El hundimiento del submarino ARA San Juan y la decapitación del poder militar argentino



El submarino ARA San Juan. /Foto: elpais.com.

Diego Pappalardo. Director de Consultora Universum.

Desde el alto el fuego sucedido en Puerto Argentino, Islas Malvinas, el 14 de junio de 1982, la República Argentina vio demoler vertiginosa y sustancialmente su capacidad de Geoestrategia de Defensa Nacional.

En la guerra por la Reconquista de Malvinas, Argentina se enfrentó en términos militares, nada más ni nada menos, que a los poderes atlantistas, los cuales revitalizaron su dominancia  con la finalización de la II Guerra Mundial. Gran Bretaña y los Estados Unidos convergieron una vez más en la Historia para lograr la rendición de la dirigencia militar en Malvinas y el inicio del proceso de desmalvinización. En ambos puntos, el alto mando militar argentino contó con el apoyo de facciones de la dirigencia política civil, vinculadas a Gran Bretaña y EE.UU.

Las élites empresariales-políticos-culturales dominantes en Argentina, aceptaron redefinir su papel de inserción en el mundo postmalvinas, en condición de profunda subordinación a los poderes fácticos atlantistas, obteniendo con esa situación, beneficios propios y sectoriales en detrimento de la Nación Argentina.

La desmalvinización consistía, entre otros aspectos, en la decapitación de un proyecto de Estado-nación que mantuviese en la escala histórica de la Humanidad la idea factible de la Argentina Potencia. Es necesario resaltar que la posibilidad de una Argentina Potencia va directamente en contra del esquema hegemónico del Atlantismo y rompería determinados niveles de los poderes internacionales realmente existentes.

A partir de entonces, el conocimiento técnico-operativo y la tecnología militar argentina decrecieron significativamente hasta niveles ínfimos y, por lo tanto, de máxima gravedad para la salvaguarda de los intereses nacionales. En febrero de 1990, el presidente Carlos Menem, y el por entonces Ministro de Relaciones Exteriores, Domingo Cavallo, suscriben con el Poder Británico un documento con consecuencias perjudiciales para la Argentina.

Al respecto, el Dr. Julio C. González, ex Secretario Legal y Técnico de la Presidencia de la Nación Argentina, escribe:  “Como hemos de ver los artículos doce (12), dieciséis (16) y el encabezamiento del Anexo 1 crean obligaciones recíprocas que abarcan todo el territorio de la República Argentina y comprometen su soberanía en estos aspectos:

a) Inversiones Económicas Privadas (artículo 12).

b) Política Exterior de la República Argentina en América Latina y en la Comunidad Económica Europea la cual a partir de 1992 se integrará en un solo país denominado “Estados Unidos de Europa” (artículo 16).

c) Control sobre las FUERZAS ARMADAS ARGENTINAS (Anexo 1 párrafo primero).

En el artículo cuarto (4°), la delegación británica anuncia la decisión de su gobierno de ‘dejar sin efecto la Zona de Protección establecida alrededor de las islas Malvinas (Falkland Islands)’. Este artículo que fue publicitado como un logro del gobierno argentino, exhibe, en cambio, una supremacía total de Gran Bretaña sobre el territorio de nuestro país y una hegemonía no disimulada sobre la conducción política e institucional de la Argentina. En efecto desde el momento en que Inglaterra adquiere el derecho de Controlar todos los actos de las Fuerzas Armadas de la República Argentina (conforme lo establece el artículo 52 A — B y C del Tratado) es innecesario que se mantengan efectivos militares, navales y aéreos de Gran Bretaña para defender a las Islas Malvinas de un eventual ataque de las Fuerzas Armadas Argentinas.”1

Los términos y alcances de este Tratado fueron observados y cumplidos por todas las administraciones nacionales posteriores de la Argentina y contó con la aquiescencia de todos los grandes bloques  del Parlamento Argentino.

De modo que la anulación de una clase dirigente pensante y defensora de la Argentina, la desmilitarización efectiva, la desinversión estratégica y el relato cultural de una autoinculpación por crímenes injustos que nunca cometimos nos siguen golpeando en el 2017 y el reciente hundimiento del buque argentino ARA San Juan (S-42)  no escapa a dicha triple causalidad.

