Ciudadanos, primero: El País apuesta por la sustitución



Miguel Sempere.

Ciudadanos fue, en buena medida, una creación mediática. Las imágenes son poderosas en política y pueden modificar la realidad. El 11 de enero de 2.015, El País publicó un barómetro de Metroscopia con unos resultados ciertamente sorprendentes que rompían la tendencia de todo el resto de encuestas. El titular fue “Podemos consolida su ascenso y Ciudadanos irrumpe con fuerza“. Esa irrupción se situó en el 8%. Ciudadanos siempre había estado por debajo del 3%. Aquel barómetro modificó la realidad, produjo un efecto llamada, de modo que en Ciudadanos, desde el día siguiente, recalaron en tropel algunos nuevos valores y muchos políticos descolocados y gentes con poco oficio a la búsqueda del beneficio del cargo público. Ciudadanos, que era un partido exclusivamente catalán que se había extendido muy poco a través de la absorción de algunos testimoniales partidos independientes, pasó a ser, casi de la noche a la mañana, una formación política nacional, con presencia en todas las autonomías y casi en todas las ciudades de España. Las candidaturas tuvieron que financiarse las campañas de sus bolsillos.

Cuando el 11 de enero de 2.015, El País ofreció el sorprendente barómetro de Metroscopia, Ciudadanos no tenía el 8% de intención de voto, pero fue un mensaje inductivo que caló. No es la primera vez que El País sitúa a Ciudadanos en primer lugar. Lo llegó a poner en algunos compases previos a las elecciones generales.

Por supuesto, no parece necesario recordar que las encuestas en España tienen una mínima credibilidad; que los errores han sido tan abundantes y brutales que fiarse de los sondeos es un acto de completa ingenuidad y que sólo permiten una cierta orientación cuando marcan tendencias. Por ejemplo, ahora se detecta una baja de Unidos Podemos. En Francia o Alemania, las encuestas son diagnósticos bastante certeros y las a pie de urna prácticamente resultan infalibles y sus resultados se dan prácticamente por definitivos, como luego confirma el recuento. En España, los sondeos se utilizan para influir y, habitualmente, reflejan la tendencia del medio que lo paga y la línea que en ese momento tiene. Responden mucho más a los intereses del medio que a la realidad demoscópica.

Pero influyen y, en ocasiones, de manera contundente, como sucedió con el barómetro del 11 de enero de 2.015 en lo relativo a Ciudadanos. Ahora lo que ha hecho El País es elevar la jugada y salirse de la tendencia a que Ciudadanos sube y el PP baja, pero manteniendo éste la primera posición, para apostar por la sustitución. El País, tan primado y favorecido por Soraya Saénz de Santamaría, apuesta por la sustitución del PP por Ciudadanos y respalda a este partido de manera mucho más contundente que al PSOE, con el que las relaciones son frías.

Parece altamente dudoso que, en el momento actual, Ciudadanos sea el primer partido en intención de voto y que se haya producido el sorpasso respecto al PP, pero la imagen puede provocar un proceso inductivo. La oleada de incorporaciones en 2.015 tuvo luego efectos perversos como la salida de un porcentaje importante de cargos electos que pasaron a engrosar los grupos de no adscritos o la gran cuestión pendiente que es la financiación irregular de Ciudadanos, que expolia a las instituciones, en una presunta malversación nacional de fondos públicos. Ahora puede haber una nueva oleada de votantes y de nuevas levas de aspirantes a cargo, puesto que la política es, al fin y al cabo, un mercado que funciona mediante expectativas.

El Gobierno se ha limitado a recordar que los comportamientos en los sondeos dependen del contexto, que en este caso manifiestamente está condicionado por la victoria de Inés Arrimadas en Cataluña, y son diferentes cuando no hay elecciones cerca -los encuestados tienden a seguir la moda del momento y a adoptar una posición de castigo- de cuando la responsabilidad es mayor por la cercanía de las urnas. Pero la inducción del proceso de sustitución lanzada con descaro por El País encuentra el terreno abonado en el desgaste y la inactividad de Mariano Rajoy, que todo lo fía a la venta de sus resultados económicos, y que tiene detrás un partido altamente burocratizado, al que parece complicado reactivar, y que está atenazado por los casos de corrupción. El PP no tiene la fuerza vital para proceder a un relevo, al menos a medio plazo del liderazgo, ni a una renovación generacional de sus cargos. Y ha de tomar nota de que poderes fácticos, como los que se mueven detrás de El País con terminales en el Club de Bilderberg, con el poder financiero del Banco de Santander de Ana Patricia Botín, se muestran con claridad partidarios de la sustitución no sólo de Rajoy por Rivera, sino de Ciudadanos en detrimento del PP, con el beneplácito de Aznar. Conviene insistir en que las imágenes en política pueden modificar la realidad.

 


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