César Vidal desata la envidia de Jiménez Losantos


César Vidal, en su exitoso programa.

Luis Bru.

César Vidal no ha dudado un solo instante en rechazar la tentadora oferta de seguir 2 años más al frente de La Linterna en la COPE. En sentido estricto, ha quemado sus naves. No considera la COPE como el paraíso porque es cristiano y opta a un Paraíso trascendente. Va ilusionado a Es.Radio, en ese verano de 2009 trepidante en que hay que poner en marcha la emisora.

La COPE ha sido un tránsito, Es.Radio puede ser una gran oportunidad, lo definitivo. Y, de repente, desde el inicio, César Vidal, un evidente puntal del proyecto, la persona que la opinión pública identifica con Federico Jiménez Losantos como un tándem, se encuentra rodeado de hostilidad, en un auténtico mobbing, perpetrado por dos nulidades, Dieter Brandau y Javier Somalo, que casi le lleva al Paraíso pasando por la tumba, como veremos más adelante.

He de reconocer que al iniciar este serial sentía alguna curiosidad por esos dos personajes oscuros de Dieter Brandau y Javier Somalo, pero a medida que me he ido sumergiendo en la historia, que he ido teniendo más datos, que el paisaje se ha tornado más nítido, se me han ido cayendo, por supuesto, en la estimación, pero también en el interés. No tienen entidad propia, son dos meros satélites de Federico Jiménez Losantos, que pertenecen al biotipo tan abrumadoramente abundante del pelota y del periodista de despacho, ese que sin pegar un palo al agua medra mediante el lacayismo y la insidia. Es es biotipo que toda empresa ha de erradicar si quiere sobrevivir. Y Libertad Digital no lo ha hecho.

En cuanto a Federico, a pesar del escaso trato mutuo, siempre me pareció un personaje rastrero, sin la más mínima repulsa a la mentira, desleal y acomplejado, y tan osado como ignorante, sin rubor para utilizar tácticas de demolición personal como si fuera, en la praxis, el último bolchevique. Pero si bien esas certezas se han confirmado, y ¡de qué manera!, han aparecido otras nuevas con el fulgor de la verdad: cobarde, traidor, fabulador, estafador moral, una especie de nuevo fariseo, de modo que todos los vicios que considera reprobables en la conducta de los demás, zahiriéndoles con fatua prepotencia cabalgando en su complejo jupiterino, el siempre los tiene en grado superior. De él se puede decir lo que expresó George Orwell del editor Victor Gollanz: “Resulta aterrador que gente tan ignorante tenga tanta influencia”. Losantos es básicamente un impostor osado.

En César Vidal, en su salida hasta ahora inexplicada, se esconde un drama personal y profesional, el del desencanto por una amistad que nunca existió, el de la frustración por un proyecto que nació muerto y al que llegó con ilusiones renovadas. Parece kafkiano. Es delirante, pero a César Vidal se le hace imposible la vida en su propia casa, de la que es una referencia de solvencia y en cuyo Consejo de Administración se sienta. Y ese mobbing tenaz y artero es ejecutado por dos mindundis, por dos personajes de cuarta, un exafiliado de la UGT de Radio España y un chiquilicuatre liberaloide. César Vidal no está para esas minucias, para esas operaciones tortuosas de dos adictos compulsivos al tabaco conspirando sin causa. Vidal está a otra altura, a otro nivel. Es hombre paciente y sosegado, con un carácter forjado en el estudio y la lectura, en el esfuerzo y el mérito.

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Ese enredo, visto en la distancia, no tiene hechura, carece de estética, es de un cutre vomitivo e insoportable.  Ni tan siquiera se citan sus artículos en los resúmenes de prensa de la cadena, tiene que insistir para que se haga referencia a sus libros, siempre en los primeros puestos en las listas de más vendidos. Hay muchas más anécdotas de ese acoso y derribo mezquino que irán saliendo en este serial que va tomando cuerpo y velocidad.

La cuestión es si actúan por libre o bajo la dirección o con el consentimiento de Federico Jiménez Losantos. La respuesta no es clara, en principio. Dieter Brandau es el ojito derecho de Losantos, que siempre ha tenido cierta querencia a los efebos libertarios, tipo Juan Ramón Rallo, porque le adulan, y la inmensa vanidad de Losantos, que tras su salida de la COPE está herida, precisa cantidades ingentes de adulación como bálsamo para el escozor. Losantos es un ególatra inseguro y cobarde, que necesita que le mantengan todo el día subido al pedestal.

