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Separatismos y República Constitucional

Redacción




Isabel Valero.

Las consecuencias del régimen que salió de la Transición ha dado como resultado la fragmentación de España, la clave el sistema electoral proporcional que ha generado que partidos regionalistas se conviertan en muletas de los gobiernos de turno para gobernar, ¿a cambio de qué? de dinero concesiones estatales, porque lo que siempre reclaman los
separatistas son reparto del botín, pero no para para generar riqueza y progreso de una región española, sino para la formación de un estado oligárquico a imagen del nacional, donde se crean castas o aristocracia hereditarias y endogámicas que les perpetua en el poder, aludiendo al paternalismo de lo beneficiosos que sería la independencia porque ellos los cuidarían mejor.

Reclaman el derecho a decidir, no sólo los independentistas, también la extrema izquierda o englobando el término la socialdemocracia, como ha explicado un millón de veces Trevijano el derecho a decidir no está en ninguna Constitución, en el derecho político no se trata el derecho a decidir ya que es una facultad inherente a los derechos, personales, pero todo esto es debido a la incultura política en grado superlativo incluyendo el Rey Felipe VI que en unos de sus discursos
navideños nos decía “el derecho e todos los españoles a decidir democráticamente su vida en común”, es decir, la aniquilación de España, como concepto objetivo.

Renán que tanto le gusta a Iglesias, nos dice, “una nación puede hacer de todo, menos suicidarse” o Karl Marx para el New York Daily Tribune donde no decía que las unidades territoriales con anterioridad a la Revolución francesa, no se aplicaba el derecho a la autodeterminación porque tenían la unidad hecha para dotarse de una constitución.

El separatismo catalán es un movimiento estatal, no nacional, otra cosa es el impulso de estos últimos años con la complicidad del gobierno central y la fijación a costa de todos los españoles de construir una nación imaginaria y lo primero que se necesita es redefinir la historia e imponer una lengua, pero esto es casi imposible de conseguir ya que el elemento principal del sentido de existencia de Cataluña es que su personalidad cultural se debe a su pertenencia a
España.

Este estatalismo primero para ver de dónde viene y como se expresa , retrocedemos al 6 de octubre de 1934 cuando Companys proclama “el Estado Catalán dentro de la República Federal Española”, para que haya un estado federal, se necesita un estado separado, para después unirse a la R.F. Española, es decir, lo que quiere Sánchez y en general el partido socialista desde el principio pues añoran su II República, donde estuvieron a punto de conseguir, su dictadura
socialista, y que la muerte de Franco le puso de nuevo en el circuito del proyecto federativo, y el PP ha sido el cómplice necesario para el proyecto, el llamado bipartidismo imperfecto español.
En este proyecto integrador, es estatalizador, en mi anterior artículo “Fascioprogresismo” explicó este fenómeno en la actual, pues lo podemos aplicar a los separatismos, piden embajadas, referéndum (instrumento habitual de las dictaduras), competencias de gestión económica, la integración de la nación en el estado, es decir, la supresión de la nación, en definitiva.

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Quien mayores concesiones dio al separatismo catalán fue Aznar, recordar el Pacto del Majestic, con el que Aznar gobernó en 1996, también con los apoyos de PNV y CC, ¿qué se les concedió? pasta, 33% de lo recaudado en IRPF, 35% del IVA, tráfico, desempleo y puertos, es decir, estado, estado, estado. Todo iba bien con los matrimonio separatistas, hasta que la crisis del 2008 empieza a faltar liquidez en el Estado español, el mantenimiento de políticos y cargos políticos a dedo y en cantidad ingente, el clientelismo, la administración paralela, el enchufe de no solo miles podemos hablar de millones de enchufados como empleados públicos o dependientes de
entidades públicas, hace que el sistema sea insostenible, con lo cual la crisis a pesar de las recomendaciones europeas de reducir estructura, no solo se ha hecho oídos sordos sino que con los gobiernos socioalcomunistas se ha multiplicado, el estado no da para más y los pocos que trabajan la presión fiscal está creando cada vez más trabajadores pobres, con un sistema sin rendición de cuentas ni responsabilidad civil, lo único que hacen es endeudar a la nación y pedir créditos, ya que ellos no tiene que pagarlos y no hay posibilidad de revocarlos, democracia totalitaria, la mires por donde la mires.

