Enrique de Diego.
Para sacar de su indigencia mental a Losantos, le hemos preguntado a la Catedrática de Procesos de Diagnósticos Clínicos, María José Martínez Albarracín, y resulta que sólo se parecen en que contienen átomos de cloro:
Las diferencias son considerables, empezando porque el dióxido de cloro es un gas y la lejía un líquido. Lo único que tienen en común ambos compuestos químicos es la presencia de átomos de cloro en su composición:
Empecemos por las fórmulas químicas: ClO2 (dióxido de cloro) Na Cl O (lejía)
Al ser un gas, el ClO2 se encontraría en forma gaseosa por lo que se puede generar a presión en un recipiente cerrado, por ejemplo, y saturar agua que se encuentre en dicho recipiente, puesto que este gas es soluble en agua. También se puede generar por hidrólisis de sales de cloro.
Este gas es tóxico por inhalación, pero disuelto en agua es un excelente desinfectante, de manera que la NASA, lo declaró en 1988 como antídoto universal (ver patente de Alcide, 28/ mayo /1991), por eliminar eficazmente toda clase de gérmenes patógenos en tejidos inertes y en tejidos vivos, por lo que se estuvo utilizando durante mucho tiempo como conservante/desinfectante de sangre para hemodonación (bancos de sangre para transfusión).
La dilución acuosa de dióxido de cloro presenta un pH neutro (si no fuera así no podría añadirse a la sangre), al contrario que la lejía que es un líquido caústico altamente alcalino, por lo que el ClO2 se puede inocular por vía intravenosa en las concentraciones y dosis adecuadas. De esta manera, su toxicidad es prácticamente nula y cumple importantes funciones en un organismo de mamífero como el humano, puesto que además de su potencial antibiótico selectivo, se comporta como un dador de oxígeno en los tejidos al disociarse en ion cloruro y oxígeno libre.
Eficaz por su potencial antibacteriano y antivírico
El dióxido de cloro es eficaz contra todo tipo de gérmenes patógenos y puede ayudar a combatir eficazmente cualquier infección por su potencial antibacteriano y antivírico. Se comporta como un germicida selectivo, es decir, a diferencia de los antibióticos de amplio espectro (corrientemente utilizados en medicina) que destruyen todo tipo de bacterias sin diferenciar entre las patógenas y las simbióticas y beneficiosa (flora bacteriana), el dióxido de cloro destruye selectivamente a las patógenas ya que es atraído hacia las zonas corporales acidificadas y desoxigenadas, donde frecuentemente se encuentran gérmenes anaerobios, causando su destrucción por oxidación.
Lo mismo ocurre con los virus, ya que se replican principalmente en tejidos en acidosis y carencia de oxígeno.
El dióxido de cloro tiene también potencial antitrombótico debido a su capacidad antiagregante de los eritrocitos y poder oxigenante por la cesión del oxigeno molecular al disgregarse la molécula en los líquidos corporales, con lo que aumenta la saturación de O2. Ambos factores: trombos y baja saturación de O2, muy sintomáticos y característicos del síndrome Covid.
En el síndrome covid se puede administrar de varias maneras dependiendo del cuadro clínico y la persona enferma y siempre a las dosis y diluciones establecidas por los numerosos profesionales de la medicina que lo están utilizando con considerable éxito, como la Dra Patricia Callisperis de Bolivia, país en el que está autorizado su uso para tratamiento de Covid. Estas vías son : oral, intravenosa y rectal, siendo esta última, mediante enemas, de las más rápidas y eficaces en dicho tratamiento.