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El PP, partido de viejos

Redacción




Mariano Rajoy. /Foto: jorgebustos.com.
Mariano Rajoy. /Foto: jorgebustos.com.

Enrique de Diego

Las ficciones pueden transformar la realidad. Galicia no ha querido experimentos, como muy bien ha sintetizado el delegado de RL en Galicia, Pablo Barrón. La noticia, en realidad, hubiera sido que el PP hubiera perdido la mayoría absoluta. Es su feudo.

El éxito tiene cierto componente exclusivo Feijoo. El PP gallego no está surcado de corrupciones como el valenciano, por ejemplo. También Feijoo ha sabido renovar al partido, empezando por el secretario general.

Y el gallego es desconfiado, sabio y prudente y no gusta de aventuras y la oferta alternativa era un brebaje de siglas. El éxito gallego, previsible, ha escondido el fracaso vasco. El PP ha sabido vender bien su mal resultado vasco como una mejora en expectativas, pero, en realidad, es la quinta fuerza política.

El PP es un partido de viejos. De viejos prematuros como Pablo Casado. Pero, sobre todo, de votantes viejos, incluso muy viejos. El PP funciona entre el electorado de 45 años para arriba y funciona muy bien, de 65 para arriba.

Galicia es una sociedad envejecida –en una España envejecida- y el PP funciona muy bien en las sociedades envejecidas. Cuanto mayor es el envejecimiento de la población, mejor le va al PP. Las tres provincias con mayores problemas demográficos son Lugo, Orense y Zamora, y en las tres arrasa el PP. La situación demográfica menos mala de las cuatro provincias gallegas es Pontevedra y ahí el PP renquea algo.

La media de edad de la población en Orense y Lugo es de 48 años, así que el PP está en su hábitat electoral. En esas dos provincias, mueren dos personas por cada una que nace, lo cual es pavoroso.

Castilla y León que es otra región altamente envejecida, también es feudo del PP. La demografía de León, Palencia, Zamora y las otras provincias es decadente.

Si se hace un corte en los 45 años, el PP casi no existiría, y en los 65, estaría siempre en la oposición. Un hombre, un voto, tenga la edad que tenga y podría decirse que los mayores tienen más experiencia, aunque también son refractarios a los cambios. Podría plantearse que a medida que pase el tiempo, el PP tendría el inconveniente demográfico de una mayor mortandad entre sus votantes, pero, desgraciadamente, tiene la triste ventaja, en tales términos, de que cada año hay el 3% menos de españoles con edades entre los 25 y 35 años. De hecho, en 2010 ya había un 30% menos de jóvenes españoles con edades comprendidas entre los 18 y los 25 años que diez años antes.