Enrique de Diego.
Eres una woke de diseño, Aitana Bonmatí, o sea una especie de pozo de mierda que siempre evacúas un tópico o un cliché y te crees original. Es la segunda carta que te dirijo y no tienes enmienda. Eres una chica del sistema. Ya sólo falta que tu padre fuera algo así como terrorista de Terra Lliure para el cuadro esperpéntico. Vamos, que ahora te pones a dar lecciones de gastronomía y te muestras como una hipócrita contumaz. Como cuando jugaste con España a la que odias.
Eres ovolacteovegetariana, lo más deleznable para el veganismo, un quiero y no puedo, pura pose ridícula. Dices que actúas por principios y debería decir que lo haces por poses. Que no comes carnes por la «explotación animal», pero sí ingieres pescado, que, so ignorante, también pertenecen al reino animal, woke de diseño. Se cuidan en granjas llamadas piscifactorías o los sacan del mar, tonta del haba, donde navegan libres, a la cazuela o a la conserva. O sea, te alimentas merced a la «explotación animal». Pero, bueno, está bien así, porque si fueras vegana no podrías jugar al fútbol ni decir sandeces sobre el terrible acoso que sufrió Jenny Hermoso, la tatuada macarra, con Luis Rubiales, el fatuo prepotente.
¡Anda y vete a esparragar, perfecta woke e hipócrita contumaz!
Ah, eres una parásita subvencionada. No vales para nada. No te ganas tu sustento. Eres asquerosamente deficitaria. Vives del cuento, sangrando a los contribuyentes.
Lierre Keith: «En cuanto tomé grasa animal pude doblar mis rodillas sin que fuera un calvario»