Ágatha Ruiz de la Prada, renovada, marca España



Ágatha Ruiz de la Prada. /Foto: diezminutos.es.

Yolanda Cabezuelo Arenas.

No hay mal que por bien no venga. Desde su sonado divorcio de Pedro J. Ramírez, con quien estuvo casada 30 años, que fueron “un continuo ir pivotando” alrededor del periodista,  la vida de Ágatha Ruiz de la Prada se ha vuelto más serena. Incluso han desaparecido los enemigos, que antes eran “muchos y malos“, porque el mundo de la política quedó atrás y nada tiene que ver con el mundo de la moda, donde Ágatha ha dejado su impronta.

Acaban de concederle el Prix mejor carrera profesional 2017 de Marie Claire, y el premio Nacional de diseño y moda, galardón que su hija Cósima considera no sólo merecido, sino que “no era normal que no lo tuviera”. Realmente el emblema de Ágatha Ruiz de la Prada es marca España, presente en países de América y en Asia: un corazón de color creado por su imaginación desbordante.

La portada de Hola ha tenido un efecto de solidaridad entre mujeres que han pasado por cruces parecidas. El mensaje es claro y contundente: se puede superar una ruptura, por inesperada que ésta sea, y salir de ella renovada y fuerte. Sin pretenderlo se convierte en un ejemplo personal de superación: pasar de estar hundida a resplandecer, y eso que confesó en una entrevista a El Mundo que “ha sido una putada muy gorda”.

Y tan gorda: tres meses antes se habían casado y salían abrazados en un reportaje. El día antes de marcharse Pedro J., ese sexto sentido tan femenino que tenemos todas la advirtió de que había “una tía” por medio, pero no dijo nada; ni siquiera cuando Pedro J. salió con aquello de que “a lo mejor me quedan diez años, y quiero ser feliz“. En momentos como éste no valen máscaras, y sale a flote el fondo de educación que tiene cada uno: un silencio que evidencia el savoir-faire de una mujer que es aristócrata de nacimiento con grandeza de España.

La vida de Ágatha Ruiz de la Prada transcurre en constante movimiento: firma, viajes, negocios, innovación… En estas circunstancias no le apetece una nueva relación “conmigo misma me encuentro muy a gusto“.

Y desde luego, vistas las circunstancias, más a gusto se está sola que mal acompañada. Confiesa que no perdonaría a Pedro J. Porque es “rencorosísima“, pero que al menos se ha portado bien en el incómodo trance de repartir los bienes.  Concluye cerrando la puerta con contundencia: “Soy una mujer nueva, estoy divorciada y no quiero volver a verle”.

Y muy bien que hace. Ahora, que cada palo aguante su vela… o su cruz.

Pedro J Ramírez no es nadie sin Agatha Ruiz de la Prada

 


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