¿El Imparcial.es? La imparcialidad, a conveniencia de Anson



Luis María Anson. /Foto: ecoteuve.eleconomista.es.

Ignacio Fernández Candela.

Luis María Anson es un mago de las palabras incumplidas, un prestidigitador que facilita la desaparición del compromiso y maestro de la promesa baldía. La palabra del académico no dice nada salvo desde el prisma ciego de la hipocresía abundante, en este país adulador de sus falsos próceres que ocultan lo que de verdad son tras la máscara de la sociabilidad y el marasmo solemne del disimulo. Si no existe palabra en la que creer menos credibilidad existe en la imparcialidad con la que dice Anson pronunciarse, como si fuera árbitro sin tomar partido. Y en cierta manera es así, porque el partido que ha tomado toda su vida parece ser que ha sido él mismo. El desarrollo de una labor humanista e insigne, para muchos críticos es una excusa que le ha favorecido oportuna y repetidamente.
 
Si ya es parcial en cuestiones éticas que se suponen inamovibles en personas de buena voluntad, la imparcialidad de Anson está hecha de conveniencias, siempre mirando por el beneficio de su inescrupulosa carrera hacia el estrellato eterno.
José María Ruiz Mateos. /Foto: elmundo.es.
Es curioso contemplar con qué benevolencia trata a cada cual según las circunstancias socio políticas que pueden afectarle a él, personal y egocéntricamente. Nunca se compromete porque no es un hombre que actúe a cara descubierta: primero se asegura el bocado y luego se tira a la yugular o primero se asegura el bocado, eso siempre, y luego hace la vista gorda según quién sea el que brinda los viáticos. Rasputín actuaba de igual modo, contentando a todos sin dejar a nadie fuera de la preceptiva traición-como en el caso de Enrique de Diego o mío, o el de Guillermo Luca de Tena, etc.-si se daba el caso circunstancial de que algo pudiera beneficiar la vanidad o una representativa, como deleznable, gula de egolatrías que se aprovecha del trabajo ajeno.
 
Embaucar no es nada fácil y a veces es necesario rodearse de matonismo como  el del lugarteniente que le secunda, a saber con qué intereses compartidos. Para ser alguien así hay que mamar desde los orígenes esos genes depredadores que contribuyen a que cada especie evolucione según la ley de la fuerza por la debilidad de la presa. La familia Anson ha progresado, aunque son muchos los detractores y perjudicados que pueden censurar, con veraz conocimiento de causa,  el modo de hacerlo.
 
Siendo seres racionales no solo la naturaleza acerba debería actuar como instinto para ganarse la vida, considerando conceptos más profundos y menos salvajes que valorar, más allá de nuestra condición animal o astucias deshumanizadas. Puras parcialidades de filántropos engañosos que convierten este mundo en una pesadilla de hipocresía con la maldad disfrazada de cultura y saber. A conveniencia.

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