Fernando Alonso Barahona. Crítico de cine.
«El Flaco era el autor de todos los gags y los guiones. En lo creativo era mucho más lanzado que Hardy, que resultaba mucho menos ambicioso. Stan Laurel era el auténtico cerebro».
Sea como fuere siempre es tiempo , sobre todo cuando hablamos de comedia y diversión en el cine, de recordar a Stan Laurel y Oliver Hardy, los míticos El Gordo y El Flaco.
El flaco, Arthur Stanley Jefferson, que luego llegaría a conocerse en todo el mundo como Stan Laurel, jamás se despegó de su flema británica: nació en 1890, en Ulverston, en el norte de Inglaterra, en el seno de una familia incrustada ya en el teatro. «Su padre era un empresario serio y comprometido, que organizaba funciones para las clases trabajadoras, a quien jamás le hizo gracia el gusto de su hijo por el vodevil y el music hall», afirma su biógrafo Louvish.
El gordo, Norvell Hardy, nacido en Harlem, Georgia, en 1892, en cambio, no quiso volver a saber nada de su pueblo, donde había sido propietario del cine local, ni de su Estado del Sur (Babe, de John McCabe es la biografía que recorre sus avatares vitales).
Fue en 1921 con The lucky dog, una película en la que no se habían constituido aun como la pareja histórica pero donde aparecieron juntos por primera vez .
Stan Laurel y Oliver Hardy siguieron con sus carreras hasta 1926, fecha en que ambos acudieron al estudio del productor Hal Roach, quien les convenció para que trabajaran juntos. La clave de su éxito, fulgurante desde sus primeras comedias, residió en la perfecta explotación de la comicidad de sus físicos y caracteres contrapuestos; así, mientras Stan Laurel (El flaco) encarnaba a un tipo de maneras y movimientos torpes, Oliver Hardy (El gordo)interpretaba a un personaje serio y desesperado ante las andanzas de su amigo.
Tuvieron que pasar seis años más, hasta 1927, para que el director Leo McCarey (el genial autor de obras maestras como Sopa de ganso con los hermanos Marx, Dejad paso al mañana, Las campanas de Santa María o Tú y yo) les uniera de forma definitiva.
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Las comedias de situaciones que ambos hicieron juntos fueron uno de los pilares sobre los que el propio McCarey, Capra y Hawks, entre otros, fundarían después la screwball comedy o comedia brillante.
Laurel y Hardy eran los protagonistas absolutos de sus películas que a veces dibujan de forma muy corrosiva distintos aspectos de la vida familiar y conyugal, siempre desde la perspectiva del humor desde luego. Muchas transcurren en uno o dos decorados, y es frecuente que solo encontremos papeles muy breves para otros actores o actrices.
En Brats (1930) hacen de sus propios hijos y en Twice two ( 1931) de sus esposas . Todo un esfuerzo de mímica e interpretación. Como el que disfrutamos en Pardon us ( 1933 ) o en la famosa The music box (el mediometraje del piano absolutamente mítico y genial).
Y sobrevivieron bien al gran cambio que supuso el cine sonoro y que habría de terminar con las carreras de no pocas estrellas del cine mudo. En el estilo de Laurel y Hardy lo importante era la acción y no la palabra, de hecho en muchas de sus películas de los años treinta el diálogo es mínimo.
Su época gloriosa fueron los años treinta y cuarenta, con películas como La canción de la estepa, Héroes de tachuela, De bote en bote, El abuelo de la criatura, Fra Diavolo, Un par de gitanos, Dos pares de mellizos, Cabezas de chorlito, Laurel y Hardy en el Oeste o Haciendo de las suyas (The music box) la mencionada obra maestra en la que ambos luchan por subir un piano a una casa pasando todo tipo de dificultades.
Posteriormente, el paso a los estudios de la Fox y la Metro se tradujo en no pocas limitaciones en los guiones lo que perjudicó su vigor y originalidad.
Para entonces (finales de los treinta y primeros cuarenta) la comedia que se imponía era la de Howard Hawks (La fiera de mi niña) , Frank Capra (Arsénico por compasión) y su descubridor Leo McCarey (La pícara puritana) en tanto que los hermanos Marx dominaban con sus magistrales Sopa de ganso o Una noche en la Ópera.
Otros títulos destacados de su filmografía son ¡Vaya par de marinos! (1927), Ensalada de gemelas (1929), Ojo por ojo (1929), Fra Diávolo (1933), Dos fusileros sin bala (1935) Locos del aire (1939), Marineros a la fuerza (1940) y Estudiantes en Oxford (1940). En los años cuarenta sus películas fueron decayendo ( aunque la popularidad se mantuvo muy alta gracias a las reposiciones y a las exitosas giras que emprendieron por Europa y América. En 1951 filmaron la última película, una cult movie muy poco conocida llamada Los robinsones atomicos, dirigida por Leo Joannon y John Berry.
El argumento era simple y diferente a sus anteriores trabajos: Laurel hereda un barco y los dos amigos se hacen a la mar, descubriendo una nueva isla, rica en uranio, que los hace poderosos. Pero se desencadena una guerra de poder con los nuevos visitantes de la isla.
La película estaba producida por un consorcio de intereses europeos y con un reparto internacional que hablaba cada uno su propio idioma. Hardy aparece sensiblemente más obeso y Laurel está envejecido y enfermo. Fue un rodaje difícil, recibió muy malas críticas y acabó siendo su despedida del cine.
En la vida real hubieron de capear con sus problemas. Con sus esposas, sobre todo. Stan Laurel se casó ocho veces, aunque sólo con cinco mujeres distintas. Mientras que Hardy atravesó un verdadero infierno en su segundo matrimonio con Myrtel Reeves, con la que casó en 1921 y se separó definitivamente en 1940 tras una unión marcada por las peleas y los problemas con el alcohol padecidos por la esposa.
Hardy, preocupado por su excesivo peso (su corazón ya le dio un susto durante una de sus gira británica) decidió, en 1956 someterse a una dieta estricta y bajó de 159 a 95 kilos. Su transformación física fue notable pero no mejoró el estado de ánimo del actor. En la mañana del 14 de septiembre de 1956 de 1956 sufrió un derrame cerebral masivo que le inmovilizó todo el cuerpo. Después se le detectó un cáncer. Con el cuerpo reducido a 55 kilos Oliver Hardy murió el 7 de agosto de 1957 .
Stan Laurel pasó los últimos años de su vida en su residencia de Santa Mónica, en California, donde recibía a periodistas y admiradores. No volvió a actuar aunque escribía gags para algunos buenos amigos como el actor Dick Van Dyke. «Seguía relacionándose con sus amigos del mundo del teatro, con los que siempre llevó un estilo de vida británico, con afición al golf y a las carreras de caballos, en las que jugaba a ser un pequeño gentleman«, describe el biógrafo Louvish. Pero en 1965 un ataque al corazón acabó con su vida .
El encanto de Laurel y Hardy, sin embargo, permanece inmortal.