Sin féretros, sin funerales, sin honores



La joven australiana Sara Zelenak, asesinada en Londres. Honor a las víctimas.

Enrique de Diego

La obsesión del sistema por ocultar a las víctimas está superando todos los niveles de la indecencia. Al poco de la masacre de Londres, con el paseo de tres bestias por Borough Market, ya lo sabíamos casi todos de ellas, incluido situaciones patética de ridículo policial, como un terrorista que es detenido cuando intentaba llegar a Siria y que en el interrogatorio afirmó que iba a ser un terrorista. Se nos han ofrecido declaraciones de la madre de uno de ellos, como también de los padres del monstruo de Manchester.

De las víctimas, nada. Son víctimas sin rostro y sin nombre. Algunas las conocemos por la desesperación de sus familiares que las buscan, que quieren saber si están vivas y cuelgan sus fotos de facebook. Nunca hay féretros. Nunca hay funerales. Nunca hay homilías o declaraciones. Son enterrados sin honores. Sus familias no son entrevistadas para conocer sus sentimientos. Nunca hay un reportaje sobre cómo han rehecho sus vidas las familias, por ejemplo, de los niños masacrados en Niza.

¿Por qué? El sistema, del que forman parte unas fuerzas de seguridad pervertidas por consignas de la corrección política, no es capaz de soportar el escrutinio de la realidad, trata de ocultarla por todos los medios. Ese es el perverso “protocolo”, la conjura de las élites y sus lacayos.

Por este despropósito, se ha llegado al absurdo de que la familia de Ignacio Echeverría, el “héroe del monopatín”, como ha sido bautizado por los medios ingleses, ha tardado tres días en recibir la confirmación de su muerte y cuatro de poder estar junto a su cuerpo. ¡Extraño protocolo acanallado! Cuando el reconocimiento de la familia sería suficiente. Ah, la Policía inglesa ha pedido ADN. Certeros y puntillosos. ¿Y cómo se identificó a los tres terroristas? Ese poner todo el foco mediático en los terroristas es un tortuoso homenaje y una incitación a la emulación y esa ocultación de las víctimas entraña un ensañamiento del sistema.


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