura en Murcia, en donde confluyen la infinita torpeza de Inés Arrimadas, la pulsión de traición de ese partido escoria de Ciudadanos, y la ambición de poder de Pedro Sánchez. La fallida moción se gestó en las cloacas de Moncloa. Ya tiene un perdedor: Ignacio PaniAguado, arrumbado de la candidatura, Y más aún: Ciudadanos, que se encamina a la desaparición, hacia el amargo final, hacia la bancarrota, presto a fragmentarse en la Comunidad Valenciana.
Las elecciones han sido un regalo de la Providencia para castigar al Gobierno de la mentira, miente en todo, en lo pequeño y en lo grande, en el comité de expertos, como caso extremo, al ejecutivo social-comunista en su deriva liberticida y totalitaria, arruinando y destruyendo a la sociedad española, que desde el primer momento se ha obsesionado con Madrid y ha mostrado su inquina a los madrileños, por osar votar mayoritariamente a la derecha, por tener una política económica exitosa basada en impuestos bajos, que el PSOE quiere subir, patrimonio y sucesiones, para que no se note un fracaso con sus delirantes políticas.
Ha sido esa paranoia socialista de confinamientos y bares y restaurantes cerrados, a la que Isabel Díaz Ayuso se ha negado, dando Madrid datos alentadores de la recuperación posible, lo que ha polarizado estas elecciones como unas primarias, las que ha dado alas a la ayusomanía; ha sido la fatua prepotencia de Pedro Sánchez la que ha convertido a su lado en una estadista a Ayuso.
Nos jugamos todos, no sólo los madrileños, pero esperamos que Madrid esté a la altura, acabar, dar un golpe de muerte a esos dogmas asfixiantes e intragables de la corrección política, a la chabacanería podemita, a la destrucción de España, a la inmigración invasiva patente en Canarias, a la chaladura ensoberbecida de Pedro Sánchez poniendo de número dos a Hana Jalloul, a la España de la escoria, de ocupas y manteros. Decir un ya está bien a tanta mugre, a tanta miseria, a la que nos están llevando, a Pablo Iglesias y su doble moral, su vida urdida de mentiras, y a Pedro Sánchez con su chulería insustancial.
Las elecciones de Madrid se deciden cosas meta políticas, por eso apasionan tanto, por eso no se ve llegado el 4 de mayo para dar ese gran voto de castigo al Gobierno de la mentira. Su derrota sin paliativos en Madrid deslegitimara al Gobierno de coalición social-comunista. El comunismo tiene que hundirse en fango para no levantarse más. Este socialismo irreconocible, genuflexo ante las élites globalistas tiene que tener un castigo que no olvidará jamás.