Milagrosa Martínez no es una delincuente



 

Milagrosa Martínez. /Foto: alicante24horas.es.
Milagrosa Martínez. /Foto: alicante24horas.es.

Enrique de Diego

El Partido Popular, orgánica y jerárquicamente, y no Francisco Correa, ni Álvaro Pérez, ni Milagrosa Martínez, condenada a la friolera de 9 años, ideó un sistema de corrupción perfecta, que le concede un alto lugar en el cuadro de honor de las mafias.

Según ese esquema sencillo y perfecto, el PP no tendría que financiar sus campañas electorales porque de eso se encargarían las empresas de Francisco Correa y en Valencia, Orange Market de Álvaro Pérez, alias El Bigotes. A cambio, las empresas de Correa y El Bigotes se financiarían de los Presupuestos recibiendo concesiones con sobreprecios. Es, entre otros, el caso Fitur: la Generalitat valenciana, siendo consejera de Turismo, Milagrosa Martínez, pagó 5 millones de euros a Orange Market por la caseta o stand en la Feria Fitur de la Comunidad Valenciana.

Es decir, el PP se ha estado financiando directamente de los Presupuestos y de paso algunos, como Rajoy, han ido recibiendo sobres en negro y enriqueciéndose.

Ese modus operandi no se le ocurrió a Milagrosa Martínez, ni se ha lucrado, que sepamos, más allá de un regalo. Milagrosa no fue más que una disciplinada militante de la mafia. Hizo lo que se le ordenó. No puede escudarse en la obediencia debida, porque eso no es moral, pero no es justo que vayan a pagar los eslabones finales de la trama.

Conocí a Milagrosa allá por el año 1993 -¡cómo pasa el tiempo!- cuando era la presidenta del PP de Novelda –la ciudad del mármol, las uvas de mesa y las infusiones- y su portavoz en el Ayuntamiento, donde –otros tiempos, otras costumbres- denunciaba la corrupción socialista y de un grupo nacionalista. Asistí a un acto de ese partido, que tenía contenido gastronómico, con las habas como elemento clave. Esta cordobesa afincada en Novelda parecía una buena mujer sencilla.

Andando el tiempo, coincidí con ella en el aeropuerto de Barajas, en el autobús que nos llevaba al avión. Era consejera de Turismo, y debía andar firmando ya lo que le ordenaban y ponían como el contrato de Fitur por el que va a pasar nueve años a la sombra. Estaba cambiada. Había adelgazado, privándose de las habas, con ropa cara de marca, encantada de haberse conocido y rodeada de tres armarios guardaespaldas pues era un bien de Estado. No se le había quitado el pelo de la dehesa, pero lo disimulaba con afeites y sorprendentes niveles de arrogancia. Fuera de su entorno, parecía ridícula, pero no se daba cuenta. Había llegado demasiado lejos y su agradecimiento sumiso a sus jefes era total. Luego fue –es licenciada en Derecho- presidenta de las Cortes Valencianas de 2007 y 2011, lo que deja patente la poca utilidad de esa gravosa institución.

Milagrosa Martínez hizo unas declaraciones en las que amenazaba con cantar si se la seguía dejando sola y si el partido no hacía frente a su defensa. Me temo que no está preparada para lo que se le avecina, y que han de comunicárselo el miércoles. No es justo que una pringada ambiciosa pague, mientras que los mandamases de la mafia andan sueltos y ocupando los elevados puestos del Estado. ¿Cantará Milagrosa, aquella buena mujer pervertida por el poder que nunca pensó que hiciera mal firmando y obedeciendo? Por ahora no canta nadie, pero cuando pasen los días, los meses y los años en una cárcel…

 


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