Yolanda Cabezuelo Arenas.
Todavía no se conoce la opinión del Tribunal Constitucional con respecto a la prisión permanente revisable, pero este jueves el Congreso ha rechazado las dos enmiendas presentadas por el PP y Ciudadanos. En la tribuna de invitados las familias de Diana Quer, Marta del Castillo, Mari Luz Cortés, Candela y Amaia Oubel y Ruth y José Bretón han visto como ignoraban la reivindicación por la que están luchando, y que apoyan con sus firmas casi tres millones de españoles.
Según las encuestas ocho de cada diez españoles está a favor de la prisión permanente revisable, y sin embargo los políticos del PSOE, Podemos, ERC, PdeCat y PNV han decidido obviar el clamor popular considerando que no se puede legislar en caliente, como si se pudiera saber con antelación cuándo va a estar la cosa en frío. Las leyes no solo deben adaptarse al problema, sino también al momento, que para eso se paga a juristas de prestigio.
La cuestión es que muchos profesionales del Derecho se decantan por la aplicación de penas de 20, 30 e incluso 40 años, y por el cumplimiento íntegro de la condenas sin beneficios penitenciarios. “El sistema penal español no se basa en el castigo, sino en la reinserción”, pero cuando ésta no es posible, ¿qué hacemos con el criminal?
En 2013 se supo que Santiago del Valle, que cumple una condena de 22 años por el asesinato de Mari Luz Cortés, utilizaba desde la cárcel una ONG infantil para seguir contactando con menores; ya ven el interés que muestra en reinsertarse; y no solo es que no lo muestre: es que su patología no tiene cura. Cuando cumpla la condena y Santiago del Valle quede libre volverá a atacar a alguna niña; con toda seguridad.
La gran mentira de la reinserción
Es conveniente empezar a llamar a las cosas por su nombre. Lo de la reinserción es políticamente correcto, pero no por ello cierto. La sociedad no olvida que alguien pasó por la cárcel -lo leí hace años en unas actuaciones penales-; tampoco lo olvida quien pasa por la experiencia. Una cosa es la teoría de la ley penitenciaria, y otra muy distinta el resultado real. Habrá excepciones, pero en general puede afirmarse que la estancia en prisión no sirve para reinsertar a nadie.
Hay quien entra por un delito menor de robo, y “te echan en un patio que dices tú: madre mía, ¿pero yo qué he hecho para que me pongan con esta gente?” O te endureces, o estás perdido. En cambio, lo primero que se hace cuando ingresa un perfil como el de Bretón, del Valle, Carcaño o Ana Julia Quezada es evitar que pase por esa situación, y se les pone en aislamiento porque determinados delitos, como el abuso sexual y/o asesinato de menores pueden mover a los reclusos a castigar al delincuente por su mano, y más si se trata de un caso mediático.
Nos encontramos entonces con el hecho de que quien comete los peores delitos recibe un trato de favor, y este hecho causa malestar dentro de la cárcel y fuera de ella. El ciudadano percibe como negativas todas las comodidades que puedan tener las prisiones cuando las disfruta un preso objeto de odio público, aunque algunas de estas comodidades después no se correspondan con la realidad.
Y nos encontramos también con un delincuente que no va a beneficiarse de su paso por prisión para cambiar de vida, aunque tal fuera su deseo, sino que más bien saldrá de la misma resabiado, con un mayor dominio del arte del disimulo y habiendo aprendido mañas que antes no tenía. En algunos casos la pérdida de dignidad y de consideración social causa en el sujeto la peligrosa impresión de no tener nada que perder.
La prisión permanente revisable no se aplica en España sino en casos muy concretos, casos en los que la puesta en libertad supone un riesgo para la sociedad, porque no son individuos con capacidad de reinserción; la pública alarma por la sensación de que las leyes son excesivamente permisivas con el delincuente, y poco protectora cara al ciudadano honrado; y supone además una ofensa moral grave para las familias de las víctimas. Entonces, ¿por qué derogarla?
Juan Carlos Quer ha comunicado en nombre propio y de estas familias que van a continuar la lucha para seguir exigiendo a nuestros políticos que atiendan a la realidad social que les pide que no deroguen la prisión permanente revisable, y convoca una concentración para el próximo domingo 18 de marzo en la Plaza de las Monjas de Huelva, a las 12:00 de la mañana. Es importante acudir, no solo por mostrar apoyo a las familias, sino para recordarles a los políticos que están ahí para adaptarse a los cambios que la sociedad va exigiendo con la legítima necesidad de protegerse.