Enrique de Diego.
Eres lo más rastrero y lo más sinvergüenza que me he echado a la cara. Ayer tuviste la desfachatez de tomar partido con una entrevista amable y felatoria a Pablo Casado que te retrata como el personaje indigno que eres. Tomando tú partido se lo haces tomar a esa agujero sin fondo que es Trece y pones en evidencia a la Conferencia Episcopal, que no se entera de nada.
La razón por la que decidiste posicionarte en un proceso electoral interno no es otra que tú eres el chico de los recados de María Dolores de Cospedal, que es la que te colocó en Intereconomía y la que luego te hizo recalar en Trece, porque tú eres un inútil total, un vago de siete suelas, que en una sociedad competitiva y de mérito estarías destripando terrones o recogiendo aceitunas en tu Jaén natal, si es que alguien estaba dispuesto a contratarte.
Eres tan vago que no trabajas nunca los viernes, porque necesitas fin de semana largo para descansar de tus comilonas y tus abundantes ingestas de vino. Tan vago que nunca preparas los programas -por eso interrumpes tanto- y tan vago que te tienen que hacer la producción desde fuera, como te la hacía Julio Ariza, y ayer te la hizo la esposa del conocido comisionistas Ignacio López del Hierro.
Una entrevista indigesta para una audiencia de besugos, sin una sola pregunta interesante y comprometida, un simple peloteo vacuo con un personaje endeble, inconsistente, que a estas alturas anda redescubriendo el centro, o sea la nada. El centro es que Margallo viaje gratis en el Juan Sebastián Elcano, con cargo al contribuyente, y que esposa esté a sueldo de la industria farmacéutica. ¡Vaya par de golfos!
Tú, Antonio Jiménez, has llevado el lacayismo a las cotas más altas, el periodismo de partido a sus niveles más bajos. No tienes vergüenza, Antonio. Eres un sinvergüenza.