Siria: Tras la victoria de Bashar Al Assad, empieza la reconstrucción



Bashar al Assad. /Foto: globalresearch.ca.

Virginia Montes.

Si por un momento nos imaginamos lo que estaba previsto para Siria, y que la firmeza y solidez de Bashar Al Assad, y la oportuna intervención de la Rusia de Vladimir Putin, han evitado, estaríamos ante un Estado fallido, en una interminable guerra civil, con al menos tres zonas diferenciadas, con varios supuestos gobiernos y, por supuesto, ante un genocidio completo de los cristianos. No es aventurar demasiado, porque tenemos la experiencia de Libia, destruida por la intervención absurda de la OTAN.

Ahora estamos ante la victoria de Bashar Al Assad y la prensa occidental que, siguiendo las consignas del momento, llamó “rebeldes” a patentes terroristas fundamentalistas, ha enmudecido con una sordina impresionante. Vimos las imágenes de las gentes volviendo a Alepo. Más de 600.000 sirios han vueltos a sus hogares a medida que las ciudades iban siendo liberadas por el Ejército regular sirio. Bashar Al Assad es el liberador. Por ejemplo, donde el Ejército sirio mantuvo el control sigue habiendo cristianos, donde los “rebeldes“, apoyados por Estados Unidos, Turquía, Arabia Saudí y Qatar, tomaron el poder, los cristianos han sido expulsados y masacrados. Parece que ese era uno de los terribles objetivos.

En 2.011, la Administración Obama, con Hillary Clinton en la secretaría de Estado, lanzó la primavera árabe que ha sido un gélido invierno de destrucción y pérdida de vidas humanas. El Daesh, la organización criminal más cruel, fue financiada, armada y entrenada por Estados Unidos, Turquía, donde se instalaron los campos de entrenamiento, y Arabia Saudí, en su pugna con Irán y el secular odio a los chíies. La Unión Europea se unió a ese plan destructivo. Se reclutaron terroristas de 86 naciones y se les armó con armamento pesado, tanques y artillería, con frecuencia de procedencia israelí.

Si Bashar Al Assad no hubiera resistido y Vladimir Putin no hubiera intervenido, los planes hubieran triunfado y estaríamos ante una serie inagotable de masacres y genocidios. Libia es el espejo. Ahora Siria está en disposición de iniciar su reconstrucción y ha puesto en marcha generosos planes de reconciliación nacional, que no excluyen a quienes tomaron las armas. El verano pasado, se reanudó la Feria de Damasco con 43 expositores, centrada en los proyectos de reconstrucción, que contemplan infraestructuras, colegios, hospitales, casas…porque casi todo ha sido destruido.

Alepo, una ciudad destruida. /Foto: elperiodico.com.

Una tarea ingente y un gran negocio. Para Steffan de Mitura, enviado de la ONU en Siria, el coste de la reconstrucción no bajará de los 250.000 millones de dólares. Ahmed Abdoul Gheit, secretario general de la Liga Árabe, eleva esa cifra hasta los 900.000 millones de dólares. Una de las tareas es poner en funcionamiento los pozos petrolíferos. Se estima que la producción de petróleo ha descendido en el 98%, de 386.000 barriles diarios a 9.000 barriles.

No hay, por supuesto, planes internacionales de ayuda, ni líneas de crédito, ni movimientos de onegés para aportar ayuda a la reconstrucción. Imad Khamis, primer ministro sirio, ha indicado que se dará prioridad a empresas de “naciones amigas y hermanas que se situaron del lado sirio en su guerra contra el terrorismo“. Bashar Al Assad ha expresado gráficamente que Siria mira al Este.

Ejército sirio victorioso. /Foto: hispan.tv.

En primera línea, de esa amistad y del negocio se encuentra Rusia. Hay en marcha planes para poner en marcha un banco sirio-ruso que facilite las transacciones. Después está Irán. Aquí no serán empresas privadas las que entrarán en el negocio de la reconstrucción, sino que el control será de la Guardia Revolucionaria iraní. China también es considerada una nación amiga y ha organizado la Primera feria de proyectos de reconstrucción para Siria. Jordania y Egipto también quieren participar. Brasil, una nación antes crítica, reabre su embajada.

El trabajo es ingente. Hay que restablecer la red eléctrica, los suministros de agua, las infraestructuras más básicas. Pero es posible. Tras siete años de lucha, Bashar Al Assad puede conquistar un futuro de paz y de convivencia.

 


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