Cataluña no tiene futuro: Los independentistas han decidido hundirla



Inés Arrimadas. /Foto: abc.es.

Miguel Sempere.

Cataluña no tiene futuro. El debate en la TVE, donde se ofende a España, caso insólito en los anales, lo demuestra. Por de pronto, siete candidatos a la presidencia de la Generalitat. Un completo despropósito. Es precisa una reforma electoral. No hay forma de gobernar ningún territorio con ese pandemonium: o imponen su criterio los radicales, como ha pasado con la CUP en el inmediato pasado, o es una apuesta por la inestabilidad. Formar gobierno va a ser un imposible metafísico.

Cataluña no tiene futuro. No hay posibilidad alguna de diálogo. El independentismo se ha instalado, como era previsible, en el frentismo, en la estrategia de bloques y cada uno de los partidos juega a ser más radical y a establecer la disyuntiva en los términos más simples posibles. Para Carles Riera, de la CUP, hay que intensificar la unilateralidad e ir a la desobediencia. Para Roger Torrent, de Esquerra Republicana, “o el artículo 155 o Cataluña“. Para Jordi Turull, “o Puigdemont o Rajoy“. El separatismo ha perdido el sentido de la realidad y se ha instalado en el conflicto. La clase política separatista está dispuesta a hundir a Cataluña antes de perder sus sueldos.

Dos posibles posturas de diálogo sin mucho recorrido. Miquel Iceta es rechazado de raíz por los separatistas; está en el bloque del 155, aunque quiera posicionarse en el autonomismo. Xavier Domenech queda en una posición inconsistente, en una estricta ambigüedad.

Inés Arrimadas parece llevar el viento en popa y se presenta segura. Su comparativa entre el 0 de dinero dedicado a guarderías y el despilfarro en la consejería de Raül Romeva resultó tumbativa. Se presenta pragmática y preocupada por los problemas reales como el inicio de una etapa nueva dejando atrás el embrollo del procès. Pero no se la ve con capacidad de llegar a acuerdos de gobernabilidad, dado el encono existente.

Xavier García Albiol, bien pertrechado de datos, pero fue demoledor ante su insistencia en preguntar a los taxistas, uno de los perjudicados por el conflicto, como los hoteleros y restauradores, la intervención de Xavier Domenech inquiriendo que piensa hacer el Gobierno con Uber y Cabify. El problema de Albiol es que sus posturas no están respaldadas por el Gobierno, más tibio que su retórica.

Cataluña, con los separatistas haciendo el ridículo en Bruselas como paletos, se ha instalado en las delicias de la anarquía política, mientras autores y detractores del despropósito cobran un sueldo público. Cataluña no tiene futuro.


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