Carmen Martínez Bordiu se hace un lifting con uno 35 años más joven



Carmen Martínez Bordiú. /Foto: diariovasco.com.

Yolanda Cabezuelo Arenas.

Envecejecemos. Nos pasa a todas las mujeres; a algunas con más fortuna y a otras con menos. Las hay que pueden pasar por bisturí y las hay que tienen que conformarse con el método Tanaka; quienes afrontan mejor las crisis de cada edad redonda, y quienes sufren verdaderas depresiones viendo que la juventud se va para no volver.

Algo así comentó Jesús Mariñas sobre Carmen Martínez-Bordiu cuando su boda con José Campos. El periodista se refería al choque de imagen entre aquella novia y la que en su día se casara con el duque de Cádiz; a la pretensión de lucir como si no hubieran pasado los años. Eran muy evidentes las diferencias de todo tipo entre la pareja, tanto como previsible el final desastroso… Pero así se reacciona a veces cuando surge la necesidad de sentirse como antes: tener al lado un hombre más joven produce ese efecto luminoso que no llega a conseguir el Tanaka.

Y eso que Carmen Martínez-Bordiu no ha tenido nunca en cuenta diferencia de edades: 15 años le llevaba su primer marido, Alfonso de Borbón; 30 el anticuario francés  Jean-Marie Rossi, que fuera su segundo esposo; José Campos, el tercero, era 13 años más joven que ella; Roberto Federici le llevaba 20: y 5 Luis Miguel RodríguezEl Chatarrero“, que a pesar de mote con tan poco lustre consiguió enamorar a la nieta de Francopor primera vez de verdad a los 60 años”.

Lo que nadie puede negarle a la Bordiu es que tiene mentalidad y modo de vida propios; y que afronta con una naturalidad que no tiene nadie pasear a un novio 34 años más joven, dejando bien claro que no se hace ilusiones de futuro lejano; también es verdad que tiene el suficiente carisma para conseguir que se vean normales cosas que en cualquier otra resultarían escandalosas; tal vez porque le importa bien poco lo que diga la gente.

Y bien que hace. De momento abre camino para que otras mujeres rompan convencionalismos sociales con más arrestos; y con el afán de imitación que tenemos en este país dentro de poco todas -las que puedan permitírselo- pasearán un guayabo tipo Tim MacKeague con todo el garbo que conserven. Ya lo hizo en su día Ana Obregón con Darek y Marujita Díaz con Dinio; aunque a Marujita le salió el guayabo rana como Frank Francés, el muchachito aquél que se arrimó a Bárbara Rey para entrar en el mundillo de la exclusiva por la puerta grande; y la Obregón tampoco quedó del polaco lo que se dice contenta.

Quien suscribe no cree en la viabilidad de amores tan descompensados, pero reconoce que casos como el de Obregón y Carmen Martinez-Bordiu producen un efecto lifting natural envidiable; mientras sea una consciente de que va a ser un amor pasajero y no se sufra a lo tonto.

Como ha dejado claro que ése es el planteamiento  sólo queda desearles que sea para bien, y que dure la alegría… siquiera un par de añitos. Quien no se atreva -o no pueda- a seguir la corriente nueva de novios con edad de ser hijos tendrá que resignarse a envejecer a la antigua usanza…

O al Tanaka, que es mucho más aburrido.


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