Guillermo Mas.
- ¿Qué significa Yo no me vacunaré?
Desde hace más de un año, vivimos en la distopía. Lo que escribieron Orwell, Huxley, Dick o Junger es ahora nuestra realidad.
La pregunta, entonces, es ¿qué hacer? Para empezar, decir “yo no me vacunaré” en Twitter fue un acto de rebeldía; escribir el libro Yo no me vacunaré fue un esputo en la cara de quienes atentan contra nuestros derechos; y leer el libro Yo no me vacunaré de Enrique de Diego supone formar parte de algo mayor: un grito de libertad cuando aquello que se nos quiere imponer es el silencio de los sumisos. En palabras del autor: “No vacunarse es un acto revolucionario, es decir basta ya”.
Yo no me vacunaré de Enrique de Diego contiene frases que son para esculpir en mármol: “Nunca como ahora la mentira dominó el mundo”; “Los políticos son unos señores que anuncian el Apocalipsis, y lo crean”. Se trata de un libro sembrado de datos que invitan al escepticismo, en el caso de los más convencidos; e invitarán a la duda razonable, para los más cautos. Y ese es el debate que, precisamente, se ha obviado en la mayor parte de los medios de comunicación (Atresmedia o Mediaset), que comparten propietario con Pfizer (BlackRock) y se permiten el lujo de llamar “negacionistas”, usando la “falacia del muñeco de paja”, a quienes no niegan la existencia del virus pero tampoco aceptan ciegamente toda la versión oficial.
- Héroes y villanos en Yo no me vacunaré
En Yo no me vacunaré hay un villano claro. Podría haber sido uno de los filántropos multimillonarios que hoy en día dominan un mundo cada día más cercano a la plutocracia global, como es el caso del ínclito Soros, el multimillonario Warren Bufett o el filántropo Al Gore; o de grupos tan poderosos como El club Bilderberg o El foro de Davos; y de familias con el poder y la influencia de los Rothschild o de los Rockefeller. Pero el peor enemigo de los intereses de la mayoría no es otro que Bill Gates, quien recientemente acaba de anunciar su separación de la macbethiana —por decirlo finamente— Melinda Gates; juntos son los mayores financiadores de la ONU, que controla a la OMS (cuyo actual director admira a Robert Mugabe), organismo internacional que no ha dudado en hacer la genuflexión ante China.
Lejos de la teoría de la conspiración, ninguno de estos personajes oculta su propósito: reducir la población mundial. Si no me creen, consulten sus webs, consulten sus conferencias o consulten sus libros. Ingeniería social; eugenesia; apocalipsis climático; malthusianismo; todos los nombres esconden el mismo horror del que muchos parecen no ser conscientes. Son los enemigos de la voluntad y de la libertad de los ciudadanos. Maestros de la publicidad, los globalistas han sabido disfrazar la Agenda 2030 (cuyo Ministerio dirigía hasta hace poco, en España, Pablo Iglesias) o “Gran Reseteo” de la mejor de las utopías.
Pero también hay un héroe en Yo no me vacunaré: se trata de la doctora María José Martínez Albarracín, que ha sido la persona más sagaz y más capaz a la hora de hacer preguntas y desmentir falsedades; a pesar del intento por censurarla. Es interesante ver y leer las distintas entrevistas que le han hecho Enrique de Diego, Fernando Paz, José Miguel Gaona, Iker Jiménez o José Javier Esparza. En el plano internacional, la misma valentía ha sido ejercida por Luc Montanier (“…sostiene que el coronavirus es una fabricación humana”) o William Haseltine (“…pide precaución con la vacuna de Pfizer”).
- Dudas razonables contra las vacunas del coronavirus
¿Por qué no hay vacuna contra el VIH? Porque este virus, mucho más letal que el coronavirus, muta constantemente y ninguna vacuna serviría para frenarlo. De manera similar, la vacunación contra el coronavirus no protege contra nuevas cepas como la hindú (decimos “variante hindú” pero no “virus chino” por culpa de lo políticamente correcto). Esto ya ocurrió con el dengue, como explica el doctor Juan Gervás: “La inmunidad del dengue no es para todos los tipos. Ese mismo paciente inmune para un tipo de virus puede padecer posteriormente otro dengue por otro tipo distinto de virus”. Y añade: “La vacuna (del dengue) puede producir gravísimos efectos adversos a quien haya pasado la enfermedad previamente”.
La perspectiva a largo plazo es, como ocurre con la gripe, de una vacunación periódica e incesante. Un gran beneficio para unos pocos que se preocupan más por ganar dinero que por garantizar la salud en países pobres. Pero esto no ha evitado que Albert Bouta, el CEO de Pfizer, venda más del 60% de sus acciones. ¿A qué se debe esto? Lean el libro y quizás encuentren una respuesta entre líneas.
En cuanto a la conveniencia de las vacunas… Lo que Enrique de Diego defiende en su libro es que no es necesario vacunar a la población dada la incidencia del virus. Además de que algunas vacunas basan su fiabilidad en… Notas de prensa, y no en estudios rigurosos: los datos son más lentos que la propaganda. Por no hablar de la rapidez con la que se han generado dichas vacunas cuando normalmente se tarda “entre 5 y 10 años en casos similares” (Ébola), como afirmó Seth Berkley para ABC; nada sospechoso de anti-vacunas.