A fines de la década de 1960, la Armada argentina, a diferencia de sus homónimas  de Brasil y Chile, que se inclinaron por submarinos de fabricación británica, se interesó por los submarinos alemanes. Contrató a la fusión corporativa germana Howaldtswerke-Deutsche Werft AG para la fabricación de dos submarinos del nuevo Type 209, con la condición de que estas piezas debían ser ensambladas totalmente en territorio argentino. En efecto, en los Astilleros Tandanor, y bajo guía alemana, se produjo el ensamblaje de los submarinos y entraron en funcionamiento en el año 1974, durante el gobierno justicialista. Esos dos buques recibieron el nombre de ARA Salta (S-31) y el ARA San Luis (S-32). Posteriormente, la Armada argentina, con la aprobación de los gobiernos de Perón (1974) y del mando militar (1978), encomendó a la empresa germana, Thyssen Nordseewerke de Emden, la fabricación de seis submarinos TR-1700, cuatro de los cuales debían ser producidos totalmente en Argentina. Para tal fin, incluso se construyó en Buenos Aires el Astillero Ministro Domecq García. La fábrica contratada elaboró la clase TR-1700, de la cual se diseñaron originalmente seis barcos, quedando al final el ARA Santa Cruz (S-41) y su similar barco  ARA San Juan (S-42). El ARA San Juan fue completado el 28 de junio de 1983 y entró en funcionamiento, bajo pabellón nacional argentino, el 18 de noviembre de 1985.

El ARA San Juan, de propulsión diesel-eléctrica convencional, fue sometido a reparación de media vida entre 2008 y 2011.

En noviembre de 2017, el ARA San Juan fue desaparecido y hundido en el Atlántico Sur. En esa zona del Atlántico, en Islas Malvinas, Gran Bretaña posee su base militar cada vez más sofisticada y se realiza una monumental pesca ilegal.

En el complejo militar de Mont Pleasant, ubicado a 700 kilómetros de las costas de Santa Cruz, Argentina, Gran Bretaña cuenta con más de 1.500 efectivos militares, 500 civiles y una base de inteligencia que permite monitorear el tráfico aéreo y naval de la región. La fortaleza militar británica que consume un presupuesto anual superior a los 145 millones de dólares, fue el lugar escogido por el próximo rey, el príncipe Guillermo, para realizar su entrenamiento militar. En foros de activismo ciudadano, de análisis geopolítico y en organismos internacionales, se vino denunciando la presencia en la zona de submarinos ingleses con capacidad de carga de armamento nuclear.

Bajo el pretexto engañoso de un inexistente programa argentino de reequipamiento militar por la compra a Francia de cinco aviones de combate Super Étendard, el Reino Unido anunció que implanta en Las Malvinas un sistema de escudo antimisiles que se basa en tecnología israelí.

Las aguas argentinas tienen una importancia relevante desde lo geopolítico y geoeconómico y, por ello, en marzo de 2016, un barco guardacostas argentino hundió a otro barco pesquero de bandera china en zona económica exclusiva de Argentina. En ese incidente, el barco infractor demostró estar coordinado con otras embarcaciones de bandera china.

En 2010, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura –FAO- realizó un minucioso estudio en la zona  sur del Océano Atlántico de dominio argentino. Allí, se informó que se pescaron 1.800.000 toneladas de diversas especies, capturando Argentina solamente 784.000 toneladas. El fenómeno no presentó cambios importantes hasta el presente ya que centenares de barcos extranjeros siguen saqueando la riqueza argentina.

En el presente año, 2017, se trabó en la Comisión de Defensa de la Cámara de Diputado de Argentina un pedido para la realización, en aguas argentinas, de los ejercicios aeronavales “Cormorán”, a ejecutarse entre la Armada Argentina y su par de Estados Unidos. Pero, cabe agregar,  que el mismo Ministerio de Defensa de la administración Macri envío tarde el proyecto para obtener la autorización pertinente. Resaltamos que desde 1990, se realiza el entrenamiento combinado Gringo-Gaucho 200 entre las fuerzas navales de Argentina y los Estados Unidos. Durante  las administraciones de los Kirchner (2003-2015), éste entrenamiento se efectuó en tres oportunidades porque los Kirchner, al igual que todos los gobernantes desde 1983, no se apartaron de los poderes atlantistas.

A principios del pasado mes de octubre, en Chile, se materializó Chilemar VII, consistente en ejercicios de rescate para submarinos entre la US Navy y la Armada de Chile.

