Editorial.
A Jeremías le intentaron apedrear por ser profeta de desgracias. No era el responsable de ellas, sino los que intentaron lapidarle, pero así reacciona, a veces, el populacho ante las malas noticias. A Roberto Centeno le persiguieron en El Confidencial y recaló en Rambla Libre, donde es muy leído; su último artículo está batiendo de récords de audiencia, a pesar de las desgracias que anuncia, y que todos sospechamos en este confinamiento absurdo, auténtico estado de excepción. Animo a leer el artículo, que figura al final de éste, para prepararse para la que avecina. Mientras a las ocho nos partimos las manos a aplaudir a esos héroes desprotegidos del personal sanitario y mientras cantamos «Resistiré» del Dúo Dinámico, se está labrando nuestra ruina, nuestra miseria y nuestro hambre. El desastre será mayor que le de la guerra civil, sin cañonazos.
¿Cómo reaccionará la sociedad española tan lanar y pastueña? Se acogerá la renta mínima y a las subvenciones mientras dure -meses- el engaño. Pero después empezará buscar culpables. Los políticos seguro que no se bajan el sueldo. Aquí a los funcionarios, se va a sumar los parados por millones, los pensionistas y los de la renta mínima. Todos dependiendo del Estado. Pero el Estado verá cómo le cae la recaudación, a pesar de que quieran mantener y subir los impuestos. Las clases medias españolas quedarán laminadas, proletarizadas.
Daniel Estulín en plan profeta previsible dice que la gente se echará a la calle, momento en la que será baleada, por orden del Gobierno, por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado las Fuerzas Armadas. Es lógico pensar en desórdenes y saqueos, la turba invadirá los supermercados para poder comer, porque los servicios sociales y Cáritas entrará en quiebra. Anarquía. La gente desesperada adopta decisiones desesperadas. Hay habrá llegado el momento en dar una salida a la desesperación; en ese momento, la República presidencialista, superadora de las autonomías y de la casta parasitaria, dejará de ser un sueño intelectual y pasará a ser una necesidad, una imperiosa necesidad.
Roberto Centeno: El desastre económico: Mayor que el de la Guerra Civil