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Carta del Editor: Quemala Harris no celebra la Navidad

Redacción




Enrique de Diego.

Kamala Harris no tiene currculum, salvo el que le han propocionado sus amantes, fue un desastre en las anteriores primarias donde tuvo que retirarse a las primeras de cambio, y ha sido objeto de un auténtico golpe de estado, de un auténtico cachondeo por el partido demócrata que ha hecho mangas y capirotes de primarias porque las ganó un demente senil y sobón de niños llamado Joe Biden, que deben explicarnos cómo ha estado cuatro años en la Casa Blanca. Pero estaba meridianamente claro que Quemala Harris iba a ser la candidata a la presidencia 2024 porque es la más mala con diferencia y eso les gusta a las perversas satanoélites.

Está desaparecida, mientras espera que los medios de defecación le hagan la tarea, a lo que está acostumbrada, porque en su vicepresidencia ha estado ausente, no pniéndose ante los focos y dejándoselos al pobre Joe Biden como para que se calcinara. Sólo algunos discursos terriblemente desaforunados como cuando dijo lo bueno que era «eliminar población», que es lo que quieren las perversas satanoélites, junto con la pedofilia cuya legalización pretende Quemala.

Odia especialmente a los católicos que no puede ni ver en la vida pública; ha convertido la convención del partido demócrata en un abortorio  donde han sido sacrificado un total de 25 nasciturus. Quemala Harris ni siquiera celebra la Natividad del Señor, una fiesta que es venerada en los Estados Unidos, dentro de sus raíces y compromiso cristianos. Siente aversión a las cosas religiosas y en una bufonada se presenta como heredera de las feministas, cuando estas -como explico en el capítulo 3 de mi libro «El virus woke»- eran cristianas, cuáqueras y predicadoras de templanza.

Quemala Harris no ha celebrado nunca la Navidad porque es pagana, Ella ha celebrado una fiesta sustitoria que se llama Kwanzaa, que se empezó a celebrar entre el 26 de diciembre de 1966 y el 1 de enero de 1967; es decir, apenas tiene tradición, y que busca que los «afroestadounidenses» puedan unirse con su herencia cultural e histórica africana. Esto de su condición de afroamerican es de broma porque el padre de Quemala es de Jamaica, un terrateniente y profesor maxista. Pero todo en Quemala es mentira burda, edulcorada por los medios, que alaban su origen hindú saltando que es una bramán, la casta superior, de una saga de terratenientes y que su abuelo es un experto en campos de exterminio, también contra los negros, en Rodhesia.

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Dice Quemala que «nuestras celebraciones de Kwanzaa son uno de mis recuerdos favoritos de la infancia. Toda la familia, de varias generaciones, se reunía y contábamos historias y encendíamos las velas. Ya sea que celebres este año con tus seres queridos o por Zoom, ¡feliz Kwanzaa!». Siendo de una familia desvertebrada estos toques de almíbar parecen poco creíbles, pero todo en Quemala es puro invento.

Al terminar la guerra civil, Abraham Lincoln les ofreció a los negros volver a África. Se organizaron viajes pagados por el Estado norteamericano pero sólo vijaron a Liberia, lugar de destino, 1.500 aproximadamente, el resto prefirió quedarse en Estados Unidos y adoptar la herencia cultural norteamericana a ritmo de jazz o de gospel.

Recuerdo un reportaje en la 2 hace muchos años de un profesor de Universidad norteamericano y su hija para sumergirse en su herencia cultural africana. Un adekantado woke. El viaje fue desastre, perdieron quince días en los caóticos trenes africanos y la niña terminó enferma. Luego todo fue un choque de culturas. El profesor y su hija no encajaban en la vida tribal africana. Salía una tribu viviendo en la edad de piedra cuyo elemento de modernización era el AK 47. El profesor preguntaba al africano qué significaban esos pintarrjos que lucía y le respondía que representaban los enemigos muertos; los enemigos eran los de la tribu de al lado, enemigos ancestrales; unos y otros se dedicaban a masacrar a los varones y robar a las mujeres fértiles. Luego el consejo de ancianos decidía quién de los nacidos debía morir y quién debía vivir. Cuando les salían los dientes de leche si salían de una forma era «mengue», mala suerte y debía morir. Cosa que le encantara de seguro a Quemala Harris abortadora contumaz y además es una forma de eliminar población, que es su objetivo último, si gana, cosa que no sucederá.

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El choque más fuerte tenía lugar entre el profesor universitario de la primera potencia mundial y el jefe de la tribu que vivía en las cataratas Victoria, cuando el profesor se empeñaba en convencerle de que tales cataratas no habían sido descubiertas por Livingstone porque, obviamente, sus antepasados ya estaban allí y las conocían, a lo que el jefe insistía en que habían sido descubiertas por el famoso explorador. La escena duraba varios minutos y no había acuerdo. Hombre, claro, el jefe defendía un atractivo turístico que el profesor trataba de hacer desaparecer.

En suma, que Kwanzaa es una fiesta directamente anticristiana. La herencia africana de los negros norteamericanos es un brutal choque de culturas. Y en el caso de Quemala Harris todo es más falso que un Judas de plástico. No es ni tan siquera norteamericana, no respeta los valores cristianos que son el fundamento de Estados  Unidos.