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El error Cayetana Álvarez de Toledo

Redacción




Enrique de Diego.

No es cúmulo de errores, que también, es el error Cayetana Álvarez de Toledo, un error en sí. Fría y altiva, perteneciente a la cuadra de José María Aznar, en FAES, igual que Pablo Casado. Un PP para el que nada cambia y que sueña con reverdecer los laureles criticando cualquier concesión al nacionalismo, como si no hubiera sido el aznarismo el más condescendiente. Le han hecho la carrera, pues empezó con Ángel Acebes de jefa de gabinete cuando éste era secretario general, ahora imputado. Tiene experiencia en la corrupción, aunque sea como observadora, pues milita en los liberales del PP, con Esperanza Aguirre, Eduardo Zaplana y lo mejorcito de cada casa, Ignacio González y Francisco Granados.

Claro que José María Aznar, que se considera injustamente tratado por los españoles, se cree sus propios argumentos y asevera que, teniendo a casi todos los ministros imputados o en la cárcel, el caso muy notorio de Rodrigo Rato, accionista, por cierto, de Intereconomía, no lo son por su etapa de Gobierno. O ahora cuando es llamado a declarar como testigo a Gürtel que dice que dejó la presidencia del partido en 2004. ¡Cómo si la hubiera dejado alguna vez! ¡Cómo si no repartían sobres en negro en Castilla y León y trajo el modelo a Génova! Pero dejemos al expresidente con sus mentiras que tiene la mochila muy pesada y se le nota en el rostro alucinado.

Volvamos a Cayetana. Hierática, globalista, cosmopolita y pretendidamente patriota; la musa de Federico Jiménez Losantos, el gran destructor de la derecha española. La más firme partidaria de España Suma, aunque no sabe ni qué es España, salvo nociones de sociedad abierta e identificando identidad con totalitarismo, empanada mental con sabor a Karl R. Popper y, más aún, a George Soros. Los aznaristas a base de creerse sus propias mentiras ya no distinguen la realidad, le ponen la plantilla de Aznar, cuando el recogió los restos, de uno en uno, de UCD, con un barniz liberal que le dimos algunos, Lorenzo Bernaldo de Quirós y el que suscribe, para aguantar la travesía del desierto. No recogió la UCD entera. Y entre la UCD y Ciudadanos hay un abismo.

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Fue Aznar, cuando Cayetana estaba en Oxford, el que dividió la derecha con su entreguismo en 1996 a Jordi Pujol. Ahí empezó todo. Cuando fulminó a Alex Vidal-Quadras, o cuando se dejó comprar primero por un puesto en la FAES y luego por una vicepresidencia en el Parlamento Europeo. Eso dejó muchas heridas y muchos huérfanos en combate. De ahí surgió Ciudadanos, para que no volvieran a venderles cuando hubiera que formar Gobierno, y no hubiera mayoría. Y tuvo éxito, si se hubiera quedado en Cataluña. Ahora resta, no sirve, no es útil, chapotea para tratar de sobrevivir, como todo colectivo de políticos profesionales.

No aporta nada en Cataluña donde ya va por los 12 diputados y sumando a los 8 del PP, resulta que se obtiene uno menos que acudiendo separados. Tiene sólo el 35% de fidelidad de voto, y me parece mucho, el 20% dice que no votará, máxime si acude con el PP, y el 40% restante se lo reparten PSC, PP y Vox, porque en este sálvese quien pueda muchos españolistas se acogerán a los de Miquel Iceta, y es comprensible, que pasa de 17 a 27 diputados, según la encuesta de GAD3 para La Vanguardia, y otros entienden que frente al nacionalismo se precisa el discurso de Vox y que a la Cataluña progre sólo se la para si los de Abascal consiguen un resultado histórico.

En Galicia, Alberto Núñez Feijóo se opone, con toda la razón, a que desembarque la chalupa de Ciudadanos, que hace aguas por todos los costados, que no representa nada, que es humo de paja mojada. Según Electomanía, Núñez Feijóo puede perder la mayoría, pero a favor de Vox, que sacaría el diputado de oro y tendría la llave de la gobernabilidad; sacaría 37 diputados y Vox, 1. Ciudadanos no cuenta, sólo hay dimisiones en su seno. ¿Para qué pactar con ellos? Me lo quieres explicar, Cayetana.

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En Vascongadas, más de lo mismo. Después de acusarles a los peperos vascos de tibieza ante el nacionalismo sin venir a cuento, y debilitar a Alfonso Alonso, lo que no se debe hacer nunca con un candidato, se termina, por derribo, contando con él. Se pueden hacer las cosas peor, pero hay que entrenar mucho. Esta Cayetana es una inútil total. Ciudadanos es allí una nulidad, y encima estaban pensando en Rosa Díez, a la que hicieron la vida imposible los de Ciudadanos. Se puede ser más estulta peor hay que entrenar muchísimo, Cayetana.

Total que, volvemos al principio, y sólo queda Cataluña, donde los de Ciudadanos se derrumban y van a quedar reducido a pavesas. Pero Cayetana, atrapada por la ideología, por el sueño equinoccial de Aznar, quiere salvarlos, con lo que conseguirán hundirse todos, lo cual no es poco disfrute, más no parece el objetivo de la torpe Cayetana. Estos del PP, y más si son liberales, no saber vivir de otra cosa que del Presupuesto, y ha fichado una vieja gloria que dio muestras de su clara inutilidad como el peor secretario de Estado de Comunicación y el más marrullero en el 11-M, Alfredo Timmermans, como si los buenos tiempos pudieran volver, los días de vino y rosas, y Pilar García de la Granja.

Esos tiempos no volverán, huelen demasiado a fondos buitre y tienen aromas putrefactos a corrupción, pero el «error Cayetana», que es el error Pablo Casado, al que le sobran argumentarios y le falta un hervor, puede darnos grandes alegrías con sus torpezas: un mal resultado, como es previsible, de la coalición PP-Ciudadanos, Mejor juntitos que en la calle hace mucho frío, cuidado que Fran Hervías se constipa, puede acabar con ese falso regenerador que es Casado. Y todo por el error Cayetana. Al final, todo por el alucinado y amargado José María Aznar.