Roma, Ciudad de Cine



Fernando Alonso Barahona. Crítico de cine.

Pocas ciudades tan cinematográficas como Roma, no porque el encanto de sus calles ( ahí están Londres, Madrid , París o Viena ) no inspiren películas o historias apasionantes, sino porque la capital de Italia, la Roma eterna, es capaz de revivir recuerdos del más variado origen, desde el Imperio romano al romanticismo de la Fontana di Trevi o el fervor religioso de la Basílica de San Pedro y la Capilla Sixtina en el Vaticano, sin olvidar la historia derramada a lo largo de más de veinte siglos de historia fértil y apasionada.

Roma es una maravillosa sucesión de estampas vivas de arte e historia, de ahí su carácter eminentemente cinematográfico, pues sólo el cine es capaz de dotar de vida las postales estáticas de una ciudad que encierra mil y un historias en cada uno de sus rincones .

Vacaciones en Roma, 1953 de William Wyler, con Gregory Peck y Audrey Hepburn, es una deliciosa comedia que ha marcado un arquetipo casi simbólico de la ciudad en el siglo XX: los protagonistas recorriendo las calles, el Coliseo, la Plaza de Victor Manuel en una Vespa de dos asientos. Hoy en día, esta imagen se encuentra en todos los puestos de “souvenirs “ y en todas las tiendas de recuerdos de la ciudad.

Rossellini filmó el drama del final de la Segunda Guerra Mundial en Roma ciudad abierta, 1946 , en tanto que Federico Fellini inmortalizó la Fontana di trevi (la fuente de los deseos) en La dolce vita, 1959, un prodigioso mosaico de imágenes de la ciudad salpicadas por el erotismo a flor de piel de Anita Ekberg (la película recrea además el famoso “strip tease “ de una bailarina en el restaurante Rugantino del barrio del Trastevere).

Fellini volvería su mirada irónica a la ciudad en Roma di Fellini, 1970 una inteligente caricatura de los más variopintos tipos humanos que pululan en un escenario urbano. En cuanto a La Fontana di trevi, aparecería de nuevo esplendorosa en Creemos en el amor (Three coins in the fountain) de Jean Negulesco, una maravillosa comedia de amor, romance y lujo.

Roma asoma en Aventura en Roma, de Melville Shavelson ( 1962 ) con Charlton Heston y Elsa Martinelli ( comedia de aventuras durante la Segunda Guerra Mundial, un título insólito en la filmografía de Heston ) y en el melodrama La primavera romana de la señora Stone, 1965, la última película de un mito como Vivien Leigh.

Y la historia antigua de la ciudad es motivo de inolvidables películas. La Roma imperial es todo un género cinematográfico, recordemos Ben Hur de William Wyler, 1959. La película se rodó en los estudios romanos de Cine Citta, de tal modo que la imagen de Charlton Heston conduciendo una cuadriga es otro de los iconos de la Roma moderna.  Y por supuesto La caída del imperio Romano, 1964 de Anthony Mann (y su inconfesado remake Gladiator de Ridley Scott ) y Quo Vadis? de Mervin le Roy, o El signo de la Cruz, 1932, de Cecil B. de Mille, o Espartaco, 1960, la obra maestra de Stanley Kubrick.

El esplendor de Roma, sus mitos como Julio César o Marco Antonio, los tiranos como Nerón y Calígula , el nacimiento del cristianismo, los mártires de la fe, la conversión de Constantino. Estos personajes reviven en docenas de películas que recrean la vida romana, sus defectos y sus virtudes, su orgullo y crueldad, pero también su talento. En la Roma actual el paseo por el Foro Romano, las ruinas del Coliseo, el Templo de las Vestales, las Catacumbas o el Foro de Trajano nos devuelve el aroma mágico de una época fascinante .

 Y junto a la historia antigua la moderna ( El risorgimento contado por Luchino Visconti en Senso o El Gatopardo), el florecimiento de la ópera (que revive Franco Zeffirelli en La Traviata) y el apogeo del arte . El espectáculo mayúsculo de la Capilla Sixtina nos trae el recuerdo de El tormento y el éxtasis, 1965, la gran película de Carol Reed, con Charlton Heston en el papel del genio Miguel Ángel.

Y, por último, la Roma religiosa, la historia de los Papas, la huella del Mensaje de Cristo en la Plaza de San Pedro y en las múltiples iglesias que pueblan una ciudad donde el arte se ha convertido en historia y en escenario de la vida cotidiana.

Una Roma multiforme y variopinta que invita al regreso (no en vano todos los caminos conducen a Roma). Y entretanto el recuerdo de su imagen atrapada en un puñado de películas emblemáticas que recogen su espíritu mejor que el más hábil de los documentales. Y es que Roma es historia, narración y vida, y no una sucesión de estampas impresas en el tiempo.    

Roma eterna, mágica y permanente.

Bella Navidad en Roma.


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