Una ola silenciada de terror sexual recorre Europa: las mujeres occidentales, en peligro


Nochevieja en Colonia. /Foto: elperiodico.com.

Enrique de Diego y José Donís Catalá.

Una ola de terror sexual recorre Europa protagonizada por inmigrantes musulmanes. Esa ola, que está convirtiendo el ser mujer en cuestión de alto riesgo, tiene la extraña connotación de que está siendo silenciada por los medios de comunicación, por las autoridades oficiales, incluida las policías y, en muchas ocasiones, por las mismas víctimas.

A fin de romper ese silencio suicida, Rambla Libre ha publicado y va a ir publicando una serie de informes y reportajes. Hay naciones donde el incremento de las violaciones ha aumentado hasta en el 1.600 por 100. Se han producido crímenes horrendos.

Rebecca Sommer.

El silencio empieza en las mismas operaciones de salvamento. Según el testimonio de Rebecca Sommer, las cooperantes y voluntarias sufren continuas agresiones sexuales que no se denuncian para no hacer daño a la causa. Recientemente, se daba a conocer que las mujeres llegadas en el Aquarius habían sufrido múltiples agresiones sexuales, pero no se ha abierto ninguna investigación.

Imagen de archivo del Aquarius. /Foto: lavanguardia.com.

Como una secta cuyos dogmas se han demostrado falsos, el silencio trata de velar la realidad para mantener la doctrina a pesar de sus estragos. Lo que se está produciendo es una enorme indefensión. En la Nochevieja de 2.016, recién abiertas las puertas a la avalancha de inmigrantes musulmanes, desde los centros de refugiados generosamente abiertos salieron masas a robar y violar. Las agresiones fueron generalizadas en 12 de los 16 länder y en casi todas las ciudades importantes de Alemania. En Colonia, donde adquirió la forma de una orgía medieval de saqueadores, se contabilizaron 1.527 delitos de agresión sexual con 1.218 víctimas; de los 153 agresores identificados, 149 eran inmigrantes musulmanes, de los que 2/3 eran de Marruecos y Argelia (no de Siria como se había argumentado para abrir las fronteras).

En una sociedad civilizada, con una potente prensa y una sólida libertad de información, este hecho, que hubiera hecho de estallar de indignación si se hubiera tratado de cualquier otro tipo de colectivo, aunque es impensable que algo así hubiera podido suceder fuera de los musulmanes, fue silenciado durante tres días. La Policía de Colonia emitió un comunicado en el que informó mendazmente de que la Nochevieja había transcurrido sin incidentes. Durante esos tres fatídicos días, una impresionante autocensura hizo que no se filtrara ni una sola información. Posteriormente, la televisión pública pidió perdón: había silenciado conscientemente los hechos.

Se tardaron doce días en conocer las dimensiones de la violenta orgía.Un millar de hombres”, organizados en grupos y en estado de embriaguez, según la crónica de Carmen Valero, para el elmundo.es(12-1-2016) “rodeaban a las víctimas, bailaban a su alrededor, las aturdían con tocamientos obscenos y les robaban todo lo que llevaban encima, fundamentalmente dinero y móviles”. Según una de las víctimas, “fue horrible. Me tocaron todo el cuerpo, me metieron las manos por debajo de las faldas y hasta me besaron, sin que pudiera hacer nada”.

Ese silencio es habitual. El diario Dagens Nyheter informó de que la Policía ocultó los acosos sexuales que se cometieron contra adolescentes en el festival We Are Sthlm de 2015, a fin de no desvelar que los autores eran jóvenes musulmanes demandantes de asilo, muchos menores llegados a Suecia sin familia. De hecho, la Policía llegó a describir como tranquila la atmósfera de ese Festival de Estocolmo, con gran predicamento entre adolescentes de 12 a 17 años. Sin embargo, el citado diario reprodujo informes policiales ocultados en los que describía a los agresores como “jóvenes refugiados, probablemente de Afganistán”. Las agresiones fueron masivas y hechas en grupo. Los policías básicamente consolaron a las adolescentes y las acompañaron a casa.

La diputada feminista, Barbro Sörman.

Entre los silencios más clamorosos y cómplices está el de las organizaciones feministas, dedicadas a desproteger a las mujeres ante el peligro real. Se ha llegado a completos despropósitos como cuando la diputada sueca Barbro Sörman afirmó en su cuenta oficial de Twitter que “es normal que los refugiados tiendan a querer violar a las mujeres porque es algo cultural en sus países”.

Como explica desde la experiencia la exactivista prorefugiados, de manera generalizada los musulmanes acogidos consideran rameras a las mujeres occidentales. Se dan situaciones en las que las cooperantes acceden a visitar solas a algún ‘refugiado’ al que dan clases. En el mundo islámico una mujer no puede estar sola con un varón. La percepción es que quiere tener sexo y muchas son forzadas con extraordinaria violencia.

Sophia Lösche.

