Justicia imparcial de cara al 21 de diciembre



Oriol Junqueras, llegando a la Audiencia Nacional. /Foto: hispan.tv.

Ignacio Fernández Candela.

Un varapalo judicial con que el que no contaban mantendrá a los ex consellers y a los jordis en prisión preventiva. Quizá no supieron explicar correctamente ante el juez del Tribunal Supremo, Pablo Llanera, la diferencia entre acatar el artículo 155 que puso coto a la deriva secesionista y someterse, sin más, a la legalidad constitucional. La reiteración delictiva es evidente, porque en momentos críticos, cuando se ha puesto en peligro la paz social de modo tan riesgoso,  no caben eufemismos que minoren la responsabilidad penal por lo sucedido estos días atrás, históricamente vergonzosos, y que han obligado a tomar medidas para blindar cuarenta años de convivencia socio política frente a unos enemigos declarados.
La juez Carmen Lamela. /Foto: vozpopuli.com.
 
Carmen Lamela ha demostrado que se retiró con profesional dignidad y que traspasó la excelencia de su trabajo, declarado con meridiana claridad el origen y el desarrollo delictivo de una organización conformada para violar el orden constitucional sin ningún respeto por la ley. Hechos los deberes, Llanera ha tomado el testigo de la incondicionalidad y ha seguido los criterios  de prevención dictados previamente desde la Audiencia Nacional.
 
 La independencia judicial debe funcionar cuando recibe críticas de Joan Tardá que achaca las decisiones del tribunal a una supuesta venganza del Estado. Lo cierto es que la única manipulación es la que ellos han efectuado torticeramente, posicionándose por encima del bien y del mal a base de financiar una independencia con el saqueo masivo de los fondos españoles, entregados a una Cataluña tomada por una minoría intolerante. La prisión incondicional de unos y la condicional de otros, según el grado de presunta culpabilidad,  reafirma la eficacia de una Justicia con las manos libres para actuar imparcialmente. Así se juzga a los responsables del desaguisado-que no por inoperante, inviable y ridículo plan haya hecho desistir a los culpables-empecinados en seguir con los métodos que han depositado con ferviente y febril fe en las urnas, dispuestas para el 21 de diciembre.
 
Solo les queda justificar democráticamente, cuando antes lo intentaron con elecciones amañadas, el desatino autonómico que ha degenerado en un tumor institucional que obliga a una extirpación quirúrgica y a un tratamiento profundo para evitar la metástasis ideológica de la falsedad y la manipulación; empezando por los hasta ahora impunes criterios de educación y de gregarismo con los postulados independentistas en los medios de comunicación. El cirujano democrático está preparado a expensas de los resultados por sufragio universal que parece apuntar al triunfo de la normalidad constitucionalista. Con el pan no se juega, ni se agitan las esteladas si peligran los viáticos básicos del sostenimiento personal y familiar. Otra cuestión son los políticos y la inmensa camarilla funcionarial con extensas ramificaciones que han vivido de la sopa boba secesionista. El resto son los engañados que hoy se sienten frustrados después de la espantada del presidente Puigdemont.
Jordi Pujol y Marta Ferruosa. /Foto: lavanguardia.com.
 
Los golpistas no pueden apartarse de la gran mama catalanista con la que se han cebado generaciones, de ahí que sigan clamando por los intereses perdidos después de haberlos intentado ganar por la fuerza. Dependen de una quimera pero muy nutritiva, cuya esperanza de establecerse algún día en república supera las expectativas de unas penalidades carcelarias que siguen creyendo temporales y con fecha de caducidad… papeles de Pujol mediante y por esos fondos acreditados del saqueo perpetrado en Cataluña durante décadas y que suman decenas de miles de millones de euros.
 
Pudiera parecer un artificio de las condiciones electorales que los integrantes de las listas estén en prisión incondicional, pero al margen de ese pensamiento impostado del victimismo está el sentido común de millones de españoles que reciben con alivio la confirmación de que hay un orden jurídico no politizado; una separación de poderes real que al menos hasta el 21 de diciembre se vislumbra firme y convincente.
 

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