Histeria de la industria farmacéutica contra la homeopatía porque cura


Elena Campos Sánchez. /Foto: consalud.es.

Enrique de Diego.

Esta semana se ha conocido un nuevo episodio de ataque histérico de la industria farmacéutica contra la homeopatía. Ha corrido a cargo de una descerebrada histriónica llamada Elena Campos Sánchez, presentada como biomédica, o sea bióloga, de la Asociación para Proteger a los Enfermos de Terapias Pseudocientíficas, que, sin embargo, no va contra ese desastre de la alopatía y tampoco se sabe si ha preguntado a los enfermos si quieren ser protegidos, pero esa marisabidilla que comunica como si se acabara de comer un bocadillo de bellotas, en pleno ataque de nervios y sin vocalizar, habla en nombre de todos ellos para ganarse el sueldo.

Lo curioso es que este personaje ignoto, y con opiniones inquisitoriales y deleznables, ha aparecido en varias televisiones y ha sido atendida por varios medios, lo que indica el poder de la nefanda industria farmacéutica, que mueve 550 mil millones de dólares, más dinero que la venta de armas y las telecomunicaciones. En la lista de Fortune de las 500 empresas con más beneficios, las 10 farmacéuticas más importantes suman entre todas ellas tanto como las otras 490. Así que compran políticos, médicos y, por supuesto, medios de comunicación, que estos están de baratillo. Eso explica que la tal Elena Campos haya chupado cámara para lanzar sus astracanadas y exigir la petarda que los Colegios de Médicos tomen medidas. ¡Qué se disuelvan!, esa es la única medida digna.

La gente suele llegar a las otras medicinas o medicinas alternativas cuando son conscientes y víctimas de la medicina asesinada alópata. Hace dos meses, un amigo con un problema de cadera se despidió porque iba a ser operado. Mucha gente tiene una fe ciega en la medicina homicida y no se le puede disuadir. Ha quedado prácticamente inválido. Le dicen que necesita más operaciones. Nunca curan a nadie, siempre se necesitan más operaciones y más medicamentos. Quien empieza a tomar medicamentos pronto necesita un pastillero. Los efectos secundarios son terribles. Si lees cualquier prospecto es para echarse a temblar. Después de salvajadas como la talidomida estos engolados cientificistas deberían mostrar un poco más de humildad y los medios de comunicación un poco más de ética, aunque eso es pedir peras al olmo.

La tal Campos arremetió contra la acupuntura, de la que no tengo experiencia, pero los chinos la usan desde hace miles de años y son muchos, la verdad.

Cada vez más gente recurre a la homeopatía porque cura. Encima, es barata, muy barata. Me trató sólo con homeopatía. No tiene efecto placebo, como dice esta campaña mendaz y sectaria, ridícula e interesada. Lleva razón Carles Francino cuando dice que la homeopatía es algo muy serio. Es la medicina descubierta por Samuel Hahnemann, que se basa en la cura por la similitud, y que concibe el cuerpo como un todo interrelacionado, con su alma, y no una serie de órganos agregados a los que se bombardea con química de alto precio y mucha corrupción.

Al final siempre terminan el cáncer, como si la gente se muriera por tomar homeopatía y no alopatía, cuando la quimioterapia recuerda a los campos de exterminio. No conozco ni un solo caso de curación, por la línea alópata, dicen que los curan y luego viene la metástasis. He oído miles de veces: ‘le dijeron que estaba curado, pero el cáncer se ha reproducido y la muerte ha sido fulminante en un mes’. Todo sea por el negocio farmacéutico. Los médicos alópatas en vez del juramento hipocrático hacen el de hipócratas mercantilistas. Las clínicas privadas actuales parecen remedos de Corporación Dermoestética.

A la postre, que la ignorante Elena Campos trabaje en algo digno, que aprende a hablar antes de salir en televisión, e incluso a argumentar racionalmente y que cada une se cure como quiera. La gente es muy libre de amargarse la vida y suicidarse tomando medicamentos alópatas.