Enrique de Diego.
Podemos es un partido en demolición. Es una farsa que ya no engaña a nadie. Todas las encuestas, con la escasa credibilidad que me merecen, dan una caída imparable de Podemos, por cuyos círculos ya no pisa nadie a perder el tiempo. Lo que indican las encuestas es el botín electoral podemita será menguante hasta el mínimo y entonces será el llanto y crujir de dientes porque estos vinieron a colocarse e instalarse, que lo explicó muy bien el de las becas black Iñigo Errejón de que había que pillar cacho presupuestario y chupar la sangre del contribuyente como parásitos.
Podemos son los comunistas de siempre con mucho adobo de estupidez irrestricta, en un combinado estomagante. Son cuatro profesoruchos de esa escombrera que es la Facultad de Políticas de la Complutense, donde huele a porro que tira para atrás, con ínfulas de burgueses y marqueses de Galapagar y otros cantantes frustrados de rap y showmans sin gracia.

En este tramo letal, ya como meros satélites de Pedro Sánchez, lo que se expide desde Podemos es la más estricta desmesura. Podemos ha perdido el Oremus. Decir, como ha hecho el inefable Pablo Echenique, que Vox quiere «desproteger a las mujeres para que sea más fácil asesinarlas«, es una mamarrachada indigna incluso de él. O que la fracasada Teresa Rodríguez salga por el mismo registro situando a Vox como «cómplice» de los asesinatos contra las mujeres demuestra que los podemitas han perdido el mínimo de racionalidad.
La proliferación de denuncias falsas en torno al negocio generado por la destructiva ideología de género hace que las mujeres maltratadas no puedan ser protegidas. Es la ideología de género la que es cómplice de los asesinatos de mujeres, de los cuales un alto porcentaje están protagonizados por inmigrantes (por encima del 30% año tras año) que nunca debieron estar en España.
Podemos es una lacra social y va a ser un extraordinario alivio para la sociedad española cuando desaparezca y se quite este lastre de encima.