Circo parlamentario: Vox, el nuevo Podemos


Borja Arias Montero.

Aunque el historiador Severiano Delgado, bibliotecario de la Facultad de Derecho (Universidad de Salamanca haya desmentido en un excelente trabajo histórico la frase “¡Muera la Inteligencia!” fuera dicha por el fundador de la legión durante la Guerra civil , Millán Astray, sirva esta de resumen de horas y horas de partería en el Congreso. 

Con este reduccionismo hago referencia al amplio parloterismo con el que los políticos entretuvieron durante un día y medio  a sus respectivos hooligans, personas que con una fervoroso fanatismo han perdido horas de vida para escuchar lo que los loros del congreso tenían que verter del discurso que han memorizado en casa o que les ha ofrecido sus jefe de partido. Nada nuevo han dicho , pues han soltado , como siempre, un falso discurso ideológico con al que tanta población mienten . El parlanchín domina la habilidad de hablar y no decir nada, y a su vez hacer creer a los tontos que ha dado un discurso ejemplar. 

Al igual que hizo este famoso militar en 1936, al establecer un debate con Unamuno en el que se posiciona en contra del intelectualismo y la inteligencia (aunque el discurso que en verdad se dio lo alteró Portillo, el profesor que escribió este famoso acontecimiento), ahora los políticos han acogido ese concepto del militar y han dado muestra de la poca inteligencia que hay en ellos en la moción de censura contra el felón de Sánchez. 

Para empezar, el popular-miembro del Partido Popular- Egea tiene razón, esta moción es una pérdida de tiempo, y más en estos tiempos, pero según está argumentación todas las sesiones plenarias son absurdas, pues con este sistema en el que priman la disciplina de voto y la sumisión, bastaría con que los representantes de los partidos allí presentes votaron y debatieron entre ellos, pero esta no es la solución a la partitocracia. Lo es la revolución pacífica.

Vox, en la moción, resume todas las polémicas del gobierno comunista, hecho que en un Estado de derecho les hubieran llevado a la cárcel sin dudar, pero que han quedado reducidos a polémicas que la masa ha olvidado. El sistema se encarga de  ello al suprimir la separación de poderes, mantener al pueblo distraído y acusar a la oposición de lo que un sistema corrompido, como lo es el español, ellos también harían independiente del discurso que tengan y la ideología.

El líder de este partido, el salvapatrias a caballo de Abascal, afirma que ellos sí cumplirán su palabra en un nuevo acto de demagogia, pues es de facto que ningún funcionario político ha cumplido lo que propone ni lo hará porque el sistema no le obliga a ello, es más, deja libre vía a los partidos tras las elecciones. ¿En qué país es esto representación directa del ciudadano?

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Además de lo anterior mencionado la moción no tiene cabida en un país, donde, al no haber una verdadera representación y un control entre poderes, y al estar compartido entre el ejecutivo y el legislativo, este acto no tiene otro sentidos más que el de propagar un discurso político. Pues es conocido por todos que el parlamentarismo impuesto en España no legitima nada, solo lo deciden  los políticos, dependientes de su monarca en el partido, y no diputados independientes con libre elección y sin disciplina de voto. Los ciudadanos no elegimos nada.

“Ustedes no querían acabar con la casta, sólo ser parte de ella”, aclama Abascal, esto mientras ellos son un reflejo de Podemos pero con otro disfraz  y careta. Todo gracias al partido, objeto perpetrado desde el 78 de la corrupción moral que impera en los políticos, que a modo de oligarquías dominan la esfera política y controlan al pueblo.

Así, los políticos ofrecen a los españoles diferentes vías de gobierno que, en esta nación, al no tener una verdadera democracia, son simplemente diferentes opciones a la hora de elegir quiénes y cómo se reparten las cuotas de poder que entre ellos se dividen con supuesta legitimidad. Todos engañan con falsas ideologías que dividen y perjudican a la nación española, que por culpa de corruptos morales se ve abocada a que sus habitantes rechazan la idea de ser español y tener soberanía. 

Ahora la clase política, tal y como hizo el personaje al que hacíamos referencia al principio, vuelven a deslegitimar con su habladuría y patriotismo la inteligencia de los españoles que les han votado . Merman estos con su demagogia la democracia que ellos creen que hay en España, e insultan a la propia constitución que con consenso crearon en el 78 porque son tan imbéciles que no conocen su propia mentira establecida.

Afirman también que hay que salvar a España del “proceso de destrucción el país” que está llevando a cabo el gobierno social comunista, al que considera culpable de todos los males, sin saber que España lleva destruidos desde la 78, cuando en la transición se pudieron hacer las cosas bien, y no se hicieron porque traidores a la democracia se repartieron el poder a la vez que traicionaron a quien organizó la oposición, Trevijano.

De este circo político los que salen reforzados ,o deberían, son aquellos que luchan por la Libertad política colectiva, pues  esos mensajes que se lanzan de un bando a otro, achacando que uno es violento, y otro dictatorial no llevan a ninguna parte, es pura habladuría vacía que apela más al sentimiento de los votantes que al cómo se deben hacer buen las cosas, más se repiten como papagayos y no dicen nada.  El parlanchin domina la habilidad de hablar y no decir nada, y a su vez hacer creer a los tontos que ha dado un discurso ejemplar.

Con todo lo dicho, esta pantomima es un verdadero viva a la expresión Muera la inteligencia,  porque han hecho perder horas y dinero en estas 18 horas de pantomima  a millones de ciudadanos que creen con buena fe que su opción política es la correcta en un sistema en el que  no tienen representación y no eligen en verdad a los funcionarios. 

Una verdadera decepción democrática que cientos de miles  de aborregados sostienen al no deslegitimar el sistema porque prefieren ,mantener una apatía política mientras puedan mantener su cabeza ocupada pensando en mundanales gustos: ver programas de cotilleo, asistir fiestas con música repetitiva, ver series progres, o perder horas en redes sociales 

Entre este Circo de los Diputados y el de verdad, con payasos, no hay apenas diferencia, pues ambos usan los juegos de palabras para entretener al espectador. 

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“Cuando las palabras salen de la boca sin haber pasado por el corazón, o por el filtro de algunas de las razones  de hablar, traducen síntomas de. locura  o de un ánimo de llamar sobre sí mismo la atención, impidiendo que otras voces que tengan algo que decir puedan escucharse” -Antonio Garcia Trevijano, Pasiones de servidumbre, 2000.