Javier de la Calle.
Los españoles que se anestesian con cañas y tapas en las terrazas andan enfadados porqué los deportistas españoles no están consiguiendo más medallas en los Juegos Olímpicos. Una vez más, la prensa les ha engañado con el humo de los políticos, que llegaron a pronosticar más de treinta medallas.
Los Juegos Satánicos son un acto globalista en el que los deportistas se baten ante rivales que gozan de un dopaje estatal, como Estados Unidos, o de beneficios por cuestiones políticas. Dada la nula influencia de España en el mundo, los deportistas patrios son perjudicados.
Las derrotas están siendo especialmente dolorosas porque los españoles se quedan a las puertas de las medallas. Como competición internacional, cada país queda muy retratado, más allá de lo deportivo. Los deportistas españoles transmiten el espíritu que se ha apoderado de la sociedad: falta de arrojo, y en algunos casos cierto conformismo. Lo que toda la vida se ha llamado amariconarse.
Entre la repetitiva Ana Peleteiro con sus comentarios presuntamente racistas y los equipos españoles repletos de deportistas nacionalizados, algunos seleccionados transmiten mínimo espíritu de defensa de su patria, a diferencia de otras naciones. Entre toda esa escoria, la Selección Femenina de Hockey ha sobresalido, ya que han sido eliminadas. La capitana ha lucido un brazalete con la bandera LGTBI, la cual sí tiene hueco en el deporte, y no los gritos de «Gibraltar es español». Pero no acaba ahí la cosa. El brazalete también presenta el logo de Black Lives Matter, un grupo terrorista woke. BLM es un peligro en Estados Unidos, y sus miembros ha derribado imágenes de los gloriosos exploradores españoles. Las inútiles subvencionadas de hockey no solo no representan dignamente a España, sino que la insultan.