Enrique de Diego.
Eres un lacayo y un servil, teniente general Manuel Mestre, no has hecho nada en lo que va de legislatura para ganarte el sueldo. Eres un mal patriota, indigno, que vendes a los tuyos por un plato de lentejas. Llegaste a Vox junto a otros militares de alto rango, con la complaciente disposición a ser otros parásitos como los demás; tú que jurste dar hasta la únitma de tu sangre por España, pero por tus venas corre horchata o, mejor, pura mierda.
Te pide, rutilante y silente diputado por Alicante, que alzaras tu voz contra el patente genocidio que se perpetraba después de haber aseinado, así asesinado, a más de 114.000 ancianos, con las timo vacunas y, sin atender a mi rquerimiento imperioso, te callaste como una puta babilónica.

Hoy te reclamo que alces tu voz contra este bombardeo infame que todos los días se perpetra por los cielos de España por aviones, con la complicidad de tus compañeros del Ejército del Aire, lacayos infames, fumigándonos como a ratas, para provocar la sequía y matarnos de hambre y de sed. Tú callas ante este crimen de lesa humanidad y en tu silencio cómplice hay una culpabilidad inmensa que te será reclamada cuando los hombres de buena voluntad os echemos a gorrazos. Dice Nauzet Morgade: “El ejército es el brazo armado de la organización terrorista Gobierno de España”. A eso ha quedado reducido el ejército de España. Nos fumigan con aluminio, litio, estroncio, bario y grafeno, y os calláis, y te callas, te metes la lengua donde la espalda pierde su noble nombre y te mantienes en silencio, no preguntas, te entretienes en pequeñas peleas de patio de colegio con Ana de Vega, con tu lacayo adiestrado Rafael Ramos Rodríguez, y no levantas tu voz, no organizas el gran debate parlamentario sobre la siembra constante de estelas químicas tóxicas.
Te escribo no porque crea que vas a hacer algo, en tu infinita mediocridad, en tu cobardía, en tu falta de virilidad y de honor, si no para que se te caiga la cara de vergüenza, porque no haces honor al uniforme, ninguno hace gala al uniforme, sólo el insigne coronel Carlos Martínez de Vara. Y si no la Patria os lo demande, reza el sagrado juramento a la bandera. ¡Vaya si te lo demandará con creces!
Dice Nauzet Morgade que «el Congreso es literalmente una cueva de ladrones, traidores y encubridores de crímenes de lesa humanidad«. ¿Es qué categoría te pones tú, teniente general de pacotilla, Manuel Mestre?