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El misterio del éxito de las series turcas: Doruk odia a Soros

Redacción




Luis Bru.

En otro entrega anterior ya vimos que el misterio del éxito de las series turcas, y el hundimiento de las españolas, de las de producción española, no es ningún misterio, es contar una historia verosímil bien contada, que resulte próxima al espectador. Las series españolas están hechas para gays y lesbianas, público manifiestamente minoritario. En las series turcas hay familias, madres que protegen a sus hijos, padres que hacen lo propio y llevan a sus hijos al colegio, no es preciso el sexo explícito, y los niños son encantadores, como para comérselos. «Mujer» en esta parte de la trama bien podría titularse «Doruk». El niño es encantador, simpático, tiene una mirada llena de ternura y la relación con Nezir está llena de encanto. Doruk ha descubierto que Nezir no es malo simplemente está solo y lo conquista con detalles como pintarse tatuajes similares a los de Nezir o besuqueándolo con auténtico cariño.

Nezir y Doruk.

Los niños, esos grandes ausentes de las series españolas. Desde que la Open Society de George Soros decidió que había que bajar la natalidad de las sociedades occidentales, entre ellas la española, las productoras españolas se entregaron a hacer auténticos bodrios, claramente inmorales o amorales, en las que los niños están seriamente prohibidos, execrados. Ya no salen como en Verano azul con el entrañable Chanquete o en Crónicas de un pueblo. En Cuéntame fueron creciendo y en Acacias se fue convirtiendo en un bodrio a fuerza de que cada vez que aparecía un joven resultaba ser un delincuente y aparecían unas tórridas lesbianas dándose el lote, a comienzos del siglo XX. La gente se ha cansado de ese modelo basura de serie española. A la postre, Doruk llega y enternece con su naturalidad. Es un magnífico actor con mucho talento, que borda su papel de niño. Doruk odia a Soros. Y el público también.

Las múltiples y profundas razones del éxito de las series turcas