La gripe de 1918 mató a más de 23 millones de personas en cuatro meses, según Sarah F. Fujimura; y, en apenas dos años, a unos 50 millones con un mundo mucho menos interconectado. Sin embargo, la vacuna para dicha enfermedad no fue descubierta hasta 1940 (y no se distribuyó hasta 1945), a pesar de que “Las compañías farmacéuticas trabajaban día y noche para producir una vacuna, pero el virus desapareció antes de que se pudiera siquiera aislarlo.” (Sarah F. Fujimura, La muerte púrpura (2003). La gran gripe de 1918).
Con datos en la mano, el autor de Yo no me vacunaré demuestra que el año pasado murió más gente de tuberculosis que de Coronavirus y, sin embargo, nadie ha cambiado radicalmente nuestras vidas por culpa de dicha enfermedad. Por no olvidar el caso de la Gripe A, que hizo comprar millones de vacunas que solo sirvieron para enriquecer a las farmacéuticas (y a algunos miembros corruptos de la OMS) a costa de los contribuyentes. Sobre los muertos de gripe, nos aseguran que este año no ha habido gracias a las mascarillas, ¿a nadie se le ha ocurrido pensar en que quizás se hayan confundido con algunos de los muertos por coronavirus del invierno pasado? En palabras del diario La Vanguardia: “Es habitual y peligroso que se puedan confundir los síntomas del coronavirus con una gripe o resfriado”.
Por último, cabe añadir que la UNESCO reconoce como derecho elemental inalienable la no-vacunación de aquellos que rehúsan ser vacunados, incluso a mitad del proceso. Pero parece que a algunos periodistas y a algunos censores vocacionales los derechos humanos les importan un carajo, como demostraron al rechazar de plano la negativa del 70% de los madrileños citados los días 9 y 10 de abril para vacunarse con AstraZeneca. En el primer punto del “Código Nuremberg” (1945) podemos leer lo siguiente:
“El consentimiento voluntario del sujeto humano es absolutamente esencial. Esto quiere decir que la persona envuelta debe tener capacidad legal para dar su consentimiento; debe estar situada en tal forma que le permita ejercer su libertad de escoger, sin la intervención de cualquier otro elemento de fuerza, fraude, engaño, coacción o algún otro factor posterior para obligar a coercer, y debe tener el suficiente conocimiento y comprensión de los elementos de la materia envuelta para permitirle tomar una decisión correcta. Este último elemento requiere que antes de aceptar una decisión afirmativa del sujeto sometible al experimento debe explicársele la naturaleza, duración y propósito del mismo, el método y las formas mediante las cuales se conducirá, todos los inconvenientes y riesgos que pueden presentarse, y los efectos sobre la salud o persona que pueden derivarse posiblemente de su participación en el experimento”.
- Un fenómeno editorial que necesita ser difundido
Otro punto interesante del libro es el seguimiento a los medios de comunicación —¿o era de manipulación?— durante la pandemia. Analizando casos nacionales e internacionales, resulta necesario comprender el control de la ciudadanía a través de la exacerbación sentimental (irracionalismo) y el emotivismo (miedo, culpabilidad, catastrofismo); una campaña mediática cuyo fin ha sido convencer al ciudadano de la necesidad de su sacrificio: la imposición de un encierro domiciliario medieval (el mal llamado “confinamiento”) y la vacunación incluso cuando las condiciones no eran seguras.
Todo ello promovido por unas autoridades que, desde el primer momento demostraron a través de, por ejemplo, el control de fronteras con China (UE) o la celebración de manifestaciones multitudinarias el 8M (Gobierno de España), su absoluta indiferencia por la salud de los ciudadanos. Eso sin contar los cambios de criterio arbitrarios: “No tiene sentido que los ciudadanos sanos usen mascarilla” (Fernando Simón).
Como Trump en la política internacional, Enrique de Diego representa en el periodismo nacional una figura incómoda para las élites. Su libro Yo no me vacunaré es ya un fenómeno editorial en Amazon. Por menos del precio de un café, todos pueden leer y difundir un mensaje necesario. El debate público de las vacunas ha sido inexistente, más cercano a una imposición que a una elección personal bien razonada.
Como dice la cita que un amable lector ha dejado en Amazon: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres” (M. de Cervantes.
- Dos citas como cierre
Para terminar, quisiera mencionar dos citas que he evocado durante la lectura de Yo no me vacunaré:
- “En una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario” (G. Orwell).
- “Una dictadura perfecta tendría la apariencia de una democracia, pero sería básicamente una prisión sin muros en la que los presos ni siquiera soñarían con escapar. Sería, esencialmente, un sistema de esclavitud en el que, gracias al consumo y al entretenimiento, los esclavos amarían la servidumbre” (A. Huxley).
- Enlaces relacionados
Otros enlaces:
https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-41706693
https://www.dsalud.com/reportaje/es-el-objetivo-real-de-la-vacuna-anti-fertilidad-reducir-la-poblacion-mundial/
https://www.infosalus.com/asistencia/noticia-todavia-no-hay-vacuna-contra-vih-20200727082935.html
https://www.actasanitaria.com/el-dengue-y-su-vacuna-una-historia-danina-increible/
https://www.lavanguardia.com/economia/20201112/49412826596/ceo-pfizer-albert-bourla.html
https://www.paho.org/Spanish/DD/PIN/Numero18_article5.htm
https://elpais.com/diario/2010/06/05/sociedad/1275688803_850215.html
https://elpais.com/diario/2010/12/11/sociedad/1292022004_850215.html
https://www.smu.org.uy/publicaciones/libros/laetica/nor-nuremberg.htm
https://www.heraldo.es/noticias/nacional/2020/02/26/fernando-simon-no-tiene-sentido-que-los-ciudadanos-sanos-usen-mascarilla-1360972.html