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RL abre brecha, mientras se acaba la impunidad de Rajoy

Redacción




Mariano Rajoy. /Foto: jorgebustos.com.
Mariano Rajoy. /Foto: jorgebustos.com.

Enrique de Diego

El pasado 4 de septiembre, publicamos un análisis titulado “Rajoy ha perdido el sentido de la realidad”. Hoy, 7 de septiembre, Vozpópuli publica un editorial titulado “El affaire Soria y la pérdida del sentido de la realidad de Rajoy”. En una sentido semántico, hemos introducido en el lenguaje político, y en el parlamentario, que estamos viviendo “el día de la marmota” (artículo del 5 de julio).

Nuestra percepción de que el periodismo ha degenerado en lacayo ha abierto igualmente brecha, y ya hay digitales que han iniciado una sección sobre periodistas económicos vendidos al poder. Hay tela para cortar.

También, en nuestros tres cortos meses de vida, hemos sido los únicos que hemos considerado que con y detrás de Donald Trump había un fenómeno político serio y profundo, y el tiempo nos ha dado la razón, frente a todos. También hemos sido quienes detectamos y valoramos la importancia de las elecciones de Mecklemburgo-Pomerania como el principio del fin de Ángela Merkel. Somos ya el digital de referencia identitario que tiene tolerancia cero con la corrección política.

En efecto, Mariano Rajoy ha perdido el sentido de la realidad y está afectado, de manera irreversible, por tres síndromes:

1.- El de la Moncloa, en grado sumo. Rajoy todavía no es capaz de explicarse por qué los españoles han decidido, por dos veces, no darle la mayoría absoluta, a la que se cree merecedor. No es sólo cuestión de adulación, que en su entorno hay mucha, hay también una distorsión de la realidad. Rajoy considera que ha sacado a España de una crisis muy grave, que ha evitado el rescate y que se le debe reconocer. Su primera victoria fue un voto de castigo a Zapatero, ahora quiere que se le quiera en las urnas.

2.- El de Génova: el PP ha quedado atrapado por Mariano Rajoy. PP y Rajoy son una misma cosa. No hay la más mínima contestación. El PP ha perdido las elecciones municipales y autonómicas con un efecto devastador sobre la estructura del partido, sobre su oficina de colocación, pero no se ha levantado la más mínima crítica, porque todos están tan enfangados en la corrupción, que nadie puede ni tiene autoridad moral para levantar la voz. Sólo muestran autonomía personal Cristina Cifuentes, en Madrid, Juan Vicente Herrera, en Castilla y León, y Alberto Núñez Feijoo. El antiguo feudo de la Comunidad Valenciana lo tiene con Gestora.

3.- El de la impunidad: acusado de cobrar él sobres en negro por su tesorero Luis Bárdenas se permitió contestar a través del plasma. Como si de una mafia impune se tratara, la designación de José Manuel Soria se presentó como cosa de funcionarios y al interesado como una víctima. Rajoy no es consciente de la repulsa ciudadana hacia la corrupción, incluso entre sus votantes. Se permitió dejar en ridículo a Ciudadanos, informando del nombramiento diez minutos después de que finalizara el acuerdo de investidura. Y no valoró el daño que podía causar en las elecciones gallegas –donde el PP precisa la mayoría absoluta para gobernar- y en las vascas.

La renuncia forzada de Soria muestra que empieza a poner el pie en la dura realidad: ya no tiene mayoría absoluta; ya no tienen, ni él ni su partido, impunidad.

Rajoy ha perdido el sentido de la realidad

 

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