Pablo Llarena, una vez más prudente y acertado



Pablo Llarena. /Foto: diariodeburgos.es.

Ignacio Fernández Candela.

El independentismo que representa el prófugo Puigdemont se ha encontrado un hueso duro de roer después de comprobarse que la Fiscalía es todo cartílago. Porque mientras esta última ejerce un oficio impulsivo y carente de audacia, el juez posee miras jurídicas que demuestran no solo la profesionalidad para saber aplicar la ley, sino también la intuición y el ingenio para lidiar con las trampas constantes que intentan los truhanes huidos.
 
Nada puede favorecer más a Carlos Puigdemont que una orden de detención internacional usada como excusa para culminar la intención de conformar una investidura como presidente, confrontando la tesis de la legitimidad por la que aboga Roger Torrent contra la flagrante de ilegalidad. A cuerno quemado le debe oler al Partido Popular que el presidente del Parlamento siga en sus trece después de amagar y hacer creer que conciliaría posturas. La intención es la misma como la absurda ingenuidad de un Gobierno que a este paso reeditará los resultados caóticos del PP en Cataluña. Hartos de incongruencias, los electores de los populares poseen deseos de escarmentar a Rajoy en las próximas Generales; y en gran parte ese deseo se origina en la nefasta manera de dar continuidad al problema catalán con una tibieza insultante para la integridad de España.  
 
El desencuentro con Ciudadanos facilita que haya una declaración de intenciones en aplicar el 155 con más dureza, una vez que se prescindan de los condicionantes impuestos por el partido de Rivera. Lo paradójico es que Ciudadanos puede favorecerse de la indignación contra el Partido Popular, precisamente por las imposiciones que pusieron a Rajoy contra las cuerdas para mal dirigir la crisis catalana. Un maquiavélico oportunismo con resultados de carambola que presagia una debacle en un partido débil y colapsado por los reiterados incumplimientos del programa electoral. Cataluña es un suma y sigue que ha agotado la paciencia del votante.   
 
Si el victimismo catalanista se constata productivo a estas alturas, es porque se siguen cometiendo los mismos errores de bulto que precipitaron la aberrante declaración de independencia. Si no se imponen cortapisas, el lodazal se extiende y termina ensuciando todo; tal cual fue la oportunidad que Mariano Rajoy brindó electoralmente sin una aplicación firme y efectiva del artículo 155. Así la tomadura de pelo sigue con esa planificación de marrullerías encadenadas en las que el Juez Pablo Llarena no entra al trapo, toda vez que si lo hiciera podría dar ventajas a quienes están acostumbrados a hacer la ley y la trampa durante décadas. Torrent ha propuesto la investidura de Puigdemont como presidente de la Generalidad, en tanto buscan la manera legal de conseguir que mediante protocolo parlamentario se salgan con la suya.
 
La clave para desmontar la farsa separatista está en dar con el momento y el tiempo exactos que puedan desarticular la estrategia escapista del ex presidente de la Generalidad y con ello crear un efecto dominó que deje sin argumentos legales, a quienes aprovechan las lagunas de protocolo jurídico para burlar a la Justicia. Siel objetivo es lograr la configuración de un Parlamento de Cataluña independentista, como relevo de las anteriores problemáticas que pretenden reeditarse oportunamente, es evidente el posicionamiento que se pretende como plataforma para constituir otra amenaza contra la integridad territorial.
 
En anterior artículo que versaba sobre el acierto de que el juez Pablo Llarena suspendiera la orden de detención internacional y mantuviera las de España, escribía: “El juez Pablo Llarena ha asumido un cometido en el que es obligado atar los cabos del proceso sin dejar que escapen los detalles y también una necesaria previsión de acontecimientos, al margen de los intereses y presiones políticos que prevalecen para las próximas elecciones autonómicas”. 
 
Los mismos reflejos ha lucido Llarena, cuando ha hecho caso omiso de la Fiscalía para cursar y reactivar una orden de arresto en Dinamarca. El abogado de Puigdemont estaba declarando la posible detención de su cliente si se ausentaba de Bélgica, pero el juez ha obviado el cebo sabedor de que si reactivaba la orden de detención contra éste, podía delegar su voto el  y ser elegido presidente.
 
Se necesita sentido común y coherencia como está mostrando el juez Pablo Llarena para poner coto a las intenciones de doble filo que pretenden los independentistas huidos. Lo que lleva a preguntarse para quién de verdad trabaja la Fiscalía o en qué criterios se basa para intentar facilitar la vida de Puigdemont aunque sea con una detención.
 

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