Frente a la infinita frivolidad de Albert Rivera



Albert Rivera e Inés Arrimadas, celebrando el triunfo de su partido. /Foto: elmundo.es.

Enrique de Diego.

Ciudadanos vuelve a estar de moda y Albert Rivera sube como la espuma. Los del partido naranja son llevados a todos los programas y los periodistas se derriten con ellos, más cuanto más lacayo es el comunicador con el PP, como si olfatearan el poder del futuro. Los resultados de Cataluña son encomiados superlativamente. No hay el más mínimo espíritu crítico, ninguna pregunta comprometida, como si los vientos alisios soplaran en la popa de Ciudadanos.

Nunca me han gustado estos histerismos oportunistas, ni el golpeteo en los pectorales de los gorilas para ver quien hace más ruido. Albert Rivera ha actuado con enorme frivolidad en Cataluña, ha jugado a sí mismo y a su partido, y no a España. La noche electoral fue patética con sus seguidores agitando esa extraña bandera que han conformado dentro de un corazón y con los gritos propios de hooligans futbolísticos.

Era obvio, iba de suyo, que los denominados constitucionalistas, en la situación de emergencia, iban a concentrar el voto en la opción con más posibilidades de partido, como era Ciudadanos. Es lo que impone la ley electoral e incluso lo más lógico es que Ciudadanos y PP hubieran ido en una sola lista para no dividir el voto ni perder restos. Y como era obvio, Albert Rivera jugó fuerte y le ha salido la jugada, que es de una infinita frivolidad. Alguien tiene que decirlo.

En La Noche en 24 H, su dirigente Fernando Páramo se ha ufanado de que ellos apoyaron y pidieron “la aplicación del artículo 155 para convocar elecciones”. Esa absurda urgencia en abrir las urnas para ir a la normalidad la impuso Albert Rivera. Puro oportunismo sin nada de oportunidad. Porque eso de la normalidad no se recupera en unos meses. Sin la actuación de un par de jueces, el caos sería aún mucho mayor, y es morrocotudo, vergonzoso.

Por mucho que insista la propaganda oficial, el cambio es cosmético; el conflicto sigue y los factores fundamentales que lo provocan no han sido cambiados. Ciudadanos y Albert Rivera debían haber antepuesto el interés nacional al de partido. Debían haber exigido una aplicación del artículo 155 real, con tiempo para que hubiera un cambio de fondo, que diera la vuelta al sistema adoctrinador educativo y cerrando o controlando TV3, que sigue el monte de la secesión. En vez de ello, se dedicó a meter prisas a un Rajoy desbordado por los acontecimientos. No se afronta un golpe de Estado dejando acudir a las elecciones a los golpistas. Es absurdo.

Se ha improvisado en demasía y Albert Rivera, concretamente, ha actuado con una infinita frivolidad. No es el mejor aval para confiar en él como líder y menos como presidente del Gobierno. Ni Albert Rivera es Macron ni Inés Arrimadas va a gobernar en Cataluña. La victoria es pírrica.

 


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