Recientemente, Sophia Lösche, de 28 años de edad, cuyo compromiso con la causa la había llevado a ser cooperante en Lesbos, hizo autostop y subió al camión de un camionero marroquí el 14 de junio de 2.018. Quería llegar a su ciudad natal, Amberg. Pero apareció muerta cerca de una gasolinera en el término municipal de Asparrena, en Álava, mientras su asesino intentaba llegar al Estrecho.

María Landenburger, de 19 años, era voluntaria en un centro de refugiados. Hija de Clemens Ladenburger, adjunto a la dirección general de la Comisión Europea, un burócrata de Bruselas de máximo nivel, que tuvo un destacado protagonismo en la elaboración de la nonnata constitución europea. María fue violada y asesinada, asfixiándola en un río, por un ‘refugiado’ afgano de 17 años.

María Landenburger, violada y asesinada.

El discurso oficial va por un lado y la realidad por otro. El presidente finlandés ofreció su casa para recibir ‘refugiados’, pero por sensatos motivos de seguridad la oferta se quedó en retórica. En su localidad, Kempele, dos jóvenes menores, de 14 años, fueron violadas por un refugiado afgano.

No se trata de un proceso de inmigración, ni tan siquiera ya de una apuesta por el multiculturalismo, sino de una islamización en toda regla. Prácticamente, el 100% de los que han arribado y arriban a Europa son musulmanes. El choque mental para Rebecca Sommer se produjo cuando tuvo que decidir entre su activismo proinmigración y su defensa de los derechos de la mujer, que están amenazados de una brutal regresión. No es lo habitual en el feminismo que ha hecho su elección.

Teresa Sánchez Vales, Licenciada en Derecho, escribió en Tribuna Feminista la masacre de Niza: 84 muertos: “Posiblemente este camino lo transita un machista maltratador hasta convertirse en un terrorista asesino, que sin haber respetado nunca las normas religiosas y los valores del islam, sin haber guardado los preceptos básicos de un hombre religioso o temeroso de dios, bebe en las fuentes yihadistas hasta convertirse en un héroe borracho de muerte y de supuesta grandeza redentora”. No hay una sola verdad en esa reflexión.

El velo y la violación de las infieles

Para poder entender la serie de artículos que está ofreciendo Rambla Libre sobre las graves violaciones de inmigrantes islámicos en Europa, es necesario hacer algo de historia y remontarse al origen de dicha tradición. Sin saber de qué hablamos es casi imposible para una mentalidad moderna y occidental, europea, comprender el problema.

La primera referencia coránica para imponer el velo es personal, del heresiarca, para proteger a su harén de las miradas de sus propios sectarios. Es una de las decenas de normas que Mahoma dijo recibir de Alá en beneficio propio, personal e intransferible:

Cuando les pidáis algo a ellas (las mujeres de Mahoma) hacedlo detrás de un velo: es más puro para vuestros corazones y para los suyos. No podéis ofender al enviado de Dios ni casaros jamás, después de él, con sus esposas. Ello es, para Dios, un gran pecado. (Corán, 33, 53).

Ese primer velo, posiblemente, se refiere a una cortina detrás de la cual encerraba a sus esclavas y esposas. Mirar a una mujer del jefe es pecado (un gran pecado), cosa que no sucede al contrario. Cuando el hijo de Mahoma, Zaid, desposó a la hermosa Zaynab, tuvo la mala suerte de que su padre viera a la joven recién casada. Una mirada fue suficiente, Zaid repudió a Zaynab y Mahoma pudo beneficiársela inmediatamente.

Como la violación sistemática es parte de las enseñanzas de Mahoma, que solo puso restricciones cuando la mujer violada debía venderse posteriormente (lo que bajaba el precio de las vírgenes), Mahoma impuso en estos casos el azl, o pequeño coito, que viene a ser como la puntita nada más. Para las demás reservó la violación por todo lo alto, sin más restricciones que no violar a las musulmanas. Pero puntita o puntazo la cosa es que sus piadosos seguidores no se aclaraban con tanta mujer suelta, y ante el follón, desde Medina Mahoma impuso a todas las musulmanas un velo que las distinguiera de las no creyentes. Infieles violables y musulmanas no violables.

Profeta: di a tus mujeres y a tus hijas y a las mujeres de los creyentes que se ciñan sus velos. Esa es la mejor manera de que sean reconocidas y no sean molestadas (por los propios musulmanes). Dios es indulgente, misericordioso.(Corán, 33, 59).

Por último, mosqueado con las mujeres (es que van provocando), el piadoso Mahoma hace que Alá truene contra ellas: ¡Que cubran su pecho con sus velos! Y eso que todavía no se había generalizado el top less playero.

Di a las creyentes que bajen sus miradas y sean castas, y que no muestren de sus adornos más que lo que se ve. ¡Que cubran su pecho con sus velos! (Corán, 24, 31-32).

Desde entonces las mujeres musulmanas están protegidas. O mejor dicho, los varones musulmanes protegen sus posesiones sexuales, esposas, hijas, concubinas y esclavas.