Sabiéndose necesario para mantener esta monarquía de partidos y queriendo tapar la quiebra de la Comunidad Catalana, los datos nos dicen que la deuda pública en 2009 por persona eran de 3.438€, en 2019 paso a 10.390, una comunidad que necesita de España para seguir pagando sus pensiones, la Seguridad Social Catalana representa el 25% del déficit de la S.S Nacional, como se puede comprobar no hay estelada que tape tal desastre pero la situación catalana no es más que el reflejo o efecto dominó del Estado central. No hemos hablado de la corrupción económica en datos, el caso Pujol o el 3% esto del 3% es una manera de llamarlo porque se han encontrado casos de mayores proporciones pero que es una práctica habitual en el resto de comunidades españolas hasta el 20% en comunidades gobernadas por socialistas como Andalucía, todos estos casos en cuantías ocupan un lugar privilegiado en los rankings europeos.

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Con todo esto a los independentistas no les quedaba otro órdago para no destapar sus vergüenzas que la ruptura total de España, pero eso sí dentro del Estado español, la deuda pública la paga España, la seguridad social la paga España, esos detalles no los cuentan.

Se ha pasado por alto estos días de la creación del Partido Nacionalista Catalán una copia del PNV, rechazan la unilateralidad y reivindican el pujolismo que tantos beneficios les ha reportado, volvemos al estatalismo, y el apuntalar el R78, otro partido más, se sacaron de la manga, Podemos (izquierda), Cs (centro), Vox (derecha), y faltaba un partido regionalista para seguir manteniendo el régimen, aunque se vea manteniéndolo en la UCI.

¿Qué podemos hacer para deshacer este nudo? República Constitucional, y ¿qué es RC?, como lo resume Enrique De Diego en su libro o manual de acción “República Constitucional»: “Dícese del modelo ideado por don Antonio GarcíaTrevijano. Presidente votado en circunscripción nacional, representantes de distrito, independencia de la Justicia, separación de poderes”.

La protección de la Nación con una Constitución hecha desde abajo, cuyo autor sea la nación y eso no es más que lo que compone la nación, el sujeto constituyente, en palabras de un cocinero la harina que liga el líquido y forma la bechamel y se forma una crema homogénea.
Una Constitución que proteja el sujeto constituyente, la nación, como ocurre en la Ley Fundamental de Bonn en su art.79, párrafo 3, que declara “… ilícita todo lo que afecte a la división de la Federación, o la Constitución Americana, art.3, sección 3, alta traición.
Una Constitución que separe los poderes, que el ejecutivo sea elegido en circunscripción uninominal, como se puede comprobar se eliminarían de un plumazo la dependencia de ningún partido nacionalista, y el legislativo compuesto de los diputados de distrito elegidos en su circunscripción, con lo cual los intereses regionales estarían sus demandas representadas en el parlamento nacional mucho mejor que ahora, ya que no obedecerían a la disciplina de partido y lo que manda un jefe, sino a sus singularidades, sociales, geográficas, y culturales, con mecanismos de control y rendición de cuentas.

¿Tendría excusa un catalán independentista al poder elegir a su representante a pedir o echar las culpas al estado español?, dependería de la capacidad de su representante. Y qué decir del judicial, un sistema totalmente independiente, al que no pueda controlar la clase política. ¿Entendemos ahora porque la aristocracia política española tiene un miedo atroz a un cambio a una República Constitucional, a una democracia representativa? Por eso emplean
toda la maquinaria estatal y monetaria al mantenimiento de la mentira.