Ellos, Madelman y Papichulo, viven obsesionados con controlar la información, hasta los más nimios detalles, que todo pase y fluya por ellos. Una vez, el encargado de las emisoras locales – un buen hombre que andaba por allá recogido – fue a ver a César Vidal, todo contento, para comunicarle que tenían otra emisora. Cuando a la media hora, llegó el dúo de la pelota de las 12 a darle a Vidal la noticia y les dijo que ya la sabía se agarraron un rebote de mil demonios y le armaron un pitote al otro pobre infeliz que cuando se cruzaba con César agachaba la cabeza atemorizado.

El objetivo del dúo de la pelota de las 12, como son conocidos en la rechifla acobardada de sus súbditos, pues a tal condición les ha rebajado Losantos, está claro: quieren monopolizar el favor de Losantos y para eso es imprescindible romper el tándem. Luis Herrero no les molesta, es un superviviente, un corcho, que a las primeras de cambio, en la primera temporada, está maquinando, se está ofreciendo para volver a La Linterna de la COPE. Losantos le considera “un mierda”, un pastelero. ¡Ah la COPE como una tentación febril e irresistible! Sólo les molesta César Vidal y sobre él hacen caer toda su saña cretina. Vidal –hay que insistir- no está, ni es ducho en conspiraciones de despacho, quizás confía en que Losantos corte esa estupidez corrosiva, pero a Losantos hay que mantenerle en el mínimo de cordura con respiración asistida porque gime por el paraíso perdido de la cadena episcopal. ¡Qué cruz!

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Es recurrente el análisis exculpatorio de que el rey, el autócrata, no es el responsable sino la camarilla, que el monarca, el tirano, sería benévolo y sensato si tuviera buenos consejeros. Patrañas evasivas. Hay siempre responsabilidad in eligendo e in vigilando. Voy más allá de lo que los datos me ofrecen, traspaso umbrales que no me han sido iluminados con nitidez, para expresar, en mi opinión, lo obvio: Federico Jiménez Losantos es el jefe de la estúpida y desgastante conjura contra César Vidal. Hay muchos indicios que si no lo corroboran, hacen gruesa la sospecha. Por de pronto, a César Vidal ni tan siquiera Losantos le permite hacer su propio equipo. De eso se encarga ¡Dieter Brandau, el ojito derecho de Losantos! Y es Dieter, el chico para todo, el que le pone a Vidal su segundo, su subdirector, Mariano. Ese Dieter del que algunos dicen que es el hijo que a Losantos le hubiera gustado tener, aunque Federico tiene dos hijos.

Y hay una historia que a mí me parece definitiva respecto a Losantos como el Bruto de la conjura. Para que la cadena sea interactiva y de paso se generen ingresos de los conocidos como atípicos, cada día Es.Radio plantea una pregunta a los oyentes, que deben responde mandando un SMS, que representa, en su conjunto, una importante aportación de dinero. Se trata de una empresa, Libertad Digital SA, que debe ser rentable. El participativo sistema plantea un problema, tiene una falla inquietante: más del 70% de los SMS es enviado al programa de Es la noche con César, al de Federico Jiménez Losantos llega el 20% y menos del 10% al de Luis Herrero. Al dúo de la pelota a las 12 esas cifras no le gustaban para nada y tenían prohibida darla. Aunque siempre hay un informático amigo para filtrarla con la mejor de las intenciones. Y César Vidal se entera.

En una empresa el instinto de supervivencia es colaborativo; la competencia se hace con o contra los de fuera, si se hace con los de dentro, no puede subsistir. Omnem regnum divisum contra se desolabitur. Todo reino dividido será desolado. Si al programa de César Vidal llega el 70% de los SMS pues hay que felicitarle y potenciar el programa. Todo SMS, al fin y al cabo, hace pared, que es de lo que se trata. Pero en Es.Radio no, en Es.Radio todo se supedita a la megalomanía y a suturar la vanidad herida de Losantos.  ¡No pueden tolerar ese trastoque en el orden natural del ránking! Hete aquí que quien menos puede soportarlo es el propio Federico Jiménez Losantos que es quien decide suprimir las preguntas diarias y las interactivas respuestas por SMS, alegando que no daban dinero. Lo daban y no poco. Pero no podía aceptar, ni Losantos ni sus adictos bufones, que César Vidal fuera el que conseguía más SMS. Losantos es mezquino hasta decir basta.