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Las múltiples y profundas razones del éxito de las series turcas

Redacción




Luis Bru.

Las series turcas son un fenómeno mundial, y también español. Un gran éxito de Atresmedia, hasta el punto de que las productoras españolas han arremetido contra ellas y contra la propia televisión que las emite exitosamente: «es de baja calidad», «no se crea empleo en España». En sí, componen un subgénero: «series turcas». Turquía no parece un paisaje muy cercano al nuestro, ni la Turquía laica de Kemal Ataturk en la que se mueven habitualmente las series. No tienen como fondo, eso sí, la Turquía de Recep Tayyip Erdogan. No hay exotismo. Y, sin embargo, llegan, que digo, arrasan. Dicen los turcos afincados en España que no se sienten identificados, porque describen a una minoritaria clase alta, sobre todo «Mujer», la serie icónica, y la más seguida, con permiso de «Mi hija». Pero sí sienten identificados los españoles  y, sobre todo, las españolas. ¿Por qué?

Es cierto, que parecen tener bajo presupuesto y sugieren baja calidad, si bien la música es muy buena. Pero es que, con sus virtudes y defectos, no son políticamente correctas, de una forma natural.

1.- No grita nadie, salvo que la escena lo exija. Las productoras españolas -la exitosa «Aquí no hay quien viva» es un ejemplo paradigmático- introducen siempre alguien que habla a gritos, porque parece que así son más vistas en ciertas partes de España.

2.- No hay nunca sexo explícito, lo cual hace que el público potencial sea muy amplio.

3.- Hay buenos y malos. Lo clásico.

4.- Son tragedias, con sentimientos descarnados. Pero no pasan del típico triángulo amoroso. Hay enfermedades. Son seres frágiles, vulnerables, como nosotros.

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5.- Sobre todo, no hay ninguna concesión a la corrección política. Ahí está el secreto y la razón fundamental de su éxito. No sale, como es norma en las series hechas por las productoras españolas, ni un homosexual que resulta ser el más simpaticón, ni dos lesbianas calentorras que viven su apasionado romance. Hay hombres y mujeres, de los que antes se llamaban normales.

6.- Y entre los hombres y mujeres tienen niños. Los niños son fundamentales en la series turcas. Evidente en «Mi hija» y paulatinamente, adquieren protagonismo en «Mujer», donde Doruk es una ricura, trabaja muy bien, es muy natural y se va apoderando de la serie. Es muy positivo que las mujeres españolas vean estas series turcas, para ver si se las despierta la maternidad.

7.- No se dedican a adoctrinar, ni a transformar la sociedad, ni a molestar a la gente cuando se pone ante el televisor. No hay feministas enloquecidas, ni nada parecido. Las madres aman a sus hijos y hay, de fondo, un sentido de familia, con abuelos, padres e hijos. Se parece mucho a la España de hace unas décadas.

He aquí, en síntesis, con bajo presupuesto, lo que las atorrantes productoras españoles llaman productos de «baja calidad», las series turcas arrasan literalmente en el mercado, en la audiencia. Que cunda el ejemplo, transbobos, o que aprendan de nuevo a contar historias. Y ahora, todos atentos al juicio salomónico que les plantea el malo malote de Nezir a la sufriente Bahar o a la pija Piril para salvar a Sarp. Que ustedes lo disfruten.