Federico Trillo, la historia de una gran mentira: seis mil euros en la cartera



Federico Trillo. /Foto: petreraldia.com.
Federico Trillo. /Foto: petreraldia.com.

Yrene Calais

El otro día, me encontré con un antiguo colaborador de la campaña electoral de Federico Trillo en Alicante, provincia por la que acudió como número uno en las listas durante más de veinte años, y me dijo: ‘Irene le has calado, eres Irene te calé”. A lo que yo repuse: me baso, simplemente, en mis fuentes contrastadas para elaborar el serial. Él me contestó: ‘le has hecho una radiografía. Yo que he estado mucho tiempo a su lado no lo hubiera podido hacer mejor’.
Y es que Federico Trillo, a pesar de ese caparazón que lleva puesto, impasible el ademán, incluso en los momentos más luctuosos como el funeral de Silvia en Santa Pola, la niña hija de guardia civil asesinada por ETA, es transparente. Una transparencia que lo hace vulnerable porque está basada en la mentira y en la hipocresía.
Según mis fuentes, sus colaboradores en el Ministerio de Defensa siempre se extrañaron de que en su cartera Federico Trillo nunca llevaba en efectivo menos de seis mil euros (un millón de las antiguas pesetas). Cartera de Loewe, por supuesto, el boato por delante, que exhibía con prontitud y de la que sacaba los fajos de billetes cual tratante de ganado mercadillero.

Asimismo, se comentaba su carácter veleidoso y propenso a las manías de coleccionista, cuando llamaba a Julieta de Micheo y le preguntaba obsesivamente: ¿has recogido el pedido?, depositando fuertes sumas encima de la mesilla de la secretaria en el Ministerio. Y es que lo que ustedes no sabrán es que toda la biblioteca de Federico está encuadernada en piel y del mismo color verde inglés. Sería una premonición de su futura embajada.


Todo este anecdotario parecería un simple entretenimiento si no fuera porque, como ya habrán adivinado ustedes, los seis mil euros de la cartera ahora ya sabemos de dónde salían: del dinero B de Luis Bárcenas, de la caja oscura de Génova. Desde julio de 2003 a julio de 2006, Federico Trillo cobró 51.000 euros en negro de su partido, para pagar a los abogados defensores de los militares de Sanidad encausados por las falsas identificaciones del Yak-42: 30 de los 62 muertos en aras de la torpeza del ministro.

De agosto de 2000 a diciembre de 2001, Trillo recibió otros 77.431 euros en negro, como compensación del Partido Popular por la merma de ingresos que le representó pasar de presidente del Congreso a ministro de Defensa. Del dinero que supuestamente se destinó a los abogados, fuentes próximas a estos me indican que nunca les llegó. Se quedó por el camino, quizás en la cartera de Trillo. Las dos asociaciones de familias de víctimas del Yak-42 no pudieron más con tanta suciedad y exigieron la destitución inmediata del indigno embajador.


Aunque fueron los militares, tres de ellos condenados, los colaboradores de Trillo en aquella época no dejan lugar a duda de que el responsable de todo fue Federico Trillo. “El ministro quería que los muertos desaparecieran cuanto antes. No hizo más que meter prisa, aunque se le dijo que hacía falta bastante más tiempo para las identificaciones seguras, pero él sólo veía su desgaste político y quería echar tierra sobre los cadáveres cuanto antes. Cuando veníamos de Turquía sabíamos que en muchos féretros había restos de varios cadáveres. Trillo lo sabía y le daba lo mismo”.
También fue Trillo quien impuso un transporte barato y a través de un organismo OTAN. “Hubo siempre muchas protestas por la inseguridad de los viajes, las malas condiciones en que iban los soldados a Afganistán, pero Trillo no les hizo caso”. Puedo dar fe de que cuando Trillo tenía en el Congreso una mesita delante del despacho de Soraya Saénz de Santamaría, y hacía méritos como abogado de Luis Bárcenas y Gürtel, se le demudaba el semblante si oía citar el Yak-42, pero lo que me produjo una impresión inolvidable es que no daba sensación alguna de sentir las muertes de aquellos soldados, sacrificados a su negligente actuar, sino el efecto pernicioso que la tragedia había tenido en su carrera política y en su objetivo frustrado de ser presidente del Gobierno.


Como verán, todos estos apuntes del petimetre petulante dejan constancia que más que un boceto psicológico lo que le he hecho es un traje a medida, como me dicen muchos lectores amigos por la calle. Por cierto, hablando de trajes, un amigo hace años, cuando salía a relucir el nombre de Federico Trillo, siempre repetía la misma frase: “A Federico lo que le hace falta es un buen sastre”. Pero ya es tarde para eso, ahora bastará con un pijama de rayas a su medida.

 


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