Desde el viernes 17, dos días después de la desaparición y hundimiento del  ARA San Juan,  hasta la mañana del jueves 23, las autoridades argentinas comunicaron una serie de mensajes con indicios que terminaban siendo infructuosos respecto de la localización  real del submarino y  las causas de su incomunicación. Carentes de tecnología apropiada y transmitiendo mensajes, inconsistentes, la Armada y el gobierno argentinos buscaron rápidamente  la colaboración militar de Gran Bretaña, Estados Unidos, Brasil y Chile, entre otros países. Los respectivos gobiernos de esos países, enviaron de manera presurosa equipamiento y hombres sin pedir cobertura monetaria al estado argentino. En la jornada del miércoles 22, el presidente ruso, Vladimir Putin, le ofreció su ayuda al mandatario argentino, Mauricio Macri, ordenando el envío del buque Yantar, el cual entró en funcionamiento en 2015 y que exhibe la  posesión de una alta tecnología de detección y porta vehículos pequeños de inmersión profunda de hasta 6 mil metros de profundidad. Precisamente ése es tipo de auxilio que se necesitaba desde el inicio de la búsqueda y no el show que se montó en torno al infortunio de los 44 submarinistas y al dolor de sus familias. Los anglo-norteamericanos no estarán tranquilos con la posible presencia del Yantar, ni se quedarán de brazos cruzados ante el accionar  del buque oceonográfico ruso. Desde un principio, Gran Bretaña quiso presentarse como “solidaria” con el pueblo argentino y en caso de que los rusos lograsen hallar el submarino se desmontará el show británico. El teatro de operaciones exhibirá la presencia de varias potencias marítimas abocadas a la ubicación y al  rescate del ARA San Juan, mientras que el sedicente poder estatal argentino se encontrará en la periferia de la labor.

Llamativamente, en ese mismo día de  la comunicación entre Putin y Macri, desde Estados Unidos se envía un informe al gobierno argentino con la novedad de haber encontrado un registro de una anomalía hidroacústica a 30 millas del lugar donde se habría producido la última comunicación del ARA San Juan. Por su parte, la Organización del Tratado de Prohibición de Armas Nucleares (CTBTO, por sus siglas en inglés), con sede en Viena,  emitió un informe confirmando la veracidad del hallazgo estadounidense. Aquí, conviene hacer una aclaración. La detección de una anomalía hidroacústica en la zona donde se perdió el submarino argentino no significa que la señal sea del ARA San Juan ya que puede tratarse de una señal de otro navío que yace en el fondo del mar.

Por estas horas, se divulgan diferentes versiones que pretenden explicar lo que realmente generó la desaparición y el hundimiento del ARA San Juan. Por una parte, ciertos criterios hacen referencia a una explosión que pudo haber sucedido en los bancos de baterías del sumergible; más exactamente, se trataría de una implosión por deficiencias estructurales del submarino. En cambio, otras opiniones,  le atribuyen a un actor externo una participación principal ya que no se puede descartar una posible agresión de actores militares estadounidenses-británicos o chinos.

La jueza federal, interviniente en la causa por la desaparición del submarino, dijo que la misión del ARA San Juan es un secreto de estado, por lo que se nos torna difícil conocer con exactitud la tarea que llevaba a cabo. (¿ Un patrullaje de rutina?, ¿Una observación y caza de pesqueros ilegales?, ¿ Observación de movimientos de fuerzas de Estados Unidos, Gran Bretaña o China?). Tampoco se puede saber con certeza, si se encontró con algún activo de otras banderas y, en ese caso, si se produjo un incidente entre ellos o si el ARA San Juan. Al momento de hundirse, el ARA San Juan contaba con todas las certificaciones internacionales.

Los interrogantes y conjeturas se irán ampliando a medida que pasen los días.

Cualesquiera sean las razones objetivas de la desaparición y el  hundimiento del ARA San Juan, es innegable la responsabilidad que en ello tienen las administraciones KirchnerMacri,  el Alto Mando de la Armada y todos aquellos que cumpliendo el rol institucional de observador y garante del Bien Común y de la Soberanía Nacional no hicieron esfuerzo alguno  en prevenir y evitar este desgraciado hecho y la pérdida del poder geoestratégico de la Argentina.

De la flota de submarinos de guerra de la Argentina que describimos en éste artículo, el ARA San Luis (S-32) -peleó en Malvinas- fue dado de baja en 1997 y hoy está en condición de reserva. El ARA Salta (S-31), está activo pero no en condiciones óptimas y al ARA Santa Cruz (S-41) se le realizan la reparación de media vía, mientras que el ARA San Juan permanece desaparecido y hundido En consecuencia, la flota de submarinos de Argentina se encuentra reducida o eliminada como entidad real de combate y el país está totalmente vulnerable para disfrute de ciertos actores geopolíticos mundiales, quienes ven a la Argentina como objetivo de manipulación, control y expoliación permanentes.

Nota:

1-http://www.argentinaoculta.com/tratado_anglo.htm


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