Fontcalent Psiquiátrico, historias de un tugurio



Entrada a Foncalent Psiquiátrico. /Foto: diarioinformacion.com.

Alfredo Monteverde.

Amanece en el “hospital” psiquiátrico penitenciario Foncalent de Alicante. Es invierno. La noche ha sido larga y fría. Ha llovido. Y sigue lloviendo. El agua entra a través de la pared y del resquicio de la ventana, empapando el suelo y el colchón, en la pequeña y decrépita celda. Son pasadas las nueve, hora de apertura de celdas. Un interno aporrea la puerta. Ha pasado toda la noche dando golpes y gritando. La gente llama por los interfonos, de los cuales casi ninguno funciona. No hay respuesta. Al fin, llegan los funcionarios a abrir, con malas formas y desgana. El que quiere pasa a las duchas y el que no, no. Las duchas, destartaladas, básicamente tubos de hierro oxidados, de los que sale agua fría, y a menudo sucia. Y sumideros que no sólo no tragan, devuelven inmundicias.

Bajamos, unos pocos aseados y los otros, mugrientos –a nadie parece importarle-, a la sala de agudos. El panorama se compone de un pilar central, rodeado de una tabla de hierro. Dos marcos, cuyas puertas fueron arrancadas hace tiempo, dejan paso a sendas letrinas embozadas. Orines y excrementos cubren el piso. En las mesas, restos de la cena del día anterior, y del anterior y del anterior. Suciedad y dejadez por doquier. Las ventanas dejan ver la sala de funcionarios. Un interno, el que golpeaba la puerta, ahora lo hace con los cristales. Los funcionarios miran y vuelven a lo suyo. Otro interno se ha cagado encima y pide, con palabras inconexas, que le den un almax y algo para cortar la diarrea y que avisen al médico. Caso omiso. Se trata de un ex policía con severos problemas cardiacos. Insiste. Se encuentra muy mal. Realmente tiene mal aspecto. Está pálido y demacrado.

Suena el timbre. Llega el desayuno y el carrito de la medicación. Uno de los funcionarios saca varios blíster y se introduce en la garita interna, junto a sus compañeros. Cada uno, elige sus pirulas y con un trago de coca-cola, pasan por su gaznate.

El día en el tugurio acaba de empezar.

 


OPINA EN RAMBLA LIBRE