Las maravillas del fin del mundo (2): Vienen a suplantarnos



Vicente Vallés.

Enrique de Diego.

Por primera vez, el hombre está en disposición de autodestruirse como especie. El peligro no es sólo atómico, ni sólo biológico, sino directamente robótico. En Antena 3, en el informativo que presenta Vicente Vallés han emitido, esta semana, un reportaje de propaganda a favor de los robots. Han presentado como ejemplo la factoría de SEAT donde conviven robots, que se ponen en marcha programados, y 7.000 humanos. Pero eso es sólo el comienzo. No habrá humanos en el futuro. No serán necesarios. Se hicieron algunos bromas, como dos robots de montaje que se enamoraban o flirteaban; una metáfora antropomórfica. Algunos otros ejemplos jugaban con otra de las imágenes preferidas por la manipulación mediática: la identificación robots con juguetes. Vicente Vallés editorializó como punto final: “No se preocupen, han venido a ayudarnos”.

Una grosera manipulación. Preocúpense, mucho y pronto, porque han venido a suplantarnos. Las previsiones establecen, por ejemplo, que en Estados Unidos, donde los trabajadores tienen más cualificación, el primer impacto de la robótica haría perder el 85% de los empleos. Se suele decir que podrían proseguir los trabajos más creativos, y se pone como ejemplo la composición musical, pero tengo un amigo que está trabajando en inteligencia artificial en ese terreno. Es probable que Vicente Vallés se crea que él puede seguir mintiendo al servicio de sus amos, pero él no es más que un robot con carne que repite las consignas del sistema.

Esta revolución tecnológica no tiene como finalidad ayudar al hombre, no es accidental, sino sustituirlo, es esencial. Decía Karl R. Popper que lo de verdad cambia nuestros mentalidades son los adelantos tecnológicos. La mentalidad que se establece con esta utopía de ingenieros es que el hombre es ineficiente, imperfecto respecto a la máquina. Ese horizonte está lleno de peligros como antes no habían existido en la Humanidad y se ocultan o se camuflan con esas bromas macabras de identificar robot con juguete. El robot es un psicópata, no tiene principios morales, depende de cómo y para qué se le programe. Por ejemplo, no tiene rechazo moral a matar, tampoco tiene instinto de supervivencia, salvo que se les programe en tal sentido.

Este es un mundo en el que una pequeña porción de la Humanidad ha concentrado una riqueza descomunal, como no existía en la época feudal. Entre esas maravillas que se nos prometen hay algunas pesadillas como, por ejemplo, ejércitos privados de las megacorporaciones o de los multimillonarios, dispuestos a obedecer a sus amos.

¿En qué sentido “han venido a ayudarnos”? ¿Y quién le ha escrito esa frase, esa orden, esa mentira a Vicente Vallés para que la repita desarmando a cuantos le escuchen? En toda la robótica hay una inmensa contradicción, que incuba un sentido de exterminio de la especie. En el final del reportaje, ya no hay humanos en la cadena de montaje de SEAT. Y ¿quién comprará los coches? Ya no harán falta conductores, ni taxistas, ni camioneros, ni propiamente usuarios. No habrá consumidores. Los robots trabajarán por los humanos, pero entonces ¿para qué servirán los ineficientes humanos? ¿de dónde obtendrán el dinero para comprar? ¿acaso de un bono del Estado para una supuesta humanidad ociosa. Y ¿por qué y para qué habría que mantener a gente ociosa?

Al lado de este tremendo debate nuclear todos los demás palidecen, son minucias. Y, sin embargo, ¿qué opinan nuestros partidos políticos sobre la robótica? ¿qué posición han adoptado o piensan adoptar los sindicatos? ¿qué debates están en marcha en el seno de las universidades españolas? ¿por qué este silencio atronador? ¿por qué los ciudadanos de esta hora, cuando por todas partes se aventan señales inequívocas del fin del mundo, cuando todas las ideas dominantes tienen como consecuencia última y lógica el exterminio de la especie?

Es evidente que el primer ataque, en todos los frentes, es contra la raza blanca, europea, a la que se pretende extinguir, con una campaña ideológica en todos los ámbitos contra la natalidad, con la exacerbación de delirantes complejos de culpa, con una estéril y ficticia guerra de sexos, con la disolución de sus patrias y sus identidad en el nefando multiculturalismo y en opresivas entidades supranacionales burocratizadas. El fin del mundo previsto y avanzando puede no tener lugar por las oraciones de los santos y por la rebelión de los valientes, pero ¿quiénes, cuándo, cómo, dónde? Porque Vicente Vallés miente y le hacen mentir como un loro: vienen a suplantarnos y son psicópatas. El que pueda entender, que entienda.


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