Javier de la Calle.
El verano va acompañado de clásicos, uno de ellos, las tormentas de verano. En el Mediterráneo, lugar de asueto tradicional en la Península, en todo julio no hubo ni una sola tormenta de verano. Algo absolutamente inusual, y que tiene una clara explicación. La manipulación del clima es una realidad.
Las tormentas de verano se producían por el calor veraniego, que sigue siendo similar, pero ya sin agua. El cielo sigue extraño. El azul nítido cada vez deriva más en un tono grisáceo. Cuando al fin dejen que llueva, más que agua caerán químicos.