Foncalent Psiquiátrico, historias de un tugurio: La visión de un colgado



Foncalent Psiquiátrico. /Foto: ABC.es.

Alfredo Monteverde.

Es pasada la hora de apertura de celdas. Como siempre, el funcionario, seguido de varios internos, llega tarde. Ha abierto, primero, el ala este y ahora está en el ala oeste del módulo. La procesión de internos va creciendo. Me sumo a ella. Nos detenemos ante cada una de las destartalas, oxidadas y viejas puertas metálicas. El funcionario abre la trampilla de una de las ventanillas habilitadas con el fin de visionar el interior de las celdas. Con gesto rutinario, como si lo que acaba de ver fuese lo más normal del mundo, llama por radio a control: “Avisa al médico”. El funcionario continúa su labor. Alguien siente curiosidad, abre la trampilla y todos miramos hacia el interior. El cuerpo sin vida del “ruso” se balancea levemente, colgado de uno de los barrotes de la ventana. De forma inapropiada, estos fueron colocados horizontalmente. De haber sido verticales, como es habitual en las cárceles, no se podría haber colgado. Daría la impresión de que alguien pensó, en su día, y no se ha cambiado, favorecer el suicidio de los reclusos o simularlo. El “ruso” había tenido, recientemente, conflictos con los funcionarios, traslados a agudos por una aparente depresión y manifestar pensamientos e intenciones suicidas, autolesiones y agresiones, tanto a otros internos como a trabajadores del centro. Su muerte era muy conveniente.


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