
Luis Bru
Al comienzo de la transición, cuando José Ignacio Wert tenía pelo y militaba en el democristiano PDP de Óscar Alzaga, decía y proclamaba que él era “democristiano de cintura para arriba”. Desde luego, Wert lo ha demostrado bastante en su delirante etapa al frente del Ministerio de Educación, donde montó todos los conflictos públicos y privados posibles.
En sociedades menos tolerantes que la española, Wert estaría fuera de la vida pública, pero aquí se paga con una suculenta embajada, a costa del contribuyente; un destierro al estilo Trillo, al que tan calado tiene Yrene Calais.

El triángulo amoroso de José Ignacio Wert con la lacaya Edurne Uriarte, amante de salida, y la número dos del Ministerio, Monserrat Gomendio, de entrada, con la gente llamando a la puerta del despacho con cuidado de no pillar al ministro y a la segunda in fraganti delito y, con ambos, yendo a desfogarse con cargo al Presupuesto, es de un cutre que sólo se puede dar en esta España decadente y degradada de Mariano Rajoy, donde toda degeneración tiene su asiento.
Como bien dice El Plural, el BOE no sabe de poesía ni de pasiones y el 1 de agosto de 2015 publicaba este escueto real decreto rubricado por Felipe VI: “A propuesta del Ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, con el informe favorable del Ministerio de Economía y Competitividad en cumplimiento del artículo 44.5 de la Ley 2/2014, de 25 de marzo, de la Acción y del Servicio Exterior del Estado y previa deliberación del Consejo de Ministros en su reunión del día 31 de julio de 2015, vengo en nombrar Embajador Jefe de la Delegación Permanente de España ante la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) a don José Ignacio Wert Ortega”. Reseña El Plural: Un dedazo fruto de la situación sentimental de un exministro… Tras la frialdad del BOE se escondía una historia de amor y desvergüenza capaz de hacer que Mariano Rajoy perdiera la compostura y esa supuesta sensatez que siempre predica, pero que nunca practica.
Para que fuera a vivir a París
Porque a nadie se le escapó entonces que la elección de Wert para ese cargo en París, forzada por él mismo, fue un dedazo del Gobierno, en la recta final de su mandato, para contentar a su ministro más impopular y peor valorado por la opinión pública española -y eso que dedicó varios años a la demoscopia profesionalmente-. Wert, como ministro de Educación, Cultura y Deporte, logró enfadar a casi todos los sectores relacionados con sus políticas: estudiantes, profesores, actores, deportistas, etc… A pesar de ello Rajoy, en pleno año electoral, se enfrentó a las acusaciones de usar las instituciones públicas para beneficiar a los suyos. Y es que Wert solicitó ese cargo en la capital francesa porque también había ido allí a trabajar su esposa, Monserrat Gomendio, que fuera además uno de sus altos cargos en su ministerio, concretamente secretaria de Estado de Educación.
La obcecación de Wert en irse a vivir con su esposa a París a vivir su idilio tiene un alto coste para las arcas públicas: el exministro cobra unos 10.000 euros mensuales más gastos de representación y vive en un piso de 500 metros cuadrados en la zona más lujosa de París que cuesta unos 11.000 euros cada mes. Y además habría que añadir la indemnización que cobró por dejar su cargo de ministro: 4.600 euros. Las cuentas están claras, en este año mantener el retiro dorado de Wert ha costado a todos los españoles más de 260.000 euros. Y eso sin contar los sueldos del chófer, los asistentes y los dos diplomáticos que también están a su servicio en su destino parisino.
Y ¿por qué se le ha permitido a José Ignacio Wert este culebrón cutre, que es una vergüenza nacional? Porque Mariano Rajoy -el más degenerado- y todo lo que le rodea es cutre, sin estilo y con tufo a cloaca corrupta (hasta el mismo PP está procesado) y porque José Ignacio Wert, un manifiesto y patético incompetente, es amigacho de otro democristiano de cintura para arriba, José Manuel García Margallo, adicto a lo gratis, empezando por la fracasada liposucción, quien a su vez es el amigacho de Rajoy, de los veranos de turismo sexual en Isla Guadalupe y República Dominicana, dedicados al “tiro a la mulata”. Ménage à trois…de tres impresentables.