Aceite de palma: Genocidio alimentario que dispara la obesidad y daña el ADN



Fruto venenoso de la palmera africana. /Foto: greenpeace

Miguel Sempere.

El aceite de palma, que ha invadido todo el sector alimenticio, y también el ganadero, es un auténtico veneno que, por su alta cantidad de grasas saturadas (tiene un mínimo del 50%), dobla el riesgo de dolencias cardiovasculares mortales (ictus, infarto…), provoca cáncer y favorece su metástasis y, tal como infomó la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), durante su proceso de elaboración, en el que se somete a temperaturas de 200ºC, se generan sustancias genotóxicas (dañiñas para el ADN) y carcinogénicas (que producen cáncer)

Aunque se ha afirmado que el 50% del supermercado contiene aceite de palma, ese porcentaje es benigno: entre el 70 y el 80%. La población occidental está siendo sometida a un auténtico genocidio alimentario, sin que los poderes públicos estén tomando medidas más allá de la obligación reciente de reseñar su existencia como ingrediente, porque hasta 2014 se ocultaba tras el genérico de “aceite vegetal”.

Todos los chocolates, con el terrible caso de Nocilla y Nutela compuestas en el 20% de aceite de palma, con lo que los niños están siendo envenenados, sin saberlo, obturando sus arterias con grasas saturadas que el cuerpo humano no es capaz de eliminar. Una de las consecuencias es que se ha disparado la obesidad mórbida en niños y adolescentes. Todos los productos de aseo personal, como los de la megacorporación Uniliver, contienen aceite de palma que entra por la piel. Los animales de granja están siendo alimentados directamente con aceite de palma o con piensos que contienen aceite de palma precisamente para su engorde.

Dados sus tremendos efectos dañinos, el Gobierno debería prohibir el aceite de palma y debería afrontar reclamaciones de las asociaciones de consumidores. Las pizzas Casa Tarradellas, por ejemplo, contienen altas dosis de aceite de palma. El Gobierno no se atreve a tomar medidas por los intereses económicos que se mueven: sólo en Indonesia ha sido deforestada una superficie de selva superior a dos alemanias para ser plantada con palmera africana, la que produce el nocivo aceite de palma. Los medios de comunicación callan pues reciben publicidad de las marcas que más dañinas son, como es el caso de las galletas Oreo o de los huevos Kinder.

Este veneno que ha invadido toda la cadena alimentaria no sólo afecta a las generaciones actuales, sino que daña a los que todavía no han nacido, que pueden nacer con malformaciones y con un ADN dañado.

La industria alimentaria se ha convertido en una forma alternativa al crimen organizado.


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