El error Jordi Évole



Jordi Évole. /Foto: lasexta.com.

Enrique de Diego.

Me alegro mucho de tu éxito profesional, aunque muestra el nivel de degradación intelectual y moral al que ha llegado la sociedad española. Nunca he visto tu programa “Salvados”, que espero responda, en algún sentido, a tu nombre. ¿De qué nos salvas? ¿De qué estamos salvados, gracias a ti? Te vi alguna vez cuando respondías al apodo comercial de “el follonero”, aunque era una mentira como un castillo, porque eres el sumum del lacayismo. Tú no organizas ningún follón, naciste domesticado, sólo mareas un poco la perdiz y montas algunas tormentas en un vaso de agua.

En todos los sentidos, eres el antiperiodismo, al servicio del poder y de la casta, con suficiente aliño de izquierdas para que el potaje sea aceptable por el sistema. Es el perfecto ignorante ilustrado. Un biotipo que describí allá por los 90 en mi libro “Privatizar las mentes“. “Nuestro ignorante ilustrado vive en esa cultura kich, sin formas, sin contenidos, en el que la opinión no es medida por sus consecuencias, y en la que la audacia lejos de ser ya el atributo de la ignorancia lo es de la sabiduría. Esa permanente ilustración esconde una cultura de fragmentos sin cimientos. Nuestro ignorante ilustrado no es elitista porque forma parte de una élite general que puede medirse por encuestas. Ya no es capaz de preguntarse por sí mismo ni por el sentido de la vida ni por la realidad de las cosas porque está acostumbrado a recibir respuestas más que a hacer preguntas. Nuestro ignorante ilustrado no está acostumbrado a mantener interrogantes porque cada uno de ellos debe conducir a una respuesta simple: si está de acuerdo o no. Hay programas televisivos, con liturgia de cultura de masas, en que tras un apresurado debate de una multitud de populares el espectador es invitado a mostrar su veredicto y dar su opinión con sólo marcar un número en que su anónima llamada será contabilizada e incluso podrá recibir un premio si es agraciado en el sorteo. Ese ignorante ilustrado que muestra su adhesión a los reality show, que no incrementa los índices de lectura, que es adecuadamente ecologista, oportunamente tolerante, comprensivamente feminista, moderadamente pacifista, y convencidamente estatista, es el producto lógico de un sistema y también su fracaso. La ignorancia actual no es un vacío sino un cúmulo de tópicos y mitos, el mayor de los cuales es la beata adhesión al Estado benefactor”.

En medio de una crisis nacional provocada por tanto sectarismo y por tanto equidistante como tú, tuviste la ocurrencia de entrevistar al golpista Carles Puigdemont. Eso de retrata. Ahora, con motivo del ingreso en prisión preventiva de los sediciosos Jordi Sánchez y Jordi Cuixart has escrito el siguiente tuit: “De error en error hasta el desastre final”. Una estricta estupidez, una simpleza infantil, adecuada para una sociedad adocenada, en la que tú chapoteas con superficial vileza, que funciona mediante melifluos sentimentalismos preadolescentes y no mediante criterios y juicios racionales. ¿Has querido decir algo, en realidad, o es una sencilla ocurrencia para quedar bien con los sediciosos, por el miedo que tienes, cobardica? Si alguien, en esta vieja nación llamada España, debe estar en la cárcel son los Jordis. El delito de sedición es patente. Es un delito gravísimo que, de quedar impune, conduce al derramamiento de sangre y a la guerra civil. No llegas a eso, lo tuyo son chorradas de colegial, que pretende ir de travieso y no hace más que lamer el culo.


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