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Vox, en el punto de mira

Redacción




Enrique de Diego.

El partido Vox, que preside Santiago Abascal, se ha convertido en el enemigo a batir. Situado en el punto de mira de fuerzas muy diversas que parecen converger en extrañas confluencias.

El ataque más directo, con una ambientación claramente mafiosa, ha sido lanzado por el abogado de Carles Puigdemont, Jaume Alonso Cuevillas desde la emisora catalana RC1. En el actual clima de diálogo y compradreo entre el Gobierno de Pedro Sánchez y el separatismo, Alonso Cuevillas le pide al Gobierno, como gesto de buena voluntad, que acabe con Vox. Sin muchos tapujos, pide una guerra sucia contra ese partido; solicita “investigaciones” desde los “mecanismos del Estado”.

Hay muchas posibilidades para poder desactivar desde el convencimiento a la gente de Vox”, porque “es el Gobierno el que domina los mecanismos del Estado y puede hacer muchas cosas”. Es una remake de “El Padrino” con una oferta que no podrán rechazar y poniendo al Centro Nacional de Inteligencia a hacer el juego sucio al separatismo.

Es obvio que el objetivo es desactivar y demoler la acusación popular que ejerce Vox en el sumario por rebelión contra Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y otros altos cargos de la trama golpista del 1 0. La sintonía entre la acusación particular de Vox y el magistrado Pablo Llarena es muy elevada, en cuanto a la visión jurídica de los hechos delictivos. El papel de esa acusación popular es ahora mucho más importante. Tomada la Fiscalía General del Estado por el PSOE con su apuesta por el apaciguamiento, Pablo Llarena quedaría desasistido con el cambio de rumbo de la Fiscalía, ya de por sí bastante timorata. Llarena sólo podría basarse en el apoyo de Vox para no quedar maniatado.

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Josele Sánchez, una bengala megalómana que no distingue la verdad de la mentira

Con una extraña concatenación en el tiempo, Josele Sánchez, un extraño y estrambótico personaje que algunos sitúan en el pasado en los sectores de izquierdas de Falange, y que ha surgido con el fulgor efímero de una bengala, ha arremetido contra Vox acusándole de “cortafuegos” del auténtico patriotismo, denunciando financiación irregular y aseverando que las cuotas se las lleva Iván Espinosa de los Monteros, esposo de Rocío Monasterio. Javier Ortega, de Vox, resume la reacción del partido: “son burdas mentiras y además son querellables”.

Josele Sánchez practica el sensacionalismo garrulo, en el que es imposible distinguir la verdad de la mentira, incluso en su propia vida, pues ha terminado por convertirse él en su propia noticia. Hemos de suponer que ahora se encuentra exiliado en algún país hispanoamericano, pero eso también seguramente es mentira, como los intentos de soborno de los que afirma haber sido objeto y de los que no da ningún dato. Lo que sí hace es continuamente pedir dinero con diferentes motivos. Lo hace con la intensidad del estafador y el desparpajo del sablista.

Quienes lo han tratado consideran que es un “liante”, y en cualquier caso, un fabulador a la búsqueda de notoriedad. No tiene credibilidad ninguna y una tendencia compulsiva a mezclar churras con merinas con una megalomanía enfermiza que le hace pasar directa y habitualmente de lo sublime al más pavoroso ridículo, con un apestante aroma a bufón. Un completo